Cuento: El nudo en la sábana

En la vida no siempre tenemos, de niños, todos la misma fortuna a la hora de pasar tiempo con nuestros padres, o de verlos a diario. Incluso viviendo en la misma casa, los horarios laborales pueden ser tan poco amigables con el hecho de tener una familia, unos hijos, que acabamos viéndonos solo los fines de semana.

Recuerdo, de pequeña, ver a mi padre todos los días. Pero también había días en los que salía de madrugada, cuando yo aún estaba durmiendo, y no era hasta la hora de la cena, cuando por fin lo veía ese día.

¿Cómo hacer para demostrar amor, para estar presentes, en la vida de nuestros hijos, cuando nuestro trabajo está muy lejos de una sana conciliación familiar? Quizás pensamos que nuestros hijos SABEN que le queremos, por que sino, ¿para qué estaríamos haciendo tantos sacrificios? O vayamos un poco más allá. Quizás tu pareja, tu hermana, tu padre, crees que DEBERÍAN SABER cuánto les quieres… ¿verdad? Permíteme compartir el cuento que hemos leído en Optimistas en acción, en el programa número 11 del 7mo año, o como en las series, >La Séptima Temporada< que suena mejor!! 🙂

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Cuento: El nudo en la sábana

 

“En una reunión de padres de cierta escuela, la Directora resaltaba el apoyo que los niños necesitaban de sus padres, pidiéndoles que se hicieran presentes el máximo de tiempo posible.

Uno de los padres se levantó y explicó, en forma humilde, que él no tenía tiempo de hablar con su hijo durante la semana. Cuando salía a trabajar era muy temprano y su hijo todavía estaba durmiendo.

Cuando regresaba era muy tarde y el niño también dormía.

Explicó, que tenía que trabajar de esa forma para proveer el sustento de la familia. El no tener tiempo para su hijo lo angustiaba mucho e intentaba redimirse yendo a besarlo todas las noches cuando llegaba a su casa y, para que su hijo supiera de su presencia, él hacía un nudo en la punta de la sábana.

Eso sucedía absolutamente todas las noches.

Cuando el hijo despertaba y veía el nudo, sabía, que su papá había estado allí y lo había besado. El nudo era el medio de comunicación entre ellos.

(desconozco el autor)

Aunque este relato hable de ese “estar presente” de un padre, en sus hijos, cuando por tener horarios muy complicados o por viajar, no se pueden ver, también nos sirve para preguntarnos sobre otras relaciones.

¿Estamos seguros que los demás sienten nuestra presencia en el día a día? No hace falta grandes detalles para demostrar amor. No hace falta que el 14 de febrero hagamos un gran gasto o sea un gran evento, (aunque no hay problema tampoco en celebrar un día de manera más especial, por supuesto!!!) Un mensaje , un estoy pensando en ti, un ¡Qué tengas un buen día!, un corazón pintado en el vapor que ha quedado en espejo tras la ducha…. hay maneras sencillas y contundentes de demostrar que para nosotros, esa persona es importante.

Porque a veces, podemos equivocarnos al creer que “debería” saber que le quieres, por todo lo que haces. Recuerda que lo importante no es que tú lo sepas, sino que la otra persona LO SIENTA.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

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Cuento: El papel arrugado

El el programa de Radio Lucena, Optimistas en Acción, llevamos desde la temporada pasada compartiendo un cuento con los oyentes y por aquí, contigo, para reflexionar sobre algún aspecto importante. Por lo general, elijo compartir cuentos sobre emociones para adultos, que son principalmente nuestros oyentes a esa hora en la radio.
En el programa del lunes pasado, hablamos de la gestión emocional, de la paciencia, en contraposición a esos momentos en los que estallamos en ira. Ésta, la rabia, es una de las emociones que más de cabeza nos traen, porque lastimamos sin darnos cuenta, sin  control y luego, cuando nos enfriamos, muchas veces nos arrepentimos de lo que hemos dicho o llegado a hacer. En esto se enfocaba también el relato del anterior programa, que puedes leer aquí. CUENTO: LA BARCA VACIA
En el cuento anterior, nos centrábamos en comprender de donde viene la ira. En el relato de esta semana, en el efecto que produce.

Cuento: El Papel Arrugado

Viki Morandeira Radio
Optimistas en Acción Séptima Temporada.

Luego, casi siempre se llenaba de vergüenza y arrepentimiento por lo que había dicho o hecho. Batallando para disculparse a quien había ofendido.

Un día su maestro, que lo vio dando justificaciones después de una explosión de ira a uno de sus compañeros de clase, lo llevó al salón, le entregó una hoja de papel lisa y le dijo:

—¡Arrúgalo! -recordaba el predicador, que no sin cierta sorpresa, obedeció e hizo con el papel una bolita. —Ahora —volvió a decirle el maestro— déjalo como estaba antes.

Por supuesto que no pudo dejarlo como estaba. Por más que trataba, el papel siempre permanecía lleno de pliegues y de arrugas.

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Entonces el maestro remató diciendo:

—El corazón de las personas es como ese papel. La huella que dejas con tu ofensa será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues.

Así aprendió a ser más comprensivo y más paciente, recordando, cuando está a punto de estallar, el ejemplo del papel arrugado.

Muchas veces hablamos de aprender a controlar la ira. Y en realidad, podemos ir un paso más allá. NO solo podemos cambiar esos momentos en los que explotamos, por momentos de aparente calma, en los que quizás estamos haciendo un gran esfuerzo por no estallar. Lo verdaderamente maduro es aprender a no tener que enojarnos. ¿Se puede transformar el enojo que destruye, que arruga papeles, en un enojo que resuelve?

Si, es posible, porque otra de las maravillosas cualidades de la inteligencia emocional es que puede adquirirse , que puede aumentar, con el aprendizaje y la práctica. 

Taller Inteligencia Emocional para la Acción. LA IRA.     

 El daño hecho muchas veces no puede recuperarse, no puede volverse atrás, deja una marca…. por eso, trabajemos en no producir ese daño, en aprender a resolver sin destruir,  en mejorar nuestra inteligencia emocional.
Viki Morandeira
Coach Ontológico

 

La Ira. Cuento: La barca vacía

como controlar la ira La ira es una de las emociones que puede tener una expresión más visible, explosiva en algunos casos. Cómo controlar la ira es lo que nos plantearemos  en el post de hoy, con la ayuda de un cuento Zen, titulado, La barca vacía.

¿De donde viene la ira?

Nadie nace con ira. ¿Te has puesto a pensar en esto? Si lloramos, de bebes, lo hacemos por hambre, frío, miedo, pero no es por rabia hacia  los demás.

Poco a poco, nuestro ego, cuando quiere conseguir algo y no lo logra, puede ir experimentando frustración, rabia. Y también cuando esperamos algo de alguien y eso sucede al contrario como lo esperábamos…

A veces, sin darnos cuenta, vamos llenándonos de ira,de rabia, de indignación, y es como poner una pava al fuego. Cada nueva situación, similar a la ocasión previa en la que experimentamos rabia, se va acumulando, como el calor dentro de la pava, hasta que el agua hierve y se convierte en vapor que busca salir haciendo ruido, silbando con fuerza.  No en vano en los dibujos animados, cuando querían que viéramos el enojo de alguno de los personajes, les salía humo por las orejas…. ¿recuerdas?

La primera vez que le pedimos a nuestros hijos que se  vistan, puede que lo hagamos con tranquilidad. Si se va acercando la hora de salir, y aún no están listos, nos vamos sintiendo más y más tensos. Estamos sobre el fuego… “calentándonos”. Hasta que puede llegar un momento en el que en lugar de seguir hablando con dulzura, estamos “hirviendo” y nuestras palabras salen a borbotones, de forma explosiva…

Cuando somos incapaces de frenar continuos ataques de ira bien sea con nuestros hijos, con nuestra pareja, con familiares, es necesario asumir que somos nosotros los responsables de mejorar esta situación. Se puede.

¿Sabes cómo controlar la ira? Permíteme compartir contigo este cuento

La barca vacía

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Un maestro zen, en una charla con sus aprendices, relató lo siguiente:
“Un hombre tenía una pequeña barca, y solía ir al lago solo. Se quedaba allí durante horas y horas. 
Una tarde muy hermosa, mientras estaba meditando, con los ojos abiertos, notó que otra barca se dirigía hacia su posición. A medida que se acercaba aquella barca, el  hombre comenzó a sentirse incómodo.

¿Qué hacía navegando en su dirección, perturbándole en su remanso de paz? Conforme la barca más se acercaba, nuestro hombre más y más se ofuscaba. Pronto comenzó a levantar los brazos, gritar y hacer señas enfadado, para que el propietario de esa barca corrigiera el rumbo y se marchara hacia otro lugar.

¡Que falta de consideración, con tanto lago, con tanto espacio, tener que venir aquí, donde yo estoy, para molestarme! Su ira seguía en aumento, hasta que la embarcación, flotando, llegó hasta su posición golpeando su barca. En ese momento, al borde de la mayor de las iras, solo pensaba en poder ver a ese hombre, para decirle algo… cuando se dio cuenta que la barca estaba vacía.   No había forma de continuar. ¿A quién iba a gritarle descargando su rabia si aquel bote estaba vacío?

¿Qué posibilidad quedaba de proyectar su ira hacia  un bote donde no había nadie a bordo, que flotaba corriente abajo, sin rumbo?  

No era  la barca la que le había traído la ira a nuestro hombre. Su rabia era real, pero al comprobar que no había nadie en aquella barca, también pudo comprobar que él, y solo él, había sido quien había dado origen a esa ira, alimentándola más y más con sus pensamientos, a medida que la barca se deslizaba hacia él, hasta darle.

Si en la barca hubiera habido un hombre, esa ira, originada en su interior, alimentada por él, habría sido “escupida” con fuerza y agresividad. En cambio, al no haber nadie en la barca, nuestro hombre pudo aprender que los demás, no son los que nos traen la ira, son como barcas vacías. Y también hizo otro valioso aprendizaje. Cuando, por el contrario, si otra persona fuese quien llegase a él cargada de ira, simplemente, podía no tomarlo como algo personal, porque a fin de cuentas, la ira no la provocan los otros, la alimentamos nosotros. Además, como el no podía hacer daño, a una barca vacía, también aprendió a evitar que el enfado de otros le hiciera daño alguno, sintiéndose el mismo, una barca vacía a la deriva.

Cuentos para trabajar la rabia

En el taller de Inteligencia Emocional, uno de los 10 temas que trabajamos, es la rabia. Podemos pensar que es fácil, con ejercicios controlar la ira, pero es más bien un trabajo de comprensión. Un proceso de autoconocimiento, para llegar a las raíces de estas emociones, porque de nada sirve “controlar” la ira, si en algún momento perdemos el control y explota peor que antes. Nuestro trabajo en este taller es adquirir la inteligencia emocional suficiente para no tener nada que controlar, sino, simplemente, comprender que incluso es normal en determinado momento experimentar rabia, enojo, ira, y que a pesar de esas emociones, podemos hacer una expresión adecuada de esa emoción, sin perder el control de nuestras acciones.

Ser emocionalmente inteligente NO es controlar nuestra ira, sino, incluso si llegamos a sentir rabia, ser nosotros quienes decidimos y elegimos cómo expresar esa emoción, sin hacer nada de lo que después podamos arrepentirnos o sentirnos avergonzados.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Cuento: Las cuatro estaciones

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Hay momentos en los que la vida parece torcerse… momentos en los que vemos a una persona y nos parece mentir que se esté comportando como se está comportando. Momentos en los que no entendemos porqué las cosas suceden como están sucediendo….  Y a veces, juzgamos por lo que vemos en “ese momento”.

Uno de los cuentos sobre emociones para adultos que he compartido en mi blog, en cierta forma relacionado con este tema, con “juzgar” las situaciones, es el cuento de El caballo perdido del anciano sabio.  Te invito a leerlo, luego de leer este otro cuento con moraleja…

CUENTO LAS CUATRO ESTACIONES

Había un hombre que tenía cuatro hijos. Quería que  aprendieran a no juzgar las cosas superficialmente; entonces envió a cada uno por turnos a ver un manzano que estaba a una gran distancia.

El primer hijo fue en el Invierno, el segundo en Primavera, el tercero en Verano y el hijo más joven en el Otoño. Cuando todos ellos  regresaron, les llamó y juntos les pidió que describieran lo que habían visto.

El primer hijo mencionó que el árbol tenía las ramas desnudas, que estaba doblado y retorcido.

El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.

El tercer hijo no estuvo de acuerdo,  dijo que estaba lleno de flores y colorido, que tenía un aroma muy dulce y se veía muy hermoso.DSC05262_opt

El último de los hijos también discrepó, dijo que estaba lleno de frutos y hojas,  repleto de vida y satisfacción.

Entonces el hombre les explicó a sus hijos que todos tenían  razón, pero que cada uno había visto solo una de las estaciones de la vida del árbol.

Les argumentó que no debían de juzgar a un árbol, o a una persona, por solo ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son,  su experiencia vital,  solo puede ser  medida al final, cuando todas las estaciones han pasado.

Si  te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano y la satisfacción del otoño. No dejes que el dolor de una estación destruya la dicha del resto.
No juzgues la vida por solo una estación difícil. Persevera a través de las dificultades y malas rachas… mejores tiempos seguramente vienen por delante.

Viki Morandeira 

Coach Ontológico

Cuento: La prisión del odio

¿Quién sufre cuando años después de una situación dolorosa, injusta, aún conserva odio y rencor en su corazón?

La vida no siempre nos trata bien, no siempre es justa y puede tocarnos vivir situaciones de injusticia terribles. ¿Es justo el maltrato que sufrimos a manos de nuestra pareja o de nuestro padre o madre? ¿Es justo que una persona sufra y sea maltratada por otra? El maltrato en ningún momento puede considerarse justo, ni merecido, ni nada por el estilo!!! ¿Es justo que por una negligencia médica perdamos a un ser querido? ¿Es justo que por un conductor ebrio otra persona, solo por coincidir en tiempo y lugar, sufra las consecuencias de las malas decisiones de otra? La vida puede enfrentarnos a situaciones de injusticia, dolorosas, que pueden resultar difíciles de aceptar.

Aceptar el pasado y poder perdonar, incluso aunque nadie nos haya pedido perdón, no significa que lo que no has sucedido no fue importante, no significa que no fue algo grave o terrible… Perdonar nos hace un bien a nosotros. Comparto contigo este cuento, y luego, continuamos reflexionando sobre como aprender a perdonar. 

Cuento: La prisión del odio

Dos hombres habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, volvieron a verse años después. Uno de ellos preguntó al otro:

– “¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?”

– “No, gracias a Dios ya lo olvidé todo”, contestó. “¿Y tú?”

– “Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas”, respondió el otro.

Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:

– “Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso”

Aferrarte a la ira es como agarrar un carbón ardiendo para tirárselo a otra persona_opt

 

A veces, nos decimos a nosotros mismos. Debo perdonar. Debo perdonar….

¿Es verdad que “debas” perdonar?  ¿Es realmente un deber, una obligación?  NO, nadie está obligado a perdonar a nadie. No es una obligación. Si de pequeños, peleábamos con alguien , con nuestra prima o un hermano y nuestros padres nos decían, tienen que perdonarse… ¿Realmente nos perdonábamos? Quizá decíamos, Bueno, te perdono, pero solo para que nuestros padres o abuelos no siguieran con el sermón!!!

Perdonamos cuando decidimos dejar de cargar el dolor, cuando decidimos que queremos estar en paz, cuando decidimos que ya hemos sufrido suficiente.

Perdonar es una decisión personal, no es un deber, ni significa que no te dolió lo que sucedió, ni tampoco hay relación directa entre la gravedad de la ofensa y el tiempo que “debamos” permanecer sin perdonar, para que se den cuenta de lo grave de su acto.

Nuestra mente, SE RESISTE. Porque tiene un concepto equivocado del perdón. Podemos creer que al perdonar, lo que transmitimos a la otra persona, a los demás, es que no fue tan grave. Creemos incluso que algunas ofensas, algunos hechos,  “no deberían perdonarse”. Y así, desde este creencia limitante, estamos limitando nuestra capacidad de volver a ser felices. Nos negamos a nosotros mismos la felicidad, la paz.

Perdonar es un proceso complejo, y muchas veces requiere ayuda específica para poder llevar a cabo ese proceso. Entenderlo y así poder transitarlo, paso a paso hasta recuperar la libertad para nuestra mente, para nuestro corazón.

Perdonar es una elección que hacemos en nuestro corazón, y a veces, antes de poder perdonar, necesitamos ACEPTAR que hemos vivido esa situación.

El día que yo pude decir, para mi, pero en voz alta, Esto fue lo que me sucedió, y lo acepté, como parte del pasado, como algo que había sucedido, como algo que le sucedía a millones de personas en el mundo y no algo excepcional que solo me había ocurrido a mi, ese día me sentí libre.

Dice una frase: Aquello que te resistes, persiste. Lo que aceptas, se diluye. 

Podemos permanecer, como uno de los personajes del cuento, siendo prisioneros de los sucesos de nuestro pasado…  Podemos tomar con nuestra mano un carbón ardiente cada vez que volvemos a recordar ese pasado que no hemos aún perdonado. Pero también podemos tomar una decisión de AMOR hacia nosotras, hacia nosotros y comenzar un proceso de perdón. Nuestra decisión comienza en un instante, cuando podemos decirnos Elijo estar en paz. Elijo perdonar.

Y comienza así el trabajo de sanación, inicia el proceso del perdón, la aceptación, la comprensión de lo vivido. Puedes hacerlo, por ti. Y puedes pedir ayuda. Perdonar es liberarte de esa cárcel en el que aún estás.

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Viki Morandeira 

Coach Ontológico

Taller Sanación Emocional. Como perdonar y olvidar. 

Cuento: Los dos halcones del rey

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¿Puedes o no puedes? A menudo, cuando hablamos sobre nosotros mismos, nos mostramos como personas incapaces para realizar determinadas tareas.

  • Yo no sé cocinar.
  • A mi las plantas no se me dan bien, siempre se me mueren
  • Yo no soy bueno para el deporte.
  • A mi hablar en público se me da muy mal, no puedo hacerlo.

¿Cuáles son tus “no puedo”, “no sirvo”, “no valgo”, “no sé”?

Piensa un poco… Mientras lo piensas, me gustaría compartir contigo este antiguo cuento que se llama:

Los dos halcones del rey

Un rey recibió como obsequio dos pichones de halcón y los entregó al maestro de cetrería para que los entrenara.

Pasados unos meses, el instructor le comunicó que uno de los halcones estaba perfectamente educado, pero que no sabía qué le sucedía al otro: no se había movido de la rama desde el día de su llegada a palacio, e incluso había que llevarle el alimento hasta allí.

El rey mandó a llamar a curanderos y sanadores de todo tipo, pero ninguno pudo hacer volar al ave. Encargó entonces la misión a miembros de la corte, pero nada sucedió; por la ventana de sus habitaciones, el monarca veía que el pájaro continuaba inmóvil.

Publicó por fin un bando entre sus súbditos solicitando ayuda, y a la mañana siguiente vio al halcón volar ágilmente por los jardines.

– Traedme al autor de ese milagro -dijo.

Enseguida le presentaron a un campesino. – ¿Tú hiciste volar al halcón? ¿Cómo lo lograste? ¿Eres mago, acaso? Entre feliz e intimidado, el hombrecito explicó:

– No fue difícil, Su Alteza: sólo corté la rama. El pájaro se dio cuenta de que tenía alas y se lanzó a volar.

Lo que nos frena, lo que nos impide poder cuidar de una planta sin que muera es no intentarlo. Hace 9 años yo también decía: A mí las plantas no se me dan bien, siempre se me mueren!!!  Hasta que un día decidí que eso no era verdad, que no era algo para lo que yo no valía, sino algo que yo no había intentando con la dedicación que requiere cuidar una planta. Lo mismo ocurre con tus “no puedo”, “no valgo”, “no sé”.

Si no sabes, ¿no será porque no has invertido el tiempo suficiente en saber?

Si no vales, ¿no será acaso porque no has probado una y otra vez, hasta “valer”?

Si no puedes, ¿no será porque aún no te has dado cuenta que tienes alas y puedes hacer mucho más de lo que te imaginas?

¿Qué ganas al decirte, a ti mismo, a ti misma, que no puedes, que no sabes, que no vales? ¿Realmente crees que no vales o es una respuesta cómoda, una actitud cómoda, para no tener que aprenderlo? Por supuesto que no es eso, sino que estás ahí, sobre esa rama, que te sostiene. Tu mente te dice, Yo no sé. Yo no puedo. Y ese pensamiento es la rama en la que permaneces inmóvil, autoconvenciéndote de que no puedes.

Mira a tu alrededor. ¿Cuántas personas pueden cocinar, saben cocinar, valen para cocinar? ¿Cómo crees que han comenzado? Supongo que empezaron como todo el mundo, desde cero, mirando como otros cocinaban (o conducían un coche, o pilotaban un avión, o ponían en marcha un emprendimiento).

NO estoy hablando de cocinar o conducir, sino de tomar decisiones. ¿Realmente quieres aprender a hacerlo? ¿Realmente quieres dejar de decir “a mi las plantas siempre se me mueren”? Si quieres, puedes. Si quieres, aprendes. Si lo intentas, ya estás un paso adelante de todos los que se quedan diciendo “yo no”, como yo misma decía hace algunos años.

Toma conciencia. ¿De qué no te crees capaz? ¿Es “real” que no seas capaz? ¿Qué te lo impide?

Ante algunas situaciones, como hablar en público, podemos tener miedo, vergüenza, creemos que lo haremos tan mal que pueden reírse de nosotros o que nos pondremos rojos como un tomate… Y es nuestro miedo el que nos hace “no poder”, no algo que nos ocurra, no algo “real” que nos impida hablar. Por supuesto que ese miedo es real, lo sentimos, nos hemos puesto rojos en el pasado y nos desagrada esa sensación. Pero ese “no puedo” no es una realidad que no podamos cambiar. Ese “no valgo” puede superarse ganando autoconfianza.

Este es otro de mis “no puedo” anteriores al coaching. Me frenaba el miedo, me paralizaba la idea de ponerme colorada, de tartamudear (cuando nunca había tartamudeado en mi vida) o de quedarme en blanco sin saber qué decir…. Pero los miedos se vencen enfrentándolos. Si quieres conocer cómo enfrenté yo este miedo, te invito a leer otra entrada de mi blog.

Aumentar la confianza en uno mismo

¿En qué ramas te apoyas para no hacer todo lo que sí puedes hacer? ¿Piensas seguir negándote la posibilidad de crecer y ganar confianza en ti mismo, en ti misma? En un proceso de coaching trabajamos sobre la falta de confianza, sobre el miedo que nos paraliza, sobre la falta de seguridad en que podamos hacer más de lo que nos creemos capaces. Poder, puedes. Ahora solo falta que tomes una decisión, un compromiso contigo y que comiences a dar los pasos necesarios para demostrarte que ERES CAPAZ!!

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Cuento: Las puntas del jamón

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¿Te cuestionas porqué haces las cosas como las haces? Muchas veces, en nuestro afán de hacer “lo mejor”, no tenemos en cuenta que hay muchas maneras de hacer lo mejor y que no solo la nuestra es la válida.

Permíteme compartir contigo este relato, que leí hace tiempo, en una versión diferente a la que recoge  Jorge Bucay en su libro, Cartas para Claudia. y que he variado ligeramente.

Cuento: Las puntas del jamón

Una noche, Mariana, está preparando la cena. Coge unas lonchas de jamón, le corta las puntas y las pone en la plancha para dorarlas ligeramente. Su esposo, al ver esto, le pregunta: ¿Por qué cortas las puntas a cada loncha de jamón?

Mariana, lo mira desconcertada, pero también contrariada, porque siente que con esa pregunta su esposo le está diciendo: “lo estás haciendo mal”. Y le responde. Se hace así.

¿Y porqué se hace así? le pregunta su esposo, aún más desconcertado por el tono que ha puesto Mariana en su respuesta.

Pues porque siempre lo hemos hecho así en mi casa, mi madre siempre lo ha hecho así. – fue la respuesta de Mariana. Y ahí quedó el tema…

A la semana siguiente, van a almorzar a casa de su madre, y Mariana, sin que su esposo la escuche, le pregunta, ¿Mamá, porqué hay que cortarle las puntas a la loncha del jamón? Su curiosidad, no era quizás tanto por saber, sino por demostrarle a su esposo que ella estaba en lo cierto. Su madre, le respondió: No lo sé, yo siempre lo he hecho así, porque tu abuela lo hacía siempre así. Espera, vamos a llamar a la abuela y se lo preguntamos.

La abuela, que estaba en el salón, escuchó la pregunta de las dos mujeres.

¿Mamá, porqué le cortas las puntas al jamón para cocinarlo?

Y la abuela, sorprendida por lo obvio de la pregunta, respondió: ¡Porque mi plancha es pequeña y si no le corto las puntas no entra!

A veces, tenemos absoluta certeza en que las cosas se hacen como nosotros las hacemos. No nos hemos cuestionado si hay otras maneras, iguales o mejores que la nuestra. Cuando alguien nos pregunta sobre algo que hemos hecho, decidido, de determinada manera, (la nuestra) podemos tomarnos esto como una crítica, como un ataque y responder a la defensiva. Nosotros tenemos un motivo, incluso aunque no lo conozcamos, incluso aunque sea un error, lo hacemos así porque nuestra mente dice que lo hagamos así.

¿Realmente nos están atacando cuando nos preguntan porqué tenemos que ir por tal calle y no por otra? ¿Realmente están criticando lo que hacemos cuando nos preguntan porqué ponemos la sal a la carne antes de ponerla en la plancha? Cuando una persona pregunta, lo hace porque no comprende, porque su mente le ha dicho que se hace de otra manera. NO nos están criticando o cuestionando.

También hay que tener en cuenta, que si la otra persona hace o decide algo, tiene sus motivos, aunque nosotros no los comprendamos y que al preguntarle, puede sentir que le atacamos, que no aprobamos su manera de hacer las cosas.

Hablar no es sinónimo de estar comunicándonos efectivamente. Cuando no entiendas, pregunta, pero deja claro que es para entender, no por juzgar. Cuando te pregunten, piensa que no te están juzgando, sino, intentando comprender porqué haces lo que haces, y que a esa persona le resulta extraño… su mente lo ve de otra manera.

Muchas veces, este tipo de conflictos, si se dan repetidamente, pueden ir mermando  la calidad de las relaciones. Por eso es importante tener en cuenta que si somos nosotros quienes no comprendemos, es necesario que cuidemos las formas, las palabras que utilizamos al preguntar, para que nuestra necesidad de comprender no sea el origen de un conflicto. Recuerda, que no es obligación del otro entenderte, sino una tarea nuestra explicarnos para ser entendidos. Es una tarea nuestra no herir al otro y si pensamos que puede sentirse esa persona cuestionada, juzgada, con nuestra pregunta, hemos de escoger bien las palabras para hacerla sin que le dañen.

Y si es a nosotros a quienes nos preguntan, recuerda que no es el afán del otro cuestionarte o juzgarte, sino, simplemente, comprender porque su mente no cortaría las puntas del jamón.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Cuento: La historia de las llaves

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Existen cientos de cuentos cortos para motivar a dar un paso fuera de la zona de confort, para adentrarnos en esa zona desconocida, donde todo es nuevo y nos sentimos inseguros. Quizás este cuento La historia de la llave, es uno de los más sencillos de recordar para poder aplicarlo en nuestra vida diaria.

Cuento: La historia de las llaves.

Una noche, mientras paseaba por mi barrio, me encontré a un hombre que buscaba desesperadamente algo. Me sorprendió observar que, mientras se llevaba las manos a la cabeza y decía sin cesar, “¿dónde se habrán caído?”, daba vueltas y vueltas dentro un círculo muy reducido cuyo centro era una farola…

Me acerqué y le pregunté si le podía ayudar.

– ¿Puedo ayudarle?

– Sí, claro, por supuesto…

– ¿Qué ha perdido?– le pregunté mientras comenzaba a buscar sin saber qué buscaba.

– Las llaves de mi casa. ¡¡Las malditas llaves de mi casa!!– me contestó con un tono de angustia en su voz.

– No se preocupe– le dije para tranquilizarle-seguro que las encontramos. Me puse a buscar, y mientras lo hacía le pregunté

– ¿Está seguro de que se le cayeron por aquí?

– Pues la verdad es que no – me contestó – pero aquí hay luz.

Cuando tenemos algo que resolver, buscamos en el pasado, en la experiencia previa ya que ahí es donde tenemos “luz” pero no siempre la solución estará ahí. Cuando la situación a la que nos enfrentamos es NUEVA, o hasta ahora no hemos podido resolverla con las herramientas y conocimientos que ya tenemos, seguir buscando en “la luz”, en el pasado, puede ser como el sucedo del cuento, permanecer buscando en la “farola” dando vueltas alrededor de la luz.

En lo nuevo, en lo que está oscuro, en aquellas situaciones que están fuera de nuestra zona de confort podemos sentir inseguridad, miedo y, por lo tanto, muchas veces vamos retrasando el momento de enfrentarlo, lo rechazamos.

Si otros ya pudieron resolver esa situación antes, ¿qué te impide a ti poder comprender y aprender a resolverlo? Posiblemente puedes resolverlo, si dejas de buscar alrededor de lo ya conocido, si desde el valor decides enfrentar la situación “con una linterna”.

¿Cuáles pueden ser esas linternas?

  • 1.- Creatividad.  

No se consiguen nuevos retos,  ni nuevos resultados siendo el mismo, buscando solo en la zona de luz. Un nuevo reto requiere un nuevo “yo”, requiere utilizar la creatividad para enfrentarnos a aquello que aún no hemos hecho.

  • 2.- Optimismo.

El miedo puede ser una de las fuentes de mayor oscuridad. Si en nuestra mente solo albergamos pensamientos derrotistas, negativos, si sentimos que no podemos dejar de ser pesimistas, es probable que estemos paralizados. Por eso el optimismo es una de las mejores linternas que podemos llevarnos al buscar ampliar nuestra zona de confort. ¿Porqué pensar que puede salir mal si cuesta lo mismo y es más productivo pensar que puede salir bien? Inténtalo.

  • 3.- Atreverse a cometer un error. 

Otra de las situaciones que nos hacen seguir buscando en la luz, en el pasado, es el miedo a cometer un error. Tenemos un gran temor al error, porque solemos creer que equivocarnos es demostrar que somos menos inteligentes, menos capaces….  A veces es necesario grabarnos a fuego que el aprendizaje llega con el intento, llega con atrevernos a hacer algo incluso sabiendo que podemos equivocarnos. Equivocarse no es un error, el error es no arriesgarse a fallar.

  • 4.- Aceptar el error con humildad

Dicen que errar es humano, ¿verdad? Cuando intentamos ocultar un error, cuando lo tapamos para que los demás no se den cuenta de que nos hemos equivocado, estamos demostrando arrogancia. Es arrogante creernos perfectos!! Recuerda aquella frase que dice: Solo sé que no sé nada. Solo un sabio puede asumir con total humildad que es humano, que la verdadera sabiduría está en asumir nuestra propia ignorancia, como decía Sócrates.

¿Qué vas a hacer la próxima vez que sientas miedo ante una situación que aún no has tenido que enfrentar? ¿Dudar, paralizarte, buscar en lo que ya sabes, dar vueltas y vueltas junto a la farola?

En lugar de alimentar el pesimismo, intenta pensar en que puede salir bien y que incluso, si algo sale mal, eso será una fuente de aprendizaje. La única manera de ganar confianza en uno mismo es arriesgándose a que pueda salir mal. Cuando lo logramos, cuando al fin vemos que hemos llegado a la meta, la sensación de satisfacción interior nos da fuerzas para creer cada día más en nosotros.

Quien no hace, no crece. Quien no se equivoca, no aprende. Quien no teme, no está haciendo nada nuevo.

Viki Morandeira

Coach Ontológico.

Taller Libera tu Potencial con PNL

Cuento: La Furia

conductas asertivas
La furia, la rabia, la ira… Yo creo que ninguna persona en el mundo puede decir que jamás ha experimentado un momento de furia. Pero también creo posible afirmar, que hay personas que han aprendido a gestionar esta emoción sin que destroce, sin que rompa, sin que dañe ninguna de sus relaciones personales ni se dañen a si mismas.
Reprimir las emociones no es saludable. Una emoción es una expresión de nuestra mente, nos habla de lo que pensamos, de cómo pensamos sobre lo que nos sucede, por eso, si algo nos produce furia, enfado, ira, en lugar de explotar o en lugar de tragarnos esta emoción, será mejor buscar entender de donde viene esta emoción. En el taller online de Inteligencia Emocional, uno de los temas donde nos detenemos a profundizar es precisamente en el Enfado.
Si tienes dificultad para gestionar los momentos de ira, de rabia, sigue leyendo,

Cuento: La furia

Un estudiante de Zen fue a su maestro porque tenía una gran preocupación, y le dijo, “Maestro, tengo un carácter ingobernable. ¿Como puedo curarmelo'”.
“Muéstrame ese carácter”, le dijo su maestro, “parece fascinante”.
El estudiante se quedó un poco perplejo… y respondió: “No lo tengo ahora por eso no puedo mostrártelo”.
“Bien, entonces, dijo el maestro, “tráemelo cuando lo tengas”.
El joven frunció el ceño… “Pero no puedo traertelo justamente cuando lo tengo”, protesto el estudiante. “Aparece inesperadamente, y seguramente lo perdería antes de poder alcanzártelo a ti”.
“En ese caso”, le dijo el maestro, “no puede ser parte de tu verdadera naturaleza. Si lo fuera, me lo podrías mostrar en cualquier momento. Cuando nacíste no lo tenias, entonces debe haber venido desde el exterior. Sugiero que cada vez que se apodere de ti, te golpees con un plato hasta que el mal genio no pueda soportarlo y se vaya”.
La próxima vez que te sientas enfurecido, ve y corre alrededor de la casa, siete veces, y luego siéntate debajo de un árbol y observa donde se ha ido la furia. No te has reprimido, no la has controlado, no se la has arrojado a otra persona…
La cólera es solo un vómito mental… No hay necesidad de arrojarlo encima de nadie… Corre un rato, o coge una almohada y golpéala hasta que tus manos y tus dientes se relajen.
En la transformación nunca controlas, solo te pones más alerta. La furia está sucediendo, es un hermoso fenómeno, es simplemente como la electricidad en las nubes…
Aun cuando esté ocurriendo la furia, si repentinamente te vuelves consciente de ella, desaparece. ¡Inténtalo! Precisamente en la mitad, cuando estas más acalorado y quisieras asesinar… de repente date cuenta, y sentirás que algo ha cambiado: tu ser interior se ha relajado…
Puede llevarle tiempo relajarse a tu capa externa, pero el ser interno ya se ha relajado. La cooperación se ha roto… ahora no estás identificado. Al cuerpo le llevará un rato enfriarse, pero en la profundidad del centro todo está frío…
Cuando te has enfriado puedes disfrutar el mundo entero. Cuando estás acalorado estás perdido, te identificas, ¡te confundes tanto!, ¿como puedes disfrutarlo?
Esto puede sonar paradójico, pero te lo digo: solo un Buddha disfruta este mundo.
Fuente

Arrojar nuestra ira a otra persona no resuelve aquello que la causó. Reprimir la rabia, tampoco soluciona nada. Si sientes la fuerza del enfado en tu interior, busca un momento de soledad, y sácala fuera de ti procurando no hacerte daño.
Cuando puedas estar nuevamente en calma, podrás pensar mejor, expresarte más apropiadamente y tener una conversación civilizada. Recuerda, de una discusión nunca sale una solución.

Viki Morandeira

Coach Ontológico