Cuento: La prisión del odio

¿Quién sufre cuando años después de una situación dolorosa, injusta, aún conserva odio y rencor en su corazón?

La vida no siempre nos trata bien, no siempre es justa y puede tocarnos vivir situaciones de injusticia terribles. ¿Es justo el maltrato que sufrimos a manos de nuestra pareja o de nuestro padre o madre? ¿Es justo que una persona sufra y sea maltratada por otra? El maltrato en ningún momento puede considerarse justo, ni merecido, ni nada por el estilo!!! ¿Es justo que por una negligencia médica perdamos a un ser querido? ¿Es justo que por un conductor ebrio otra persona, solo por coincidir en tiempo y lugar, sufra las consecuencias de las malas decisiones de otra? La vida puede enfrentarnos a situaciones de injusticia, dolorosas, que pueden resultar difíciles de aceptar.

Aceptar el pasado y poder perdonar, incluso aunque nadie nos haya pedido perdón, no significa que lo que no has sucedido no fue importante, no significa que no fue algo grave o terrible… Perdonar nos hace un bien a nosotros. Comparto contigo este cuento, y luego, continuamos reflexionando sobre como aprender a perdonar. 

Cuento: La prisión del odio

Dos hombres habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, volvieron a verse años después. Uno de ellos preguntó al otro:

– “¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?”

– “No, gracias a Dios ya lo olvidé todo”, contestó. “¿Y tú?”

– “Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas”, respondió el otro.

Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:

– “Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso”

Aferrarte a la ira es como agarrar un carbón ardiendo para tirárselo a otra persona_opt

 

A veces, nos decimos a nosotros mismos. Debo perdonar. Debo perdonar….

¿Es verdad que “debas” perdonar?  ¿Es realmente un deber, una obligación?  NO, nadie está obligado a perdonar a nadie. No es una obligación. Si de pequeños, peleábamos con alguien , con nuestra prima o un hermano y nuestros padres nos decían, tienen que perdonarse… ¿Realmente nos perdonábamos? Quizá decíamos, Bueno, te perdono, pero solo para que nuestros padres o abuelos no siguieran con el sermón!!!

Perdonamos cuando decidimos dejar de cargar el dolor, cuando decidimos que queremos estar en paz, cuando decidimos que ya hemos sufrido suficiente.

Perdonar es una decisión personal, no es un deber, ni significa que no te dolió lo que sucedió, ni tampoco hay relación directa entre la gravedad de la ofensa y el tiempo que “debamos” permanecer sin perdonar, para que se den cuenta de lo grave de su acto.

Nuestra mente, SE RESISTE. Porque tiene un concepto equivocado del perdón. Podemos creer que al perdonar, lo que transmitimos a la otra persona, a los demás, es que no fue tan grave. Creemos incluso que algunas ofensas, algunos hechos,  “no deberían perdonarse”. Y así, desde este creencia limitante, estamos limitando nuestra capacidad de volver a ser felices. Nos negamos a nosotros mismos la felicidad, la paz.

Perdonar es un proceso complejo, y muchas veces requiere ayuda específica para poder llevar a cabo ese proceso. Entenderlo y así poder transitarlo, paso a paso hasta recuperar la libertad para nuestra mente, para nuestro corazón.

Perdonar es una elección que hacemos en nuestro corazón, y a veces, antes de poder perdonar, necesitamos ACEPTAR que hemos vivido esa situación.

El día que yo pude decir, para mi, pero en voz alta, Esto fue lo que me sucedió, y lo acepté, como parte del pasado, como algo que había sucedido, como algo que le sucedía a millones de personas en el mundo y no algo excepcional que solo me había ocurrido a mi, ese día me sentí libre.

Dice una frase: Aquello que te resistes, persiste. Lo que aceptas, se diluye. 

Podemos permanecer, como uno de los personajes del cuento, siendo prisioneros de los sucesos de nuestro pasado…  Podemos tomar con nuestra mano un carbón ardiente cada vez que volvemos a recordar ese pasado que no hemos aún perdonado. Pero también podemos tomar una decisión de AMOR hacia nosotras, hacia nosotros y comenzar un proceso de perdón. Nuestra decisión comienza en un instante, cuando podemos decirnos Elijo estar en paz. Elijo perdonar.

Y comienza así el trabajo de sanación, inicia el proceso del perdón, la aceptación, la comprensión de lo vivido. Puedes hacerlo, por ti. Y puedes pedir ayuda. Perdonar es liberarte de esa cárcel en el que aún estás.

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Viki Morandeira 

Coach Ontológico

Taller Sanación Emocional. Como perdonar y olvidar. 

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Cuento: El vendedor de “hot dogs”.

cuando soplan vientos de cambio unos construyen muros, Otros molinos

El miedo y una visión pesimista pueden hacer que nuestra realidad cambie. Cuando tenemos miedo, cuando creemos que la situación es mala, que podemos evitar correr riesgos, nos replegamos, tomamos decisiones para protegernos. Dudamos y perdemos la confianza en el momento en el que nos fiamos de opiniones en lugar de guiarnos por realidades.

A veces, nosotros no tenemos motivos reales, comprobados, para tomar esas decisiones, y sin embargo, hacemos cambios y decidimos consiguiendo un perjuicio para nosotros mismos. Con la idea de proteger o mantener una determinada situación, por miedo a la posibilidad de que la realidad empeore, a veces, nuestras decisiones, pueden encaminarnos a que aquel resultado negativo que imaginábamos finalmente sí se haga realidad.

¿Te parece si lo “hablamos” con un cuento? Este cuento, según donde lo he visto publicado, varía y el género que ofrecía el vendedor era diferente. En algunos blogs el dueño del puestito callejero vendía albóndigas de pan, en otro, con pan, en otro blog, vendía empanadas. No he podido encontrar el que yo leí por primera vez, en cuyo relato  vendía salchichas, pero intentaré reescribirlo.

Cuento: El vendedor de Hot Dogs

Junto a una carretera, con gran afluencia de público, por ser paso obligado para muchos destinos diferente, había un vendedor que tenía un puesto de comida. Desde hacía años, cada día, atendía este puesto, donde ofrecía los mejores hot-dogs de la ciudad. Le iba tan bien que con lo que ganaba en ese humilde puesto callejero, había podido enviar a su hijo a la universidad, a la gran ciudad.

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El vendedor de hot dogs siempre se había preocupado en ofrecer la mejor calidad. Había investigado mucho hasta dar con las salchichas y el pan apropiados. Y una vez que los encontró, siempre había acudido a la misma fábrica. Los transeúntes compraban sus bocadillos tanto para desayunar, como en la hora del almuerzo o ya al atardecer, antes de volver a sus casas. Su negocio prosperaba y estaba feliz por haber podido enviar a su hijo a una de las mejores universidades del país.

Un buen día, el muchacho acabó sus estudios y de la ciudad, regresó a su pueblo para ver a su familia. Recién llegado, conversando con su padre, le dijo:

-Papá, ¿no escuchas la radio, ni la tv, ni lees los periódicos?

A lo que el padre respondió que no, que entre ir a hacer las compras, mantener limpio su puesto ambulante y trabajar desde la mañana a la noche vendiendo hot dogs, pocas ganas le quedaban al llegar a casa para ver noticias. Y su hijo continuó diciendo:

-Estamos sufriendo una grave crisis, papá! Una de las peores, la situación es realmente mala, te aseguro que peor no se podría estar!!

El padre, escuchó las palabras de su hijo y pensó:- Mi hijo ha estudiado en la universidad, una de las mejores del país, y lee los diarios, ve televisión y está al tanto de las noticias. De seguro sabe mejor que yo lo que está pasando.

El muchacho, luego de unos días, volvió a la ciudad, donde buscó y encontró trabajo en una gran empresa. Mientras, su padre en el pueblo, pensando en la gran crisis que se avecinaba, comenzó a buscar salchichas más económicas, cambió de panadero y empezó a comprar un pan que era más barato, a fin de prepararse para la crisis.

Sus clientes habituales pronto notaron la diferencia, sus hot dogs ya no eran los mejores de la ciudad, y así, poco a poco, fue perdiendo paulatinamente su clientela. Las ventas fueros disminuyendo día a día.

Pasados unos meses, su hijo regresó un fin de semana para visitar a la familia, y le sorprendió ver a su padre en casa, en lugar de encontrarlo en su puesto de trabajo. Cuando preguntó a su papá que había sucedido con un negocio próspero de dos décadas, su padre le respondió.

-Tenias razón hijo.  Verdaderamente estábamos sufriendo una gran crisis y yo no  lo sabía.

El miedo puede hacer que tomemos decisiones que pueden afectar a nuestros proyectos, nuestros negocios. NO siempre las opiniones de los que se supone más instruidos serán apropiadas para todos. Confía en ti. NO dejes que otros te contagien su miedo.

La calidad, un trabajo bien hecho, son la diferencia entre un proyecto que soporta una crisis y otro que no.  Se fiel a tus principios, las crisis van y vienen, llegan y se van, pero tu prestigio, tu credibilidad, tu éxito, pueden verse afectados por tomar decisiones basadas en el miedo y no en la confianza en ti y en tu proyecto.

Este cuento tiene una moraleja, y es la de mantener el optimismo, no fijarnos solo en el corto plazo, sino analizar la situación a largo plazo, tomar decisiones pensando en todas las posibilidades, no en una sola. Y que es mejor que la gente te busque por tu calidad y no por tu precio, siempre habrá alguien que esté más necesitado y trabaje o venda más barato que tú.

Viki Morandeira

Coaching Ontológico

Fotos: Morguefile

 

Hay cosas que no se pueden perdonar ¿o sí?

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A lo largo de nuestra vida todos hemos sentido que nos lastimaban. Y no me refiero a un dolor físico, a un golpe, sino a ese dolor emocional que se nos queda dentro cuando alguien hizo algo que no esperábamos, o cuando no hizo algo que sí esperábamos. Podemos tener incluso situaciones que no hemos perdonado y que han ocurrido muchos años atrás.

Vivir sin perdonar a las personas que nos han lastimado implica tener ese dolor presente, esa herida abierta y escarbarla cada vez que recordamos lo ocurrido. ¿Podemos hacer algo? Si, podemos perdonar.

Perdonar es algo simple.

Si en este momento sientes en tu interior que estoy equivocada, que no tengo ni idea de lo que digo y que algunas cosas no se pueden perdonar, te entiendo perfectamente. Hay ofensas que sentimos tan grandes, que dañan nuestro interior de una manera tal que resulta imposible creer que se pueda llegar algún día a perdonar.

Cuando te cuesta perdonar, es necesario que te preguntes: ¿quien sufre en este momento? Tú. ¿Verdad? Cuando uno no ha perdonado algo, es la principal persona que sufre. Es necesario recordar qué perdonar, es, en si mismo, un acto en el que dejamos de sentirnos víctimas de un verdugo. Perdonar es hacer las paces con el pasado, para poder continuar avanzando hacia el futuro sin ese lastre, sin esa herida abierta y sangrante que cada tanto se vuelve a abrir y vuelve a doler. ¿Qué pierdes si perdonas?

A menudo, creemos que lo que nos han hecho es algo tan grave que no puede perdonarse. Creemos, erróneamente, que al perdonar al otro, le liberamos de la culpa o de la responsabilidad sobre lo que sucedió. Pero te has parado a pensar en lo siguiente: ¿hay personas a las que no perdonas que ni siquiera saben que aún las culpas? A veces, en las relaciones de pareja, llevamos una lista de las ofensas del otro, y nos cuesta muy poco, en cualquier discusión, sacar la lista y echarle en cara cosas que sucedieron hace tiempo…

¿A quién hacemos daño con esto? A nosotros, a nuestra relación con esa persona, a esa persona.

Perdonar es algo que hemos hecho ya en el pasado y nos ha permitido recuperar la sonrisa. ¿Y si ahora, para recuperar la paz, la sonrisa, necesitáramos perdonar nuevamente? Te entiendo, se lo doloroso que es pasar por algunas situaciones que nos dejan una herida profunda, y que puede causar incredulidad que nos digan que perdonar es algo simple. Cuando digo simple, no me estoy refiriendo a que sea fácil. Perdonar duele porque implica recordar la ofensa. Perdonar duele porque implica hurgar en esa herida que aún está sin cicatrizar.

Pero a pesar del dolor, más duele no perdonar. No es tan complicado, no necesitas a nadie más que a ti mismo, que a ti misma para procesar el perdón. Ni siquiera hace falta que alguien te pida perdón para elegir perdonar. Tampoco hace falta que le digas a esa persona que le has perdonado. Es algo tuyo y quien más sale ganando eres tú.

Hay dolores antiguos y dolores nuevos, pero todos se pueden limpiar, todos se pueden perdonar de la misma manera. Es necesario querer aprender como perdonar y soltar.

1º Decide perdonar. 

Cuando decidimos perdonar estamos decidiendo liberarnos de un peso, estamos decidiendo estar en paz con el pasado, estamos eligiendo para nosotros la libertad. Toma esa decisión, con calma, por ti, por nadie más que por ti. Tómate el tiempo que necesites, pero una vez que decidas perdonar, es necesario abandonar el impulso de seguir viendo a esa persona como culpable y a ti como víctima.

2º ¿Qué sucedió?

 Muchas veces, en el proceso de perdonar, intentamos hablar con la otra persona y nosotros tenemos un punto de vista sobre lo sucedido, y la otra persona tiene otro. Ahora, quien está procesando el perdón eres tú y por eso, vamos a centrarnos únicamente en lo que a ti te sucedió. Es necesario poder aclarar bien para nosotros mismos cuál fue la ofensa y qué fue lo que ocurrió. Algunas veces, al hacer esto, nos damos cuenta que teníamos expectativas que no se cumplieron y que quizás hemos tomado algo como una ofensa, pero no había intención en el otro en hacernos daño.
3º Escribe cómo te sientes
No es imprescindible que le digas a la otra persona cómo te sientes. Este es un punto que hay que valorar y preparar una charla muy bien si hemos decidido hablar con la persona a quien deseamos perdonar. Es necesario que sepas qué emociones sientes, que no empieces hablando (o escribiendo) del otro, sino de ti, de lo que te ha dolido. Puedes escribir una carta para libertarte de estas emociones, aunque no entregues nunca la carta.
4º Perdona
Una vez que hayas dado los tres pasos anteriores, llegó el momento de liberarte del dolor, de perdonar, de elegir dejar de ver al otro como culpable de tus emociones. La vida a menudo no es como esperábamos y nos tocará aprender a vivir con ello. Es el momento de trabajar en ti para aumentar tu resiliencia, tu capacidad de superar la adversidad.
Hay otro punto que necesitamos también encarar. ¿Cómo volver a retomar la relación con esa persona a quien no habíamos perdonado?
En principio, la reconciliación no es un paso imprescindible. Podemos perdonar situaciones que fueron muy dolorosas pero podemos no desear ni necesitar reconciliarnos con esa persona. Por ejemplo, se puede perdonar a la amante de tu pareja, pero que no te interese en absoluto ser su amiga ni tener ningún tipo de relación con ella. Por lo que no sería necesario dar el paso de la reconciliación.
En cambio, si la persona a la que has decidido perdonar es alguien con quien si deseas volver a hablar, volver a tener una relación, entonces habrá que plantearse hacer las paces. Este es un paso difícil. Nadie quiere remover situaciones que ya han pasado hace tiempo y que pueden generar discusiones, conflictos. Pero el plantemiento, para hacer las paces, ha de ser diferente.
No vas a hablar con esa persona para “remover” lo que pasó.
No vas a hablar con esa persona para que te pida perdón.
Tampoco vas a hablar con esa persona para decirle que le has perdona.
Quieres volver a poder hablar y compartir un rato sin ese dolor que hasta ahora sentías. A veces, aunque hayamos perdonado, las heridas aún están muy “frescas” y necesitamos dejar pasar un tiempo. Perdonar en ningún caso es lo mismo que olvidar. Los recuerdos funcionan de manera aleatoria, y habrá quizás momentos, canciones, personas, nombres que todavía te recuerden esa situación que te dolió. Date el tiempo necesario para que puedas pensar sobre el pasado sin dolor, sin sufrir.
Hace un par de días, leía en Pinterest  una frase que es muy gráfica para comprender que hemos hecho bien el proceso del perdón. Decía así:
Perdonar es poder ir la pasado y volver ileso.
A menudo, nos centramos solo en lo que nos ofendió o dolió a nosotros, sin tener en cuenta que quizás en esa discusión dijimos cosas muy feas que también han dolido a la otra persona. Por eso, para poder tener una reconciliación plena, es necesario pedir perdón. Incluso aunque la persona ofendida seas tú. Si, incluso así. Porque es necesario separar lo sucedido, lo que a ti te dolió, de las emociones de la otra persona. ¿Eres consciente de cómo reaccionaste en ese momento? ¿Dijiste o hiciste cosas que le pueden haber causado dolor cuando estabas enfrascado en tu propio dolor? Entonces, pide perdón, además de perdonar.
Pedir perdón es un gesto de valentía, perdonar, un gesto de fortaleza, y no remover el pasado, dejárlo en el olvido es un gesto que te dará felicidad.

 

Hazlo por ti. Por tu propia felicidad.
Viki Morandeira 
Coach Ontológico

 

¿Es imposible para ti?

Para algunas personas hay cosas imposibles. Algunas son reales, pero una gran mayoría de nuestros “imposibles” son ilusiones, son limitaciones que nuestra propia mente ha puesto a nuestra verdadera capacidad. Está claro que tenemos algunas limitaciones, por supuesto. No podemos saltar y llegar hasta la luna… pero ¿tus imposibles son absurdos como querer llegar de un salto hasta la luna o son situaciones reales, que otras personas SI han logrado?

Mi abuela siempre decía, Si otro puede hacerlo, yo también puedo hacerlo. Incluso,algunas veces, más que saber que otros pueden hacerlo, lo que necesitamos saber es que “no es imposible”. Eso me recuerda a un relato hermoso.

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Había una vez dos niños que patinaban sobre una laguna congelada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación.

Cuando de pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua. El otro niño viendo que su amiguito se ahogaba debajo del hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró quebrarlo y así salvar a su amigo.

Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaron:

– ¿Cómo lo hizo? El hielo está muy grueso, es imposible que lo haya podido quebrar, con esa piedra y sus manos tan pequeñas!

En ese instante apareció un anciano y dijo:

“Yo sé como lo hizo”…

– “¿Cómo?”. Le preguntaron al anciano, y él contestó:

– “No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo”.

 

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Ojalá nuestra mente permaneciera libre de “no puedes“, ojalá ninguna persona tuviera que escuchar durante su infancia, durante su vida, que algo de lo que quiere hacer le es imposible. Pero la realidad, la cruda realidad, es que tú, cuando eras pequeño, e incluso ahora, has escuchado muchas veces que “no podías” hacer algo.

Quizás no te lo han dicho de esa manera, pero con otras palabras, ese fue el mensaje que te han implantado en tu mente. Cada frase en la que te decían que no podías, ha ejercido en tu vida como una barrera, como esas barreras que ponen en una calle cuando está en obras…

 

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A menudo nos han hecho creer que no podíamos, o que era imposible….. que ese camino estaba cerrado para nosotros, y a pesar de los años transcurridos, a pesar de haber crecido, cambiado, madurado, podemos seguir teniendo esa limitación, esa barrera tan presente como el primer día que la pusieron delante de nuestros ojos. Otras veces, hemos sido nosotros mismos quienes nos hemos cerrado a la posibilidad de lograr aquello que anhelábamos. Como en el relato de El elefante atado…

Nuestras limitaciones mentales, a pesar de mantenernos sujetos con una simple cuerda… parecen cadenas que nos mantienen paralizados y esclavos de nuestros propios “yo no puedo”…

Decía Henry Ford, “Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, en ambos casos tienes razón”.

Y de pequeños, se nos ha dicho tantas veces “no hagas esto”, “no hagas aquello”, que cargamos a nuestras espaldas miedos, inseguridades, dudas….

Si, es posible que alguna de tus metas sea difícil. Si, es posible que algunos de tus objetivos requiera esfuerzos, disciplina, motivación diaria… ¿o acaso crees que el éxito les llega a los demás por suerte o casualidad?

¿Cómo sabes que no es posible? ¿Lo has intentado? ¿Cuántas veces? ¿Te has permitido fallar, caer, y volver a levantarte para seguir intentándolo? Perdemos nuestra confianza y nuestra autoestima baja cuando ante el primer intento abandonamos. En cambio, si te enfocas en lograr algo, y persistes a pesar de los contratiempos, si continuas transitando hacia tu meta, al lograrlo, sentirás como tu confianza aumenta, como se hincha tu pecho de orgullo y tu autoestima crece y sube como un globo…

¿Cómo pretendemos tener confianza si nos rendimos? ¿Cómo pretendemos tener una buena autoestima y un buen autoconcepto si ante un contratiempo no volvemos a intentarlo? Así  es como las personas exitosas han construido una sólida personalidad. Enfrentando a sus propia voz interior que les decía “no puedes”, enfrentando a las limitaciones mentales que otros habían puesto en su mente, así han logrado confiar y tener la capacidad de expresar todo su talento.

No te reprimas, no te censures, no te prives de demostrar tu talento. ¿Qué ganas con ello? A veces, llega un momento en la vida, en el que tenemos que dejar de escuchar las opiniones de los demás, sobre todo cuando nos reprimen, cuando nos transfieren sus miedos, cuando nos encarcelan en la infelicidad de no hacer aquello que deseábamos hacer…  Tenemos que asumir, que con buenas intenciones, queriendo protegernos, nos han ido asfixiando, aniquilando nuestra personalidad, cortando  nuestras alas… pero ya no somos la misma persona a la que protegían. Ahora, esa protección o sobreprotección nos está haciendo daño, tanto daño, que nos hemos convertido en esclavos de nuestra falta de confianza, aprisionados en cárceles de paredes hechas de miedos e inseguridades…

Nadie vendrá a liberarte. Cuando a través de un proceso de coaching escuchas tu propia voz interior, que clama libertad, es el momento de escucharla, de dejarla hablar, de tomar decisiones, dar pasos pequeños. Si durante mucho tiempo has creído que todo te era imposible, que tú no podías, si no te has fijado metas… tampoco  podemos empezar con cambios drásticos.

Una persona, que quiere convertirse en escalador, no saca un pasaje al Tibet y escala el Himalaya como primera demostración de que puede escalar. Su mente se opondría, su miedo le mandaría continuas señales para evitar que hiciera algo temerario. Y por eso el miedo es una emoción necesaria. Porque nos protege. Pero ¿de qué te protegen tus miedos? A veces, no nos damos cuenta que los peligros han desaparecido, que no son reales, y de lo único que nos separa nuestro miedo es de vivir… de caminar nuestra propia vida, incluso aunque cometamos errores.

 

Si has vivido paralizado, es el momento de fijarte metas pequeñas. No importa lo que opinen los demás, ya puedes dejar de escucharlos, ya has dejado que decidieran durante mucho tiempo lo que podías o no podías hacer…. lo que era posible o imposible… ahora, te toca fijarte tus propias metas. Da igual que sea correr un kilómetro. ¿Otros corren maratones? Felicitaciones para ellos, pero si tú no has corrido nunca, una meta para iniciarte y demostrarte que puedes confiar en ti no es apuntarte a una maratón, sino empezar con pasos pequeños, empezar con un kilómetro. Y cuando sientas que tus fuerzas y tu talento están de vuelta contigo, puedes fijarte como meta correr dos kilómetros….

Y no estoy hablando de correr, es solo un ejemplo. Estoy hablando de vivir, de fijarte tus propias metas, SI, LAS TUYAS, las que tú quieras, sin importar lo que los demás digan sobre ello. Estoy hablando de tu vida, y si sientes que ha llegado el momento de vivirla, ADELANTE, patea ese letrero que te cerraba el paso, y avanza, porque solo así podrás volver a confiar en ti, porque solo así podrás sentir que puedes hacerlo, porque solo así tu autoestima comenzara a crecer y crecer, a ascender y subir… porque solo así podrás liberarte de las creencias y miedos limitantes que los demás han puesto en tu mente.

Perdónalos. Querían ayudar. Y perdónate, por haberte dejado limitar por sus miedos. Ni ellos ni tú tienen la culpa. No busques culpables… no sirve para nada. Asume que VIVIR  y SENTIRTE LIBRE ES TU RESPONSABILIDAD. Y que además, ES HERMOSO!

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Taller Retoma las Riendas de tu Vida

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Hábitos Mentales de Éxito

Somos personas de hábitos. Nuestra vida, la tuya, está regida por tus hábitos. Muchos son gestos habituales que repites en tu día a día. Te despiertas y casi siempre sigues los mismos patrones. Cuando te preparas para salir, cuando estás cocinando, cuando enciendes el ordenador… Día a día se sucede en tu vida la repetición de esos hábitos.

El éxito que tengas en tu vida, depende mucho de tus hábitos mentales. ¿Te lo has planteado alguna vez? ¿Sabes cuáles son los hábitos mentales positivos? ¿Eres consciente de que existen hábitos mentales productivos y otros que no lo son? ¿Sabes si tienes hábitos mentales saludables?

Para responder a estas preguntas, quizás sea preciso primero centrarnos en los hábitos mentales y su definición.

El hábito mental se puede definir como un comportamiento adquirido, repetido. Un patrón de comportamiento que repetimos sin apenas cuestionarnos porqué pensamos como pensamos o porqué hacemos cómo hacemos lo que hacemos.

Si al finalizar de leer la lista de hábitos mentales de éxito encuentras que hay algunos que no utilizas, ten en cuenta que los hábitos se pueden incorporar. Así como has incorporado algunos que quizás te alejan de sentirte una persona exitosa, también puedes “desinstalarlos” y cambiarlos por los que tú elijas para tener una vida exitosa.

  • El hábito de la Gratitud

Ser agradecido contigo, con los demás, con la vida es un excelente hábito. ¿Has pensado alguna vez en todas las personas que participan a diario en tu vida? ¿Te sientes agradecido por ello? ¿A cuantas personas puedes agradecer por la tostada que te tomas en el desayuno? ¿Agradeces al agricultor que siembra el trigo, al que lo cosecha, a quien lo convierte en harina, a quien convierte esa harina en pan y la hornea mientras tú todavía estás durmiendo, a quien lo lleva desde el obrador de la panadería, hasta la tienda donde lo compras, a quien lo compra, cuando no eres tú? Con solo desayunar tenemos ya a una docena de personas por quien sentir gratitud.

Podemos vivir sin pensar, o podemos vivir sintiendo gratitud por cada instante de nuestra vida. Las personas exitosas son personas que se sienten agradecidas por quien son, por quienes tienen a su lado, por lo que han conseguido, por los retos que la vida les ha planteado, por estar vivos…

  • El hábito de Celebrar

¿En qué te enfocas en tu día a día? ¿En tus fracasos o en tus éxitos? Celebrar los éxitos diarios tuyos y de los demás, celebrar los éxitos que te han llevado hasta donde estas hoy es también un hábito mental de saludable.

Hay personas que no saben celebrar, sentirse felices por cada uno de sus logros, en cambio, se pasan los días pensando en todo lo que les ha salido mal. Son personas que no están a gusto con su vida, porque siempre les falta algo para llegar a ser felices, porque se centran en lo que no han conseguido, en lugar de felicitarse, sentirse orgullosos por su trabajo y esfuerzo. Pueden decirse, no se hablar inglés, nunca termino nada de lo que empiezo. Pero eso no es verdad. Quizás han acabado una carrera universitaria o decenas de proyectos, pero en lugar de reconocer los pasos que han dado para llegar a donde están en ese momento, siguen pensando en aquello que no han podido lograr hasta ahora.

Las personas exitosas en lugar de pensar en lo que no son, no tienen o no hacen, celebran lo que hacen, lo que son y lo que tienen.

  • El hábito de Confiar

¿Desconfías de los demás, de que alguien haga algo bueno por ti, de la buena fe de los demás, de que si prestas algo te lo devolverán como estaba, de que si haces un favor no lo recordarán? ¿Crees que los demás van a engañarte, defraudarte, a sacarte ventaja de alguna manera y te intentas proteger?

Cuando confiamos o desconfiamos, los demás lo perciben. ¿Te has dado cuenta que algunas personas actúan con desconfianza aunque tú no les hayas dado motivos para ello? ¿Cómo te sientes si así ocurre? Confiar está comprobado científicamente que favorece que la otra persona también confíe en nosotros. Las personas exitosas esperan lo mejor de los demás, confían en ellos y dan sin esperar recibir, aunque confían que la confianza mutua será más ventajosa para ambos. Cuando damos sin la expectativa de esperar algo a cambio, generalmente la otra persona se siente más predispuesta a devolver el favor, aunque no lo hayamos puesto como premisa para ofrecer primero nuestro favor.

  • El hábito de Evaluar tu vida

¿Eres de las personas que se preguntan si lo que están haciendo les acerca a su yo ideal? Las personas exitosas han adquirido el hábito mental de preguntarse continuamente si están dando los pasos que le llevan a ser la persona que quieren ser. No se posicionan como víctimas de las circunstancias, de la suerte o de las oportunidades, sino que asumen la responsabilidad de hacer que las cosas sucedan.

prohibido sentarse a esperar que suceda

  • El hábito de la Felicidad

Quizás resulte difícil de aceptar que la felicidad también es un hábito mental. Ser felices a veces creemos que es algo que se escapa de nuestra influencia, de nuestra posibilidades de hacer algo para ser más felices. ¿Qué es para ti la felicidad? ¿Qué te hace feliz? Si tomamos decisiones que nos hacen felices, lo más normal es que lo seamos. En cambio, cuando hay personas que al tomar decisiones se olvidan de preguntarse si eso que están por hacer les hace realmente felices. Trabajar de noche no pudiendo ver a nuestros hijos o a nuestra pareja, trabajar a cientos de kilómetros de casa y pasando poco tiempo en familia, elegir una carrera porque creemos que nos dará una seguridad económica, pero sin que realmente sea algo que nos apasiona, todas estas son decisiones que quizás no nos hacen felices. Las personas exitosas ponen en  primer lugar sentirse felices en su propia piel, tomando decisiones que están en coherencia con lo que necesitan, con quien son y con lo que desean hacer en su vida.

  • El hábito de Pedir Ayuda cuando lo necesitas

Hay una frase que escuché hace tiempo y que puede parecer un chiste y dice así: Lo importante no es saber, sino tener el teléfono del que sabe. Para tener éxito es necesario asumir que si tenemos que aprender a hacer todo solos, nos llevará muchísimo más tiempo que si pedimos ayuda en aquello que no somos expertos o que no nos gusta hacer. Pedir ayuda demuestra nuestra grandeza, demuestra la humildad para reconocer que otras personas pueden ayudarnos a resolver situaciones que para nosotros son complejas pero que para ellos pueden ser algo muy simple. Las personas de éxito se rodean de personas de las que pueden aprender, de personas exitosas y capaces de ayudarles en su propio crecimiento personal.

Recuerda, los hábitos mentales también pueden adquirirse. Nada cambia en nuestra vida hasta que no cambiemos dentro de nuestra mente. El agradecimiento, la confianza, la felicidad, valorarnos, evaluar nuestro presente y saber pedir ayuda son hábitos mentales que al incorporarnos nos acercan a aquello que para nosotros es el éxito.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

No te revuelques en el fango

como superar al tristezaMe siento triste. ¿Hay días en los que piensas eso? Si es así, te invito a seguir leyendo.

La vida tiene altos y bajos, momentos buenos y otros que no lo son tanto. Hay momentos en los que necesitamos saber como superar la tristeza que nos invade, que se hace pasajera de nuestra vida, que nos acompaña allá donde vamos.

¿Cuántas veces en la vida, nos quedamos quejándonos y quejándonos por lo mal que estamos? ¿Recuerdas la última vez que te quejaste de algo? ¿Fue hace tiempo, la semana pasada o fue hoy mismo? ¿Y qué hiciste luego de quejarte, para cambiar aquello que provocó tu queja?

Muchas veces, no somos conscientes que quejarnos es una actividad inútil. Tan inútil como querer juntar agua con un colador. Tan inútil como meterse en un charco de barro y quejarse por haberse ensuciado. Si, así le pasaba a nuestro cerdito del siguiente cuento.

El cerdito, todas las mañanas, se levantaba de su sitio en el cobertizo donde dormía con los otros animales de la granja, y luego de desperezarse un par de veces, se iba, caminando, pesadamente y entre quejas, hasta una charca de lodo que había justo al lado.

Mientras se quejaba, le escuchaba la gallina, que también se levantaba tempranito. Ni bien había cantado el gallo, ¡ya estaba en pie! Y con mucho amor, sacaba a sus pollitos a picotear en la pradera. También la pata, salía toda señorona, con sus patitos detrás. ¡Hoy tocaba nadar en el estanque!

Mientras tanto, el cerdo, revolcándose en su charca de barro, les miraba y se quejaba. Se quejaba y les miraba. Día tras día, la ceremonia matutina era la misma. El cerdo iba a llenarse de barro y a quejarse, la gallina y sus pollitos a buscar lombrices y la pata y sus patitos a chapotear en el agua.

Una tarde, la pata y la gallina, estaba hablando, y al entrar el cerdo, comenzaron a cuchichear. Éste, un poco mosqueado, se dio perfecta cuenta que hablaban de él. (porque como ya sabrás, los cerdos son animales muy inteligentes)

_ ¿Qué es lo yo no puedo escuchar?_ les preguntó.
_Nada dijo la gallina_ que era un poco… gallina.
_Mira cerdo, _ dijo la pata, que era más resuelta que su compañera_ aquí, con la gallina, estamos hablando de ti. Te la pasas el día quejándote. Que si el barro no me gusta, que si el barro me ensucia mucho, que si el barro es un asco, que si el barro se seca y me pica, que si en el barro hay muchas moscas…. ¡Y no se yo cuantas quejas más!
_ ¿Y eso acaso no es verdad?_ respondió el cerdo.
_Si, no estoy diciendo que estar todo el día lleno de barro no sea feo. Lo que comentábamos es que no tienes que estar
ahí si tú no quieres.
_Pero… _ dijo el cerdo… y no pudo decir nada más. Se acordó de la rutina diaria, y recordó ver a la gallina y a la pata, salir del mismo sitio que el. Y se dijo a si mismo. Es cierto, puede ser que esté de barro hasta el cuello…. Pero mañana, en lugar de quejarme, e ir al barro, voy a hacer otra cosa.

Esa noche, todos durmieron tranquilos. De madrugada, el gallo, como un reloj, los despertó con las primeras luces del alba. Y el cerdo, iba a empezar a quejarse, (de echo ya había dicho: El barro es…) Cuando la pata lo mandó callar. El cerdo, sorprendido, recordó la conversación del día anterior.

Cerró la boca, no terminó su frase, y se fue, estirando las patas, hasta el estanque. Allí, se refrescó un poco. Luego, dio un paseo hasta la pradera, y estuvo comiendo violetas silvestres, que estaban buenísimas. Y finalmente, se tumbó a la sombra de un encinar, donde tenía bellotas aquí y allá.

Nuestro amigo cerdo, de vez en cuando, en los días sucesivos, se metió en el barro, pero ya nunca más se quejó.
Porque aprendió que así como el solito se había metido en el lodo, el mismo tenía la capacidad para salir y elegir vivir otra vida.

-.-.-.-.-.-.-.-.-

El cerdito lleno de barro pertenece al libro  A ti te cuento- Lulu.com Viki Morandeira

¡Mira que listo el Cerdo! ¿Y tú? ¿Te llega ya el barro al cuello? ¿No me digas que sí, y que aún sigues quejándote sin hacer nada? No… ¡te dije que no me lo dijeras! A ver si ahora voy a pensar que eres menos listo que un cerdo.

En la vida, muchas veces tendremos problemas. Pero así mismo como entramos en ellos, podemos elegir salir. Luchar, decidir cambiar, elegir otras opciones, otras praderas y otros estanques en lugar del lodazal. Nadie puede hacerlo por ti. Tu tristeza es tuya. Tus quejas, también lo son. Y es tu responsabilidad cambiar las quejas por acciones para resolver eso que te molesta. Y por supuesto, si crees que solo no puedes, nunca está de más pedir ayuda.

Hay momentos en la vida en los que la resiliencia es vital. Si no has leído mucho sobre qué es la resiliencia, te invito a seguir leyendo los siguientes artículos.

¿Qué es la resiliencia?

¿Cómo incorporar la resiliencia a nuestra vida? 

Los 9 pilares de la resiliencia

Diálogo interior para tener resiliencia

Resiliencia: A un paso de la Felicidad

Y recuerda, pedir ayuda es de sabios. Si la tristeza te invaden, si no puedes levantar cabeza, si te cuesta perdonar y olvidar esas situaciones de tu pasado que te han dolido tanto, no elijas revolcarte en el barro. Elijo retomar las riendas de tu vida, elije la sanación emocional, elije ser una persona resiliente. Podemos hacerlo. El tiempo a veces no cura las heridas, sino limpiarlas, comprenderlas y sanarlas.

Viki Morandeira

Coach Ontológico.

Sabiduría Tolteca: Miedo a la Escasez

dandelions-609253_1920La semana pasada, en el programa de radio Optimistas en Acción, hablamos del primero de los 4 miedos de la vida, los cuatro miedos que según la Sabiduría Tolteca nos paralizan y retienen para llevar una mejor vida. Hablamos del miedo a la Soledad. ¿Cómo puede ser tan paralizante algo que no tiene cadenas, ni cintas para sujetarnos? ¿Cómo puede evitar que demos un solo paso algo que ni siquiera es algo material? ¿Cómo puede retenernos una jaula que no existe?

Precisamente por no existir fuera de nuestra mente, estos miedos, paralizan mucho más que unas cadenas. Si estoy prisionero, podré idear un plan para escapar, cavar un túnel, tramar un engaño…. y muchos prisioneros a lo largo de la historia y de los siglos han escapado de sus confinamientos. ¿Cómo puede ser más sencillo escapar de una cárcel de máxima seguridad que vencer el miedo a la soledad o el miedo a la escasez?

En realidad el carcelero contra el que tenemos que luchar en estos miedos es alguien a quien damos demasiado poder: Nuestra Mente. Cuando creemos algo, lo convertimos en realidad, lo materializamos en nuestra mente y se transforma en gruesas cadenas cuando hablamos de miedos paralizantes.

El miedo a la escasez podemos relacionarlo con el miedo al futuro. Decía Epicuro  que: “el futuro ni depende enteramente de nosotros, ni tampoco nos es totalmente ajeno, de modo que no debemos esperarlo como si hubiera de venir infaliblemente ni tampoco desesperarnos como si no hubiera de venir nunca”.

¿Tiene entonces sentido temer a algo que por una parte no podemos controlar? ¿Tiene acaso sentido temer a los días por venir que irán trayendo aquello por lo que yo me esfuerce y persevere por conseguir?

Muchas veces, con buenas intenciones, conseguimos pésimos resultados. NO me cansaré de repetirlo porque he comprobado por mi misma como a pesar de mis buenas intenciones conseguí malos resultados. Podemos, desde nuestro miedo a la escasez, aconsejar a un hijo, a un amigo, a nuestra pareja, que no haga algo, que siga el camino seguro, que apueste por un sueldo a fin de mes en lugar de apostar por seguir sus sueños. Podemos, desde el miedo a la escasez, oponernos a que nuestros hijos decidan elegir estudiar teatro en lugar de estudiar informática. ¿Y su felicidad? Siempre pensamos en su felicidad, siempre. Pero lo hacemos desde nuestro punto de vista, desde nuestras expectativas, desde lo que nosotros creemos que el otro debería hacer para no vivir en la escasez.

¿Realmente vivimos rodeados de escasez y de falta de oportunidades para mejorar nuestra vida? Si miramos a nuestro alrededor podemos detenernos y agradecer por tantísimas cosas!! Hoy, en la sociedad occidental en la que vivimos, las oportunidades de las que disponemos son inmensas. Podemos tomar un avión y cambiar de país. Podemos cambiar de ciudad o formarnos en una disciplina nueva. Podemos reciclarnos a nivel laboral. O podemos seguir pensando que nada de lo que hagamos cambiará nuestra vida, dejando que el desvalimiento aprendido nos hunda para siempre.


+ Miedo a la escasez
Superar el miedo a estar escaso, sin dinero u oportunidades para ser cada vez más abundante requiere de un trabajo contigo mismo. Debes darte la oportunidad para considerar que tus emociones sientan ese “deseo de merecer lo mejor para tu vida”. El sentimiento de víctima, es una señal de que el fantasma del miedo esta invadiéndote.
Hay una palabra de siete letras que, cuando la repites, empieza a dar claridad al estado de abundancia que hoy tienes. Esta palabra es “GRACIAS”.
Cuando agradeces por todo cuanto tienes en este momento y por lo que llegará a ti, comienzas a ser perceptible de todas las cosas que Dios te ofrece cada día.
Gracias Dios por abrir los ojos este día de hoy, por poder respirar un día más.
Gracias por la cama donde duermo, por las situaciones que parecen adversas, pero me dejan sabiduría.
Gracias Dios, por la sonrisa que me regalo esa persona que no conozco.
Gracias Dios, por Tener trabajo, por la comida caliente, por la taza de café.
Agradece y, en poco tiempo, todos tus deseos comenzaran a materializarse.

La verdad que resulta algo ingenuo creer que “solo” por empezar a agradecer todos nuestros deseos se van a materializar. Puede parecer un insulto a la inteligencia humana que la clave para materializar deseos sea decir: Gracias. No estoy de acuerdo en que sea tan simple.

En lo que si estoy de acuerdo es en que desde el miedo a la escasez tomamos decisiones que no nos hacen felices. Elegimos carreras profesionales o trabajos que nos dan un sueldo a fin de mes, que nos quitan el miedo a no tener, pero que a la larga nos enjaulan en una vida gris y anodina que en nada se parece a la que soñábamos para nosotros.

Uno de los grandes males de esta sociedad en la que vivimos es precisamente este. El haber tomado decisiones desde el miedo a la escasez y no desde la coherencia entre lo que sentimos y pensamos que deberíamos hacer. Nos obligamos a ser parte del rebaño, a seguir a la manada, por miedo a la escasez. Nos obligamos a estar horas y horas en un trabajo que no nos agrada por miedo a la escasez. ¿Qué puedes hacer? Dar las gracias no resolverá todo por arte de magia, eso está claro.

Lo que si puedes hacer es tomar las riendas de tu vida, proyectar y planificar cambios, empezar a diseñar esa nueva vida. NO siempre el miedo a la escasez es malo. Como te decía, lo malo o lo bueno son los resultados. Desde el miedo a la escasez mis abuelos, hace 67 años subieron a un transatlántico y durante 21 días navegaron junto con cientos de inmigrantes, con sus tres hijos, haciendo una travesía que les alejaba de España, tras la guerra civil, que les alejaba de la escasez que estaba viviendo, que era real y no un miedo que estuviera en su mente. Construyeron gracias a tomar esa decisión una vida en Argentina, y gracias a esa decisión mis padres se conocieron y pude nacer.

La vida depende de nuestras decisiones, no lo olvides. La de tus hijos, tus nietos, tus bisnietos…. todas esas vidas en cierta forma también dependen de los pasos que des. NO dejes que ningún miedo te paralice. Podemos Tomar las Riendas de Tu Vida con el taller online que te convertirá en el capitán de tu destino.  Puedes, si tu decisión es retomar las riendas de tu vida, enviarme un mensaje privado desde el formulario de contacto que encontrarás a continuación.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

 

Sabiduría Tolteca: Cuatro Miedos que Paralizan

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Muchos de nosotros hemos leído u oído hablar de los Cuatro Acuerdos de la Sabiduría Tolteca, a través del libro del Dr. Miguel Ruiz. Quizás algo menos conocidos son los Cuatro Miedos que en esta misma filosofía son considerados para paralizantes para los seres humanos.

Miedo a la soledad
Miedo a la escasez
Miedo a la enfermedad
Miedo a la muerte

Los miedos en si mismos no son buenos ni malos, todo depende del papel que tienen en nuestra vida, en nuestro desarrollo personal. Si un miedo nos reta a aprender,a crecer, a superarlo, ¿por qué sería malo? Las emociones son sensaciones poderosas que experimentamos a diario, aunque pueden ser pasajeras, como la sorpresa o la frustración, también podemos convertirlas en compañeras de viaje a lo largo de muchos años de nuestra vida. El miedo puede ser una de estas emociones que cargamos y nos van paralizando, haciendo que tomemos decisiones “desde el miedo” y evitando que emprendamos acciones.

vive tu vida para no arrepentirte

 

+ Miedo a la soledad
Hay dos opciones que se pueden considerar:
La primera es que el ego trabaja en su banal causa de hacerte creer que realmente estás solo, que tu estás unido a los demás, con el fin de sentirte protagonista de la vida y encontrar el reconocimiento, en todos los niveles que te imagines, en la familia, en la pareja, en el grupo de amistades, en el trabajo y en la sociedad.
La segunda opción es que el espíritu desea que recuerdes que eres parte de una Totalidad. Que tú siempre estás unido a la energía integradora de Dios, que se manifiesta en una llama interior que tú posees, una luz que debes expandir. Cuando le das fuerza a esa luz interior, comienzas a mirar con los ojos de tu corazón y empiezas a ser consciente de que siempre tienes compañía. Es la compañía con tu ser interior y con tu Creador Supremo. Llegarás a comprender que la soledad es una maravillosa oportunidad de la vida para compartir contigo mismo; y justamente en este momento, empezarán a aparecer aquellas personas que vibrarán con tu misma sintonía e intensidad.

Desde pequeños hemos crecido buscando el afecto, la aprobación y la recompensa de las personas con autoridad en nuestra vida (padres, maestros, hermanos mayores, pareja). Si éramos “chicos buenos” se nos premiaba, halagaba y escuchábamos el elogio de los demás. En cambio, cuando hacíamos algo a nuestra manera, pero alejándonos de las “normas” o de lo que esas figuras de poder consideraban apropiado, recibíamos la crítica, la desaprobación o incluso el enfado de los demás.

Nuestro miedo a quedar separados, aislados, solos, ha hecho que sigamos los paradigmas de nuestra sociedad, de nuestra escuela, de nuestra familia. En esta casa se estudia tal carrera universitaria, porque siempre ha sido así. ¿Conoces familias de médicos, o de abogados? Ahora van siendo algo menos habitual, pero antes no era raro encontrar familias donde todas las generaciones seguían un mismo rumbo. ¿Y qué ocurría si decidían que su futuro no estaba en esa línea sino en otra profesión o carrera? Se nos tildaba de “oveja negra”.

Para formar parte de un grupo social o familiar era necesario seguir al rebaño, eso nos evitaba encontrarnos solos, y miles de personas han tomado decisiones en sus vidas, que no les hacían especialmente felices, con tal de no ser “la descarriada”. Esto es fruto del paralizante miedo a la soledad. Si no estás conmigo estás contra mí… ¿Es verdad? Yo no estoy de acuerdo en esto, en absoluto. Padres, hermanos, “adultos” pueden considerar que no hacer las cosas tal cual ellos creen que se deberían hacer es estar contra ellos… y nadie quiere ser “la mala persona” que está contra sus seres queridos, ¿verdad?

¿Con qué intención quieren los demás que hagamos tal o cual carrera, que sigamos tal o cual rumbo en nuestras vidas? Con la intención de que seamos felices y prósperos. Es una buena intención, es genial!. Pero cuando en nuestro interior nuestros deseos son otros, cuando nuestra felicidad y prosperidad no sentimos que se encuentra por ese camino que nos marca el rebaño…. ocurre que con buenas intenciones conseguimos pésimos resultados.

Un hijo obligado a estudiar medicina cuando su deseo era estudiar ingeniería o mecánica. Una hija obligada a estudiar magisterio cuando su anhelo interno era dedicarse al teatro…. Cuando uno de nuestros hijos o seres queridos se siente “en la obligación” de tener nuestro amor por lo que hacen y  no por quien son, pueden caer en la trampa de elegir un camino que no les hace felices solo por miedo a la soledad. Cuando uno de nuestros hijos toma decisiones basado en el miedo, difícilmente será una persona próspera y feliz…. podrá tener dinero, puede ser, pero quizás en su interior sienta la frustración de no haber sido lo suficientemente valiente como para apartarse del rebaño y abrazar la coherencia interior.

El miedo a la soledad se puede ver en situaciones diarias también, no solo en decisiones drásticas o vitales.

Cuando algo de lo que deseamos hacer, o algo que necesitamos hacer creemos que será desaprobado por las personas que amamos, incluso en contra de nosotros mismos podemos autocensurarnos. Los demás no saben lo que pasa por nuestra cabeza. Los demás no nos leen la mente. Los demás, por lo general, creen que hacer tal cosa será lo mejor para nosotros. NO tienen malas intenciones y por eso, cuando le decimos que no estamos de acuerdo, nos intentarán explicar los motivos, justificar su postura, convencer de que estamos equivocados.

Pero no porque nos quieran como esclavos, ni porque disfruten si nos convertimos en infelices al no hacer las cosas que necesitamos hacer, al no emprender el rumbo que en nuestro interior vibra por ser recorrido. NO. Tienen una visión diferente, quizás opinen desde el miedo a la escasez y pensando en lo mejor para nosotros insistan en que estamos equivocados.

El único error es abandonar nuestros sueños. Incluso aunque salgan mal, porque tenemos derecho a cometer errores y eso no nos convierte en fracasados. Cuando comencé a estudiar coaching ontológico y a formarme en inteligencia emocional y pnl, tenía un trabajo próspero. Teníamos, junto a mi esposo, una empresa que facturaba lo suficiente para ahorrar, para viajar, para comprarle a nuestros tres hijos sus caprichos y para comprar los nuestros. Pero a pesar de todo esto, no era lo que yo quería para mi futuro. Una tarde, me senté con mi esposo y le comuniqué mi intención de dejar la empresa. NO sería algo inmediato, no saldría corriendo tras acabar la charla. Primero acabaría la carrera, prepararía mi blog, conseguiría clientes y una vez que mi proyecto empezara a funcionar, quería dejar la empresa.

No fue nada fácil tener esa conversación. Mi miedo a la soledad era terrible en esos momentos. ¿Y si mi esposo no acepta mi decisión? ¿Y si se quiere separar, como pareja, porque yo tomé la decisión de dejar la empresa familiar? Los miedos eran grandes y variados. Pero como te decía, no fue “soltar la bomba y salir corriendo”, sino que esperé a acabar de formarme y a que los resultados comenzaran a ser visibles. No me iba tras una quimera, tenía resultados para demostrar que mi proyecto funcionaba. Incluso recuerdo que fue mi esposo quien un día me dijo: Creo que ya es hora de que solo te dediques al coaching. Y es día dejé de sentir miedo a la soledad. Era una oveja negra, si, pero tenía su apoyo y el apoyo de mi familia. Nunca es fácil. Tenlo presente. Pero podrás andar paso a paso el camino hacia tu propia felicidad, venciendo este miedo, y manteniendo el amor de las personas que amas.

 

 Viki Morandeira
Coach Ontológico
Viki Morandeira

Cuento: El buscador de Jorge Bucay

En este momento la gran mayoría de las personas están inmersas en una búsqueda: Como ser Feliz. En la búsqueda de la felicidad podemos cometer varios errores. A veces, podemos creer que nos falta algo para poder ser felices, podemos pensar que cuando lleguemos a tal punto lograremos la ansiada felicidad. Las personas sufren y se hunden cuando las situaciones de sus vidas no son perfectas…. incluso, ahora, con todo el tiempo que se pasa en interne, algunas personas sufren cuando ven que en las redes sociales los demás parecen ser más felices que ellos….

Es imposible ser feliz siempre si centramos nuestra búsqueda fuera de nosotros, en posesiones materiales o posiciones sociales. Quizás, para disfrutar de la felicidad solo sea necesario dejar de buscarla y aprender a encontrarla dentro nuestro, atesorando esos momentos mágicos y sintiéndonos afortunados por haberlos vivido, en lugar de sentirnos desafortunados porque ya han pasado.

yo quiero felicidad

Les dejo este cuento de Jorge Bucay, El buscador.

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador…

Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra.

Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina, a la derecha del sendero, le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada.

… Una portezuela de bronce invitaba a entrar.

De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.

El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor.

Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.

Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas.

El buscador se sintió terriblemente conmocionado.

Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba.

Una por una, empezó a leer las lápidas.

Todas tenían inscripciones similares, un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.

Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años…

Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó.

Lo miró llorar por un rato, en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

– No, ningún familiar – dijo el buscador – ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad?. ¿por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de niños?.

El anciano se sonrió y dijo:

– Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…

Cuando un joven cumple 15 años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgada al cuello.

Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anota en ella:

a la izquierda, qué fue lo disfrutado…

a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media? …

Y después … la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana? …

  • ¿Y el embarazo o el nacimiento de su primer hijo … ?
  • ¿Y el casamiento de los amigos … ?
  • ¿Y el viaje más deseado … ?
  • ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano … ?
  • ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?…. ¿horas?, ¿días? …

Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos….

Cuando alguien muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su lápida, porque ESE es, para nosotros, el único y verdadero tiempo VIVIDO .

Si te sientes triste, sumido en un estado de infelicidad, mira hacia atrás, toma una libreta, y suma todo el tiempo que has sido feliz. No te olvides de dar las gracias!!! Todo pasa, y este momento duro también pasará.

Viki Morandeira

Coach Ontológico