Cuento: Las cuatro estaciones

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Hay momentos en los que la vida parece torcerse… momentos en los que vemos a una persona y nos parece mentir que se esté comportando como se está comportando. Momentos en los que no entendemos porqué las cosas suceden como están sucediendo….  Y a veces, juzgamos por lo que vemos en “ese momento”.

Uno de los cuentos sobre emociones para adultos que he compartido en mi blog, en cierta forma relacionado con este tema, con “juzgar” las situaciones, es el cuento de El caballo perdido del anciano sabio.  Te invito a leerlo, luego de leer este otro cuento con moraleja…

CUENTO LAS CUATRO ESTACIONES

Había un hombre que tenía cuatro hijos. Quería que  aprendieran a no juzgar las cosas superficialmente; entonces envió a cada uno por turnos a ver un manzano que estaba a una gran distancia.

El primer hijo fue en el Invierno, el segundo en Primavera, el tercero en Verano y el hijo más joven en el Otoño. Cuando todos ellos  regresaron, les llamó y juntos les pidió que describieran lo que habían visto.

El primer hijo mencionó que el árbol tenía las ramas desnudas, que estaba doblado y retorcido.

El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.

El tercer hijo no estuvo de acuerdo,  dijo que estaba lleno de flores y colorido, que tenía un aroma muy dulce y se veía muy hermoso.DSC05262_opt

El último de los hijos también discrepó, dijo que estaba lleno de frutos y hojas,  repleto de vida y satisfacción.

Entonces el hombre les explicó a sus hijos que todos tenían  razón, pero que cada uno había visto solo una de las estaciones de la vida del árbol.

Les argumentó que no debían de juzgar a un árbol, o a una persona, por solo ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son,  su experiencia vital,  solo puede ser  medida al final, cuando todas las estaciones han pasado.

Si  te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano y la satisfacción del otoño. No dejes que el dolor de una estación destruya la dicha del resto.
No juzgues la vida por solo una estación difícil. Persevera a través de las dificultades y malas rachas… mejores tiempos seguramente vienen por delante.

Viki Morandeira 

Coach Ontológico

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Cuento: Las puntas del jamón

cuento la punta del jamon

¿Te cuestionas porqué haces las cosas como las haces? Muchas veces, en nuestro afán de hacer “lo mejor”, no tenemos en cuenta que hay muchas maneras de hacer lo mejor y que no solo la nuestra es la válida.

Permíteme compartir contigo este relato, que leí hace tiempo, en una versión diferente a la que recoge  Jorge Bucay en su libro, Cartas para Claudia. y que he variado ligeramente.

Cuento: Las puntas del jamón

Una noche, Mariana, está preparando la cena. Coge unas lonchas de jamón, le corta las puntas y las pone en la plancha para dorarlas ligeramente. Su esposo, al ver esto, le pregunta: ¿Por qué cortas las puntas a cada loncha de jamón?

Mariana, lo mira desconcertada, pero también contrariada, porque siente que con esa pregunta su esposo le está diciendo: “lo estás haciendo mal”. Y le responde. Se hace así.

¿Y porqué se hace así? le pregunta su esposo, aún más desconcertado por el tono que ha puesto Mariana en su respuesta.

Pues porque siempre lo hemos hecho así en mi casa, mi madre siempre lo ha hecho así. – fue la respuesta de Mariana. Y ahí quedó el tema…

A la semana siguiente, van a almorzar a casa de su madre, y Mariana, sin que su esposo la escuche, le pregunta, ¿Mamá, porqué hay que cortarle las puntas a la loncha del jamón? Su curiosidad, no era quizás tanto por saber, sino por demostrarle a su esposo que ella estaba en lo cierto. Su madre, le respondió: No lo sé, yo siempre lo he hecho así, porque tu abuela lo hacía siempre así. Espera, vamos a llamar a la abuela y se lo preguntamos.

La abuela, que estaba en el salón, escuchó la pregunta de las dos mujeres.

¿Mamá, porqué le cortas las puntas al jamón para cocinarlo?

Y la abuela, sorprendida por lo obvio de la pregunta, respondió: ¡Porque mi plancha es pequeña y si no le corto las puntas no entra!

A veces, tenemos absoluta certeza en que las cosas se hacen como nosotros las hacemos. No nos hemos cuestionado si hay otras maneras, iguales o mejores que la nuestra. Cuando alguien nos pregunta sobre algo que hemos hecho, decidido, de determinada manera, (la nuestra) podemos tomarnos esto como una crítica, como un ataque y responder a la defensiva. Nosotros tenemos un motivo, incluso aunque no lo conozcamos, incluso aunque sea un error, lo hacemos así porque nuestra mente dice que lo hagamos así.

¿Realmente nos están atacando cuando nos preguntan porqué tenemos que ir por tal calle y no por otra? ¿Realmente están criticando lo que hacemos cuando nos preguntan porqué ponemos la sal a la carne antes de ponerla en la plancha? Cuando una persona pregunta, lo hace porque no comprende, porque su mente le ha dicho que se hace de otra manera. NO nos están criticando o cuestionando.

También hay que tener en cuenta, que si la otra persona hace o decide algo, tiene sus motivos, aunque nosotros no los comprendamos y que al preguntarle, puede sentir que le atacamos, que no aprobamos su manera de hacer las cosas.

Hablar no es sinónimo de estar comunicándonos efectivamente. Cuando no entiendas, pregunta, pero deja claro que es para entender, no por juzgar. Cuando te pregunten, piensa que no te están juzgando, sino, intentando comprender porqué haces lo que haces, y que a esa persona le resulta extraño… su mente lo ve de otra manera.

Muchas veces, este tipo de conflictos, si se dan repetidamente, pueden ir mermando  la calidad de las relaciones. Por eso es importante tener en cuenta que si somos nosotros quienes no comprendemos, es necesario que cuidemos las formas, las palabras que utilizamos al preguntar, para que nuestra necesidad de comprender no sea el origen de un conflicto. Recuerda, que no es obligación del otro entenderte, sino una tarea nuestra explicarnos para ser entendidos. Es una tarea nuestra no herir al otro y si pensamos que puede sentirse esa persona cuestionada, juzgada, con nuestra pregunta, hemos de escoger bien las palabras para hacerla sin que le dañen.

Y si es a nosotros a quienes nos preguntan, recuerda que no es el afán del otro cuestionarte o juzgarte, sino, simplemente, comprender porque su mente no cortaría las puntas del jamón.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Cuento: El anciano, el niño y el burro.

cuento el anciano, el niño y el burro

 

¿Vives tu vida pendiente de las opiniones de los demás? ¿Te afecta lo que dicen y como lo dicen? ¿Das demasiado poder a esas opiniones sobre tu vida? Me gustaría compartir contigo un cuento al respecto

Un viejo y un joven viajaban con un asno. Al llegar a una aldea iban caminando al lado del animal y los niños se rieron al verlos pasar: “Mirad a esos tontos, tienen un asno robusto y van los dos andando. ¡Al menos el viejo podría subirse a él!”

Al escuchar a los niños, el anciano y el muchacho pensaron que deberían seguir el consejo, pues pronto llegarían a otra aldea y no querían que la gente se riera de ellos nuevamente. Así pues, el viejo se montó en el burro y el joven continuó andando.

Al entrar en el segundo pueblo un grupo dijo: “¡Mirad! El viejo montado en el burro y el pobre muchacho caminando”. Qué abusador, quizás lleva kilómetros caminando y el viejo ahí tan cómodo.

Pensaron que lo mejor era cambiar las posiciones antes de entrar en la tercera aldea, para evitar este comentario nuevamente. Fue allí cuando un par de mujeres les criticaron de nuevo: “¡Vaya muchacho más arrogante! Quizás el anciano es su padre o su maestro y va caminando, mientras él, a quien le sobran las fuerzas, va cómodamente sentado.”

Muchacho y anciano se miraron de nuevo desconcertados. ¿Qué podían hacer? Al final de una larga deliberación decidieron montarse ambos en el burro.

Era día de mercado y los comentarios se sucedían a su paso: “¡Mirad que gente tan cruel! El pobre burro está casi muerto por soportar tanto peso, ¡mejor harían cargándolo ellos sobre sus hombros!”burro

Discutieron otra vez y optaron por llevar el burro a cuestas, pues de otra manera pensaban que la gente les llamaría tontos. Cortaron un tronco largo y flexible, ataron al burro de las patas y lo colgaron del tronco, que llevaban entre ambos. El pobre animal trató de escapar, pero viejo y muchacho no pararon hasta conseguir transportar al burro de esa guisa.

Fue cuando estaban cruzando un puente cuando una multitud se reunió a su alrededor: “¡Vaya par de estúpidos! ¡En vez de montar el burro lo llevan a cuestas!”.

El burro, con tanto ruido y gentes, se puso tan inquieto que saltó y cayó al río, muriendo al instante. Ambos bajaron junto al animal muerto, y entonces el anciano habló al muchacho.

Y es que el anciano era un maestro que creaba situaciones, ya que creía que para aprender algo de verdad se tenía que presentar la situación:

-“Mira, así como el burro, estarás muerto si escuchas demasiado la opinión de los demás.

Son muchos, y cada uno tiene su pensamiento, por lo que dirán siempre cosas diferentes. Si escuchas a los otros en lugar de a ti mismo, siempre irás de un lado a otro sin rumbo propio”.

Escucha los consejos de la gente que te ama y te conoce, no las críticas o rumores de cualquiera.
Siempre habrá gente que hable mal de ti hagas lo que hagas.
No intentes conformar a todo el mundo.

Autor Desconocido.

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

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Cuento: Las Estrellas de Mar

¿Cuánto desilusiona pensar en todos los problemas del mundo verdad? Hambre, guerras, pobreza, falta de valores, falta de conciencia social. Por suerte no todos estamos faltos de valores.

Muchas personas tenemos grandes ideales. Sabemos que hay mucho por cambiar y nos gustaría hacerlo. Y si nos enfocamos en la cantidad de circunstancias por resolver, nos desmotivamos pensando que nuestro trabajo solo es una pequeña gota en el inmenso mar, solo es un pequeño esfuerzo en la ingente tarea de cambiar algunas injusticias. No te desanimes. Tu gota siempre hace que el océano sea más océano, como decía la Madre Teresa de Calcuta. Cada acción siempre impacta en la vida de alguien, por pequeña que te parezca. Toda acción tiene unas Sigue leyendo “Cuento: Las Estrellas de Mar”

Cuento: De paso

Qué sencillo sería todo si volviéramos a la esencia de nuestro ser….

Se cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la ciudad de El Cairo, Egipto, con
la finalidad de visitar a un famoso sabio. El turista se sorprendió al ver que el sabio vivía en un
cuartito muy simple y lleno de libros. Las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa
y un banco.
– ¿Dónde están sus muebles? – preguntó el turista.
Y el sabio, rápidamente, también preguntó:
– ¿Y dónde están los suyos…?
– ¿Los míos? – se sorprendió el turista. ¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso!
– Yo también… – concluyó el sabio.

“La vida en la tierra es solamente temporal… Sin embargo, algunos viven como si fueran aquedarse aquí eternamente y se olvidan de ser felices”.

 

viki Morandeira

 

 

Tu Coach Personal

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Cuento: Cosas que no se recuperan

cuentos coaching

 

El creer que nuestra mente tiene razón, muchas veces nos juega malas pasadas. Le hacemos caso, nos enfadamos con los demás por lo que nos dice nuestra mente de la conducta de los otros, pero no siempre tenemos razón…. déjame que te lo explique con este cuento de El libro de los Cuentos.

COSAS QUE NO SE RECUPERAN

Una muchacha estaba aguardando su vuelo en una sala de espera de un gran aeropuerto. Como debía esperar por muchas horas, decidió comprar un libro para matar el tiempo. También compró un paquete de galletas.
Se sentó en una butaca en la sala VIP del aeropuerto para poder descansar y leer en paz. Al lado de la butaca donde estaba la bolsa de galletas, se sentó un hombre que abrió una revista y comenzó a leer. Cuando ella tomó la primera galleta, el hombre también tomó una.
Ella se sintió indignada, pero no dijo nada. Apenas pensó: “Pero, que descarado”. “Si yo estuviese más dispuesta le daría un golpe en el ojo para que nunca más se le olvide.” Cada vez que ella tomaba una galleta, el hombre también tomaba una. Aquello la dejaba tan indignada que no conseguía reaccionar. Cuando quedaba apenas una galleta, pensó: “ah… ¿qué será lo que este abusador va a hacer ahora?”
Entonces el hombre dividió la última galleta por la mitad, dejando la otra mitad para ella. ¡Ah! ¡Aquello era demasiado! ¡Se puso a bufar de la rabia!
Entonces cerró su libro y sus cosas y se dirigió al sitio de embarque.
Cuando se sentó, confortablemente, ya en el interior del avión, miró dentro de la bolsa y para su sorpresa su paquete de galletas estaba allí… ¡todavía intacto, cerradito!
Sintió tanta vergüenza.
Sólo entonces percibió lo equivocada que estaba ¡Había olvidado que sus galletas estaban guardadas dentro de su bolsa!
El hombre había compartido sus galletas sin sentirse indignado, nervioso, consternado o alterado, mientras que ella quedó muy trastornada, pensando que estaba compartiendo las de ella con él. Y ya no había más tiempo para explicar… ni para pedir disculpas.

¿Cuántas veces, en nuestras vidas, estamos comiendo las galletas de los demás y no estamos conscientes de ello?
¡Antes de llegar a una conclusión, observa mejor! Tal vez las cosas no sean exactamente como piensas!  Tener una certeza no hace que eso siempre sea cierto
No pienses lo que no sabes acerca de las personas. No pelees porque creas tener la razón, la verdad, la certeza de que las cosas son como tu mente te dice que son….. puedes equivocarte y por tener la razón, dañar la relación con esa persona que tanto te importa.

 

“Existen” cuatro cosas en la vida que no se recuperan jamás:
– Una piedra después de haber sido lanzada.
– Una palabra, después de haber sido proferida.
– Una oportunidad, después de haberse perdido.
– El tiempo, después de haber pasado.

 

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

 

Cuento: Autobiografía en 5 Capítulos

El hombre, tropieza dos veces con la misma piedra. Esta frase célebre, que decimos casi sin pensar, es una realidad que ocurre a lo largo de nuestra vida muchas veces. Volvemos, una y otra vez, a repetir conductas que son tropiezos. Volvemos una y otra vez, a repetir patrones, paradigmas, que no nos dan el resultado que esperábamos. Y aun así, volvemos a caer. Claro que no siempre es así. Pero para ello, necesitamos frenar nuestro ritmo acelerado de vida, analizar qué ha ocurrido, porqué las cosas no han salido como esperábamos, qué podemos hacer, de manera diferente, para conseguir un resultado diferente.

A menudo, las situaciones que nos incomodan, que nos duelen, son nuestros “hoyos”. Día tras día y semana tras semana transitamos la misma línea de pensamientos y volvemos a caer en nuestro “hoyo”. Ese diálogo interno, con uno mismo, se repite como se repite un recorrido que caminamos día a día y que al final, acaba con nosotros cayendo dentro de ese hoyo.

Si en tu vida no estás consiguiendo los resultados que deseas, es probable, que tengas delante las mismas piedras de siempre….. Si en tu día a día, tu diálogo gira en torno a las mismas situaciones, con las mismas personas, doliendo sin poder hacer nada, es el momento de pensar si no hay otro camino….

Te dejo este bonito cuento para reflexionar sobre esto.

AUTOBIOGRAFÍA EN CINCO CAPÍTULOS
de Nyoshul Khenpo
1
Bajo por la calle.
Hay un enorme hoyo en la acera.
Me caigo dentro,
Estoy perdido… impotente.
No es culpa mía.
Me tardo una eternidad en salir de allí.
2
Bajo por la misma calle.
Hay un enorme hoyo en la acera.
Hago como que no lo veo.
Vuelvo a caer dentro.
No puedo creer que esté en ese mismo lugar.
Pero no es culpa mía.
Todavía me tardo mucho tiempo en salir de allí.
3
Bajo por la misma calle.
Hay un enorme hoyo en la acera.
Veo que está allí.
Igual caigo dentro… es un hábito.
Tengo los ojos abiertos.
Sé donde estoy.
Es culpa mía.
Salgo inmediatamente de allí.
4
Bajo por la misma calle.
Hay un enorme hoyo en la acera.
Paso por el lado.
5
Bajo por otra calle.
Este hermoso cuento tibetano nos muestra como la reflexión puede traernos poco a poco la sabiduría al llegar a darnos cuenta de ese hoyo, de esas conversaciones infructíferas, de esos diálogos internos, de esas situaciones repetidas en las que caemos una y otra vez, en las que nos mantenemos caminando por esas pautas de conducta fijas y repetitivas. En nosotros está despertar y permitirnos sentir el anhelo de librarnos de ellas, (de esquivar el hoyo en la acera). Naturalmente, podemos recaer alguna vez, pero poco a poco podemos deshacernos de ellas y cambiar, (hasta bajar por otra calle).

En nosotros está seguir cayendo en los mismos hoyos, tropezar con las mismas piedras o elegir caminos, actitudes, conductas, opciones diferentes.

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

www.facebook.com/viki.morandeira

Cuento: Ahora (de El libro de los Cuentos)

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Muchas veces, en la vida, esperamos el momento oportuno. Esperamos tener la preparación perfecta. Aguardamos hasta que algo nos diga que ahora es el momento…. Deja de esperar… Es Ahora. Simplemente, ahora.

AHORA


Nos convencemos a nosotros mismos que la vida será mejor después que nos casemos. Después lo importante es tener un hijo. Y después tener otro.

Entonces, nos sentimos frustrados de que los hijos no son lo suficientemente grandes, que nos
dan trabajo y que seremos más felices cuando lleguen a adultos.

Después de eso, nos frustramos porque son adolescentes (difíciles de tratar). Ciertamente
seremos más felices cuando salgan de esa etapa.

También podemos decirnos que nuestra vida estará completa cuando a nuestra pareja le vaya
mejor, cuando tengamos un mejor auto o una mejor casa, cuando nos podamos ir de  vacaciones, cuando estemos retirados…

La verdad es que no hay mejor momento para ser felices que AHORA. Si no es ahora ¿cuando?

Tu vida estará siempre llena de retos. Es mejor admitirlo y decidir ser felices de todas formas.
Por largo tiempo parecía para mi que la vida estaba a punto de comenzar; la vida de verdad.
Pero siempre había algún obstáculo en el camino, algo que resolver primero, algún asunto sin
terminar, tiempo por pasar, una deuda que pagar. Entonces la vida comenzaría. Hasta que me
di cuenta que estos obstáculos eran Mi Vida.”

Esta perspectiva me ha ayudado a ver que no hay un camino. Así que atesora cada momento que tienes, y atesóralo más cuando lo compartiste con alguien especial, lo suficientemente especial para compartir tu tiempo. Y recuerda que la vida esta hecha de ese tiempo, y que el tiempo no espera por nadie.

Así que deja de esperar hasta que termines la escuela, hasta que vuelvas a la escuela, hasta
que bajes 10 kilos, hasta que tengas hijos, hasta que tus hijos se vayan de casa, hasta que te
cases, hasta que te divorcies, hasta el viernes por la noche, hasta el domingo por la mañana,
hasta la primavera, hasta el verano, hasta el otoño o el invierno… o hasta que mueras, para
decidir que no hay mejor momento que este para ser FELIZ. La vida es un trayecto, no un
destino.

Trabaja como si no necesitaras dinero,
Ama como si nunca te hubieran herido,
Canta como si nadie te oyera,
Y baila como si nadie te viera

(Del libro El libro de los Cuentos)

Ahora, a esta hora, justo en este preciso instante está ocurriendo. Tu vida va pasando y cada segundo vivido no regresa. Deja de esperar el momento oportuno. No hay ningún calendario que tenga un día señalado de tal manera. Tu vida, es AHORA. Si tienes metas, sueños, objetivos, si quieres ser feliz…. Empieza Ahora!

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

www.facebook.com/viki.morandeira

Cuento: Nunca te Ates

el aguila y el halcon
Nunca te ates

Muchas veces, creemos que nuestra pareja es nuestra vida. Vivimos pensando y haciendo lo mejor para nuestra pareja, olvidándonos de nosotros mismos.

Eso, no solo es perjucicial para uno, sino también para el otro. Muchas crisis de pareja, tienen como origen una excesiva dependencia emocional por una de las partes.

Otras veces, creemos que nuestra pareja tiene que ser como nuestra sombra, que tiene que tener una perspectiva de futuro igual a la que tenemos nosotros, que tiene que hacer las cosas de igual manera que nosotros las haríamos…. le queremos como un reflejo, como si fuera una continuación de nuestra mente.

Si quieres tener una vida feliz, tienes que recordar, que la felicidad es responsabilidad de cada uno y no de nuestras parejas. Si deseamos una pareja feliz tenemos que recordar que si nuestra pareja nos dice que si para no escucharnos más, eso es perjudicial a corto plazo y mortal para nuestra pareja a largo plazo.

Comparto contigo un cuento para ejemplificar este pensamiento.

NUNCA TE ATES

Una vez un guerrero indígena muy respetado y la hija de una mujer que había sido matrona de la tribu, se enamoraron y se amaban profundamente. Habían pensado en casarse, para lo cual tenían el permiso del cacique de la tribu.

Pero antes de formalizar el casamiento fueron a ver al Brujo, un hombre muy sabio y muy poderoso, que tenía elixires, y conjuros, hierbas increíbles, para saber si los astros estaban a su favor y si los Dioses los iban a proteger.

El brujo, les dijo que ellos eran buenos muchachos, jóvenes y que no había ninguna razón para que los dioses se opongan. Entonces ellos le dijeron que querían hacer algún conjuro que les diera la formula para ser felices siempre…

El brujo les dijo:

– Bueno hay un conjuro que podemos hacer, pero no sé si están dispuestos porque es bastante trabajoso.

– Sí, claro-, le dijeron.

Entonces el brujo le pidió al guerrero que: escale la montaña más alta, busque allí al halcón más vigoroso, el que vuele más alto, el que le parezca más fuerte, el que tenga el pico más afilado, y que vivo, se lo traiga.

Y el brujo le dijo a ella: a ti no te va a ser tan fácil, vas a tener que internarte en el Monte, buscar el águila que te parezca que es la mejor cazadora, la que vuele más alto, la que sea más fuerte, la de mejor mirada, vas a tener que cazarla sola, sin que nadie te ayude y vas a tener que traerla viva aquí.

Cada uno salió a cumplir su tarea. Cuatro días después volvieron con el ave que se les había encomendado, y le preguntaron al brujo:

– ¿Ahora qué hacemos?, ¿las cocinamos?, ¿las comemos?, ¿tomamos su sangre?, ¿qué hacemos con ellas?”

El brujo les dijo: – “Vamos a hacer el conjuro. ¿Volaban alto?”, preguntó.

– “Sí”, le dijeron.

– “¿Eran fuertes sus alas, eran sanas, independientes?”

– “Sí”, contestaron.

– “Muy bien”, dijo el brujo, “Ahora átenlas entre sí por las patas y suéltenlas para que vuelen”…

Entonces el águila y el halcón comenzaron a tropezarse, intentaron volar, pero lo único que lograban, era revolcarse en el piso, y se hacían daño mutuamente, hasta que empezaron a picotearse entre sí.

Entonces el brujo de la tribu les dijo: – “Este es el conjuro: Si ustedes quieren ser felices para siempre:

VUELEN INDEPENDIENTES Y JAMÁS SE ATEN EL UNO AL OTRO”

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

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