Cuento: Dolor y Sal

salt-3200952_640Nadie tiene un escudo tan poderoso como para evitarse pasar por algunos malos momentos a lo largo de su vida.

Ni siquiera tener la fortuna de ser una persona optimista, que ha heredado esa condición de su padre o de su madre, que la ha heredado a su vez de alguno de sus padres.. ni el más grande de los optimistas puede librarse de experimentar dolor.

Somos humanos, seres sensibles, que vivimos situaciones tristes, que nos lastiman, pero también somos seres con empatía, que sufrimos al ver injusticias y el sufrimiento de los demás.

¿Qué hacemos con nuestro dolor? 

En primer lugar, de nada sirve negarlo. De nada sirve negar nuestras emociones. Porque además de seres emocionales, somos seres pensantes, racionales. ¿Y sabes qué? Tu mente te juzga. Si no lloraras ante la muerte de un ser querido, tu mente te comenzaría a cuestionar qué por qué no has llorado, qué quizás no le querías tanto…etc. Cuando seguramente eso no es así y habría otros motivos diferentes (ser hombre, intentar “estar bien” para que no sufran otras personas a quienes quieres proteger”, etc)

Los sentimientos,  todos, son necesarios y nos muestran nuestra esencia de seres humanos emocionales. Eso sí… ¿Qué actitud tenemos ante algunas circunstancias que nos duelen, que nos molestan?

Algunas veces, algunas personas, eligen la queja para expresar su rabia, su frustración, su dolor, y se quejan de que podría haberse hecho algo antes, luego de que ya no se hubo hecho, o se quejan de lo sucedido, de lo que no les ha gustado, de lo que ha dolido….

Hay cuentos para reflexionar, cuentos con moraleja, cuentos de coaching, relatos que sirven para que miremos nuestra realidad desde un punto de vista diferente. Les dejo este.

CUENTO: LA SAL

Un anciano y sabio maestro hindú pasaba las tardes con un joven aprendiz. Una de esas tardes, cansado de escuchar cómo el aprendiz se quejaba de todo, decidió darle una enseñanza.

Y así, una mañana, le pidió que trajera algo de sal. Cuando el aprendiz volvió, el maestro dijo al joven infeliz que cogiera un puñado de sal y lo pusiera en un vaso de agua.

-Bébelo – le dijo el maestro al joven. Y acto seguido le preguntó.
-¿Cómo sabe? –
-Salada – dijo el aprendiz con una grotesca muesca en su cara.

El maestro se echó a reír y sin decir nada, pidió al joven que tomara el mismo puñado de sal y que lo siguiera. Ambos caminaron en silencio hasta un lago cercano y allí, el maestro le pidió al joven que echara el puñado de sal al agua. Luego, el anciano dijo:
-Ahora bebe del lago.
Cuando hubo bebido el maestro le preguntó:
-¿Cómo sabe?
-Fresca – comentó el aprendiz.
-¿Notas la sal? – preguntó el maestro.
-No – dijo el joven.

Seguidamente, el maestro se sentó junto al joven serio, que tanto le recordaba a sí mismo, y tomándole las manos, le dijo:
El dolor de la vida es pura sal; ni más ni menos. La cantidad de dolor en la vida es la misma de siempre. Pero lo notaremos más o menos salado dependiendo del recipiente en el que lo pongamos. Así, cuando sientas dolor, lo único que puedes hacer es ampliar tu visión de las cosas… Deja de ser un vaso, conviértete en un lago.


Hay momentos en la vida en los que el dolor nos sabe terriblemente amargo… en esos momentos es necesario convertirnos en un lago, ampliar nuestra visión, separarnos del dolor para poder verlo de lejos, siendo un observador distinto.

Da igual si ese dolor es nuevo, o si es antiguo. Siempre podemos elegir Sanar y si nos cuesta hacerlo solos, también podemos pedir ayuda.

Taller Sanación Emocional. Como perdonar y olvidar. 

Viki Morandeira

Coach Ontológico

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