Sobre el Matrimonio, del libro El profeta de Khalil Gibran

el profeta khalil gibran

Hace unos días, en uno de esos retos que circulan por las redes sociales, una muy buena amiga me retó a compartir 7 días, 7 libros. Ella me nominó compartiendo el libro El hombre en busca de sentido, de Víctor Frankl. Un libro que leí hace diez años y que me ayudó a tomar fuerzas en un momento duro de mi vida. Ahora me tocaba a mí, una vez aceptado el reto, compartir un 7 libros. No sabía cuál elegir, así que caminé hasta la biblioteca y tomé uno pequeño, antiguo, de hojas de un color entre marrón y amarillo… señal de los muchos años de este libro. El Profeta, de Khalil Gibran.

Este libro, que a está a un lustro de cumplir 100 años de su publicación, maravilla por su sencillez, por su la verdad casi universal de sus conceptos.

En este les comparto un fragmento, cuando Almitra pregunta al poeta diciéndole: ¿Qué nos diréis sobre el Matrimonio, maestro?

 

Amad con devoción,

pero no hagáis del Amor una atadura.

Haced del Amor un mar móvil

entre las orillas de vuestras almas.

Llenaos uno al otro la copa,

pero no bebáis de la misma copa.

Compartid vuestro pan,

pero no comáis del mismo trozo.

Cantad y bailad juntos y estad alegres,

pero que cada uno de vosotros sea independiente.

Las cuerdas de un laúd están separadas

aunque vibren con la misma música.

Dad vuestro corazón,

pero no para que vuestro compañero

se adueñe de él.

Porque sólo la mano de la Vida

puede contener los corazones.

Y permaneced juntos,

pero no demasiado juntos.

Porque los pilares sostienen el templo,

pero están separados

Y ni el roble crece bajo la sombra del ciprés,

ni el ciprés bajo la del roble.

El ser humano busca estar en pareja desde hace millones de años. Pero aún no hemos aprendido cómo hacerlo sin sufrimiento, sin dolor. Deberíamos ser expertos en algo que forma parte de la esencia de nuestra especie. Nos necesitamos mutuamente para continuar poblando la tierra en la que vivimos. Nos necesitamos para engendrar a nuestros hijos, pero cada vez más para compartir la crianza, el sustento, la seguridad, el amor tan necesarios para que nuestros hijos conformen su propia vida, sean la próxima generación.

Y aun así no hemos aprendido a vivir ese amor sin ataduras,

Amamos con “posesivos”, “mi mujer”, “mi marido”, porque no hemos aprendido a amar sin la atadura de la posesión.

Amamos buscando que nuestra razón sea aceptada  como “La Verdad”, con la necesidad de que se nos de la razón en las discusiones, sin comprender que es bueno estar de acuerdo en que NO en todo estaremos de acuerdo.

Amamos sin comprender que nuestras diferencias son beneficiosas y que es bueno aceptarlas pero sobre todo respetarlas.

Amamos sin entender que el amor no puede asfixiar, imponer o decidir por el otro.

Amamos sin tener en cuenta que cada uno necesita su propio camino, a la par, pero no el mismo.

Amamos queriendo ayudar cuando hacerlo debilita al otro, que al ser ayudado, no aprende por si mismo a resolver.

Amamos faltos de inteligencia emocional y convertimos la convivencia en un griterío constante, donde las prisas por llegar puntuales son más importantes que la sonrisa y la serenidad.

Amamos faltos de empatía cuando intentamos convencer al otro que hacerlo a nuestra manera será mejor, sin pararnos a pensar que lo que es mejor para mi puede no serlo para mi pareja.

Amamos poniendo como prioridad aspectos materiales de la vida, excediéndonos en las horas de trabajo, buscando el mejor sueldo porque pensamos que así la familia está mejor, pero pagándolo con nuestra infelicidad.

el arte de no amargarse el matrimonioAmamos ingenuamente, como digo en mi libro, El arte de NO amargarse el Matrimonio,

Ingenuamente “Nuestro matrimonio es algo que ya no ponemos en duda, nuestra relación está por encima de todo. Ingenuamente, vemos a otros separarse, pero seguimos pensando que eso es cosa de los demás, no nuestra.”

Amar es un verbo, es una acción y podemos estar “accionando” equivocadamente. De lo contrario no se explica que cada vez aumente el número de divorcios, de fracasos, en algo que llevamos necesitando hacer bien, por la continuidad de nuestras sociedades, desde hace millones de años.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

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La Ira. Cuento: La barca vacía

como controlar la ira La ira es una de las emociones que puede tener una expresión más visible, explosiva en algunos casos. Cómo controlar la ira es lo que nos plantearemos  en el post de hoy, con la ayuda de un cuento Zen, titulado, La barca vacía.

¿De donde viene la ira?

Nadie nace con ira. ¿Te has puesto a pensar en esto? Si lloramos, de bebes, lo hacemos por hambre, frío, miedo, pero no es por rabia hacia  los demás.

Poco a poco, nuestro ego, cuando quiere conseguir algo y no lo logra, puede ir experimentando frustración, rabia. Y también cuando esperamos algo de alguien y eso sucede al contrario como lo esperábamos…

A veces, sin darnos cuenta, vamos llenándonos de ira,de rabia, de indignación, y es como poner una pava al fuego. Cada nueva situación, similar a la ocasión previa en la que experimentamos rabia, se va acumulando, como el calor dentro de la pava, hasta que el agua hierve y se convierte en vapor que busca salir haciendo ruido, silbando con fuerza.  No en vano en los dibujos animados, cuando querían que viéramos el enojo de alguno de los personajes, les salía humo por las orejas…. ¿recuerdas?

La primera vez que le pedimos a nuestros hijos que se  vistan, puede que lo hagamos con tranquilidad. Si se va acercando la hora de salir, y aún no están listos, nos vamos sintiendo más y más tensos. Estamos sobre el fuego… “calentándonos”. Hasta que puede llegar un momento en el que en lugar de seguir hablando con dulzura, estamos “hirviendo” y nuestras palabras salen a borbotones, de forma explosiva…

Cuando somos incapaces de frenar continuos ataques de ira bien sea con nuestros hijos, con nuestra pareja, con familiares, es necesario asumir que somos nosotros los responsables de mejorar esta situación. Se puede.

¿Sabes cómo controlar la ira? Permíteme compartir contigo este cuento

La barca vacía

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Un maestro zen, en una charla con sus aprendices, relató lo siguiente:
“Un hombre tenía una pequeña barca, y solía ir al lago solo. Se quedaba allí durante horas y horas. 
Una tarde muy hermosa, mientras estaba meditando, con los ojos abiertos, notó que otra barca se dirigía hacia su posición. A medida que se acercaba aquella barca, el  hombre comenzó a sentirse incómodo.

¿Qué hacía navegando en su dirección, perturbándole en su remanso de paz? Conforme la barca más se acercaba, nuestro hombre más y más se ofuscaba. Pronto comenzó a levantar los brazos, gritar y hacer señas enfadado, para que el propietario de esa barca corrigiera el rumbo y se marchara hacia otro lugar.

¡Que falta de consideración, con tanto lago, con tanto espacio, tener que venir aquí, donde yo estoy, para molestarme! Su ira seguía en aumento, hasta que la embarcación, flotando, llegó hasta su posición golpeando su barca. En ese momento, al borde de la mayor de las iras, solo pensaba en poder ver a ese hombre, para decirle algo… cuando se dio cuenta que la barca estaba vacía.   No había forma de continuar. ¿A quién iba a gritarle descargando su rabia si aquel bote estaba vacío?

¿Qué posibilidad quedaba de proyectar su ira hacia  un bote donde no había nadie a bordo, que flotaba corriente abajo, sin rumbo?  

No era  la barca la que le había traído la ira a nuestro hombre. Su rabia era real, pero al comprobar que no había nadie en aquella barca, también pudo comprobar que él, y solo él, había sido quien había dado origen a esa ira, alimentándola más y más con sus pensamientos, a medida que la barca se deslizaba hacia él, hasta darle.

Si en la barca hubiera habido un hombre, esa ira, originada en su interior, alimentada por él, habría sido “escupida” con fuerza y agresividad. En cambio, al no haber nadie en la barca, nuestro hombre pudo aprender que los demás, no son los que nos traen la ira, son como barcas vacías. Y también hizo otro valioso aprendizaje. Cuando, por el contrario, si otra persona fuese quien llegase a él cargada de ira, simplemente, podía no tomarlo como algo personal, porque a fin de cuentas, la ira no la provocan los otros, la alimentamos nosotros. Además, como el no podía hacer daño, a una barca vacía, también aprendió a evitar que el enfado de otros le hiciera daño alguno, sintiéndose el mismo, una barca vacía a la deriva.

Cuentos para trabajar la rabia

En el taller de Inteligencia Emocional, uno de los 10 temas que trabajamos, es la rabia. Podemos pensar que es fácil, con ejercicios controlar la ira, pero es más bien un trabajo de comprensión. Un proceso de autoconocimiento, para llegar a las raíces de estas emociones, porque de nada sirve “controlar” la ira, si en algún momento perdemos el control y explota peor que antes. Nuestro trabajo en este taller es adquirir la inteligencia emocional suficiente para no tener nada que controlar, sino, simplemente, comprender que incluso es normal en determinado momento experimentar rabia, enojo, ira, y que a pesar de esas emociones, podemos hacer una expresión adecuada de esa emoción, sin perder el control de nuestras acciones.

Ser emocionalmente inteligente NO es controlar nuestra ira, sino, incluso si llegamos a sentir rabia, ser nosotros quienes decidimos y elegimos cómo expresar esa emoción, sin hacer nada de lo que después podamos arrepentirnos o sentirnos avergonzados.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Cuento: Las cuatro estaciones

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Hay momentos en los que la vida parece torcerse… momentos en los que vemos a una persona y nos parece mentir que se esté comportando como se está comportando. Momentos en los que no entendemos porqué las cosas suceden como están sucediendo….  Y a veces, juzgamos por lo que vemos en “ese momento”.

Uno de los cuentos sobre emociones para adultos que he compartido en mi blog, en cierta forma relacionado con este tema, con “juzgar” las situaciones, es el cuento de El caballo perdido del anciano sabio.  Te invito a leerlo, luego de leer este otro cuento con moraleja…

CUENTO LAS CUATRO ESTACIONES

Había un hombre que tenía cuatro hijos. Quería que  aprendieran a no juzgar las cosas superficialmente; entonces envió a cada uno por turnos a ver un manzano que estaba a una gran distancia.

El primer hijo fue en el Invierno, el segundo en Primavera, el tercero en Verano y el hijo más joven en el Otoño. Cuando todos ellos  regresaron, les llamó y juntos les pidió que describieran lo que habían visto.

El primer hijo mencionó que el árbol tenía las ramas desnudas, que estaba doblado y retorcido.

El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.

El tercer hijo no estuvo de acuerdo,  dijo que estaba lleno de flores y colorido, que tenía un aroma muy dulce y se veía muy hermoso.DSC05262_opt

El último de los hijos también discrepó, dijo que estaba lleno de frutos y hojas,  repleto de vida y satisfacción.

Entonces el hombre les explicó a sus hijos que todos tenían  razón, pero que cada uno había visto solo una de las estaciones de la vida del árbol.

Les argumentó que no debían de juzgar a un árbol, o a una persona, por solo ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son,  su experiencia vital,  solo puede ser  medida al final, cuando todas las estaciones han pasado.

Si  te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano y la satisfacción del otoño. No dejes que el dolor de una estación destruya la dicha del resto.
No juzgues la vida por solo una estación difícil. Persevera a través de las dificultades y malas rachas… mejores tiempos seguramente vienen por delante.

Viki Morandeira 

Coach Ontológico

Cuento: La prisión del odio

¿Quién sufre cuando años después de una situación dolorosa, injusta, aún conserva odio y rencor en su corazón?

La vida no siempre nos trata bien, no siempre es justa y puede tocarnos vivir situaciones de injusticia terribles. ¿Es justo el maltrato que sufrimos a manos de nuestra pareja o de nuestro padre o madre? ¿Es justo que una persona sufra y sea maltratada por otra? El maltrato en ningún momento puede considerarse justo, ni merecido, ni nada por el estilo!!! ¿Es justo que por una negligencia médica perdamos a un ser querido? ¿Es justo que por un conductor ebrio otra persona, solo por coincidir en tiempo y lugar, sufra las consecuencias de las malas decisiones de otra? La vida puede enfrentarnos a situaciones de injusticia, dolorosas, que pueden resultar difíciles de aceptar.

Aceptar el pasado y poder perdonar, incluso aunque nadie nos haya pedido perdón, no significa que lo que no has sucedido no fue importante, no significa que no fue algo grave o terrible… Perdonar nos hace un bien a nosotros. Comparto contigo este cuento, y luego, continuamos reflexionando sobre como aprender a perdonar. 

Cuento: La prisión del odio

Dos hombres habían compartido injusta prisión durante largo tiempo en donde recibieron todo tipo de maltratos y humillaciones. Una vez libres, volvieron a verse años después. Uno de ellos preguntó al otro:

– “¿Alguna vez te acuerdas de los carceleros?”

– “No, gracias a Dios ya lo olvidé todo”, contestó. “¿Y tú?”

– “Yo continúo odiándolos con todas mis fuerzas”, respondió el otro.

Su amigo lo miró unos instantes, luego dijo:

– “Lo siento por ti. Si eso es así, significa que aún te tienen preso”

Aferrarte a la ira es como agarrar un carbón ardiendo para tirárselo a otra persona_opt

 

A veces, nos decimos a nosotros mismos. Debo perdonar. Debo perdonar….

¿Es verdad que “debas” perdonar?  ¿Es realmente un deber, una obligación?  NO, nadie está obligado a perdonar a nadie. No es una obligación. Si de pequeños, peleábamos con alguien , con nuestra prima o un hermano y nuestros padres nos decían, tienen que perdonarse… ¿Realmente nos perdonábamos? Quizá decíamos, Bueno, te perdono, pero solo para que nuestros padres o abuelos no siguieran con el sermón!!!

Perdonamos cuando decidimos dejar de cargar el dolor, cuando decidimos que queremos estar en paz, cuando decidimos que ya hemos sufrido suficiente.

Perdonar es una decisión personal, no es un deber, ni significa que no te dolió lo que sucedió, ni tampoco hay relación directa entre la gravedad de la ofensa y el tiempo que “debamos” permanecer sin perdonar, para que se den cuenta de lo grave de su acto.

Nuestra mente, SE RESISTE. Porque tiene un concepto equivocado del perdón. Podemos creer que al perdonar, lo que transmitimos a la otra persona, a los demás, es que no fue tan grave. Creemos incluso que algunas ofensas, algunos hechos,  “no deberían perdonarse”. Y así, desde este creencia limitante, estamos limitando nuestra capacidad de volver a ser felices. Nos negamos a nosotros mismos la felicidad, la paz.

Perdonar es un proceso complejo, y muchas veces requiere ayuda específica para poder llevar a cabo ese proceso. Entenderlo y así poder transitarlo, paso a paso hasta recuperar la libertad para nuestra mente, para nuestro corazón.

Perdonar es una elección que hacemos en nuestro corazón, y a veces, antes de poder perdonar, necesitamos ACEPTAR que hemos vivido esa situación.

El día que yo pude decir, para mi, pero en voz alta, Esto fue lo que me sucedió, y lo acepté, como parte del pasado, como algo que había sucedido, como algo que le sucedía a millones de personas en el mundo y no algo excepcional que solo me había ocurrido a mi, ese día me sentí libre.

Dice una frase: Aquello que te resistes, persiste. Lo que aceptas, se diluye. 

Podemos permanecer, como uno de los personajes del cuento, siendo prisioneros de los sucesos de nuestro pasado…  Podemos tomar con nuestra mano un carbón ardiente cada vez que volvemos a recordar ese pasado que no hemos aún perdonado. Pero también podemos tomar una decisión de AMOR hacia nosotras, hacia nosotros y comenzar un proceso de perdón. Nuestra decisión comienza en un instante, cuando podemos decirnos Elijo estar en paz. Elijo perdonar.

Y comienza así el trabajo de sanación, inicia el proceso del perdón, la aceptación, la comprensión de lo vivido. Puedes hacerlo, por ti. Y puedes pedir ayuda. Perdonar es liberarte de esa cárcel en el que aún estás.

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Viki Morandeira 

Coach Ontológico

Taller Sanación Emocional. Como perdonar y olvidar. 

Cuento: La historia de las llaves

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Existen cientos de cuentos cortos para motivar a dar un paso fuera de la zona de confort, para adentrarnos en esa zona desconocida, donde todo es nuevo y nos sentimos inseguros. Quizás este cuento La historia de la llave, es uno de los más sencillos de recordar para poder aplicarlo en nuestra vida diaria.

Cuento: La historia de las llaves.

Una noche, mientras paseaba por mi barrio, me encontré a un hombre que buscaba desesperadamente algo. Me sorprendió observar que, mientras se llevaba las manos a la cabeza y decía sin cesar, “¿dónde se habrán caído?”, daba vueltas y vueltas dentro un círculo muy reducido cuyo centro era una farola…

Me acerqué y le pregunté si le podía ayudar.

– ¿Puedo ayudarle?

– Sí, claro, por supuesto…

– ¿Qué ha perdido?– le pregunté mientras comenzaba a buscar sin saber qué buscaba.

– Las llaves de mi casa. ¡¡Las malditas llaves de mi casa!!– me contestó con un tono de angustia en su voz.

– No se preocupe– le dije para tranquilizarle-seguro que las encontramos. Me puse a buscar, y mientras lo hacía le pregunté

– ¿Está seguro de que se le cayeron por aquí?

– Pues la verdad es que no – me contestó – pero aquí hay luz.

Cuando tenemos algo que resolver, buscamos en el pasado, en la experiencia previa ya que ahí es donde tenemos “luz” pero no siempre la solución estará ahí. Cuando la situación a la que nos enfrentamos es NUEVA, o hasta ahora no hemos podido resolverla con las herramientas y conocimientos que ya tenemos, seguir buscando en “la luz”, en el pasado, puede ser como el sucedo del cuento, permanecer buscando en la “farola” dando vueltas alrededor de la luz.

En lo nuevo, en lo que está oscuro, en aquellas situaciones que están fuera de nuestra zona de confort podemos sentir inseguridad, miedo y, por lo tanto, muchas veces vamos retrasando el momento de enfrentarlo, lo rechazamos.

Si otros ya pudieron resolver esa situación antes, ¿qué te impide a ti poder comprender y aprender a resolverlo? Posiblemente puedes resolverlo, si dejas de buscar alrededor de lo ya conocido, si desde el valor decides enfrentar la situación “con una linterna”.

¿Cuáles pueden ser esas linternas?

  • 1.- Creatividad.  

No se consiguen nuevos retos,  ni nuevos resultados siendo el mismo, buscando solo en la zona de luz. Un nuevo reto requiere un nuevo “yo”, requiere utilizar la creatividad para enfrentarnos a aquello que aún no hemos hecho.

  • 2.- Optimismo.

El miedo puede ser una de las fuentes de mayor oscuridad. Si en nuestra mente solo albergamos pensamientos derrotistas, negativos, si sentimos que no podemos dejar de ser pesimistas, es probable que estemos paralizados. Por eso el optimismo es una de las mejores linternas que podemos llevarnos al buscar ampliar nuestra zona de confort. ¿Porqué pensar que puede salir mal si cuesta lo mismo y es más productivo pensar que puede salir bien? Inténtalo.

  • 3.- Atreverse a cometer un error. 

Otra de las situaciones que nos hacen seguir buscando en la luz, en el pasado, es el miedo a cometer un error. Tenemos un gran temor al error, porque solemos creer que equivocarnos es demostrar que somos menos inteligentes, menos capaces….  A veces es necesario grabarnos a fuego que el aprendizaje llega con el intento, llega con atrevernos a hacer algo incluso sabiendo que podemos equivocarnos. Equivocarse no es un error, el error es no arriesgarse a fallar.

  • 4.- Aceptar el error con humildad

Dicen que errar es humano, ¿verdad? Cuando intentamos ocultar un error, cuando lo tapamos para que los demás no se den cuenta de que nos hemos equivocado, estamos demostrando arrogancia. Es arrogante creernos perfectos!! Recuerda aquella frase que dice: Solo sé que no sé nada. Solo un sabio puede asumir con total humildad que es humano, que la verdadera sabiduría está en asumir nuestra propia ignorancia, como decía Sócrates.

¿Qué vas a hacer la próxima vez que sientas miedo ante una situación que aún no has tenido que enfrentar? ¿Dudar, paralizarte, buscar en lo que ya sabes, dar vueltas y vueltas junto a la farola?

En lugar de alimentar el pesimismo, intenta pensar en que puede salir bien y que incluso, si algo sale mal, eso será una fuente de aprendizaje. La única manera de ganar confianza en uno mismo es arriesgándose a que pueda salir mal. Cuando lo logramos, cuando al fin vemos que hemos llegado a la meta, la sensación de satisfacción interior nos da fuerzas para creer cada día más en nosotros.

Quien no hace, no crece. Quien no se equivoca, no aprende. Quien no teme, no está haciendo nada nuevo.

Viki Morandeira

Coach Ontológico.

Taller Libera tu Potencial con PNL

Hay cosas que no se pueden perdonar ¿o sí?

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A lo largo de nuestra vida todos hemos sentido que nos lastimaban. Y no me refiero a un dolor físico, a un golpe, sino a ese dolor emocional que se nos queda dentro cuando alguien hizo algo que no esperábamos, o cuando no hizo algo que sí esperábamos. Podemos tener incluso situaciones que no hemos perdonado y que han ocurrido muchos años atrás.

Vivir sin perdonar a las personas que nos han lastimado implica tener ese dolor presente, esa herida abierta y escarbarla cada vez que recordamos lo ocurrido. ¿Podemos hacer algo? Si, podemos perdonar.

Perdonar es algo simple.

Si en este momento sientes en tu interior que estoy equivocada, que no tengo ni idea de lo que digo y que algunas cosas no se pueden perdonar, te entiendo perfectamente. Hay ofensas que sentimos tan grandes, que dañan nuestro interior de una manera tal que resulta imposible creer que se pueda llegar algún día a perdonar.

Cuando te cuesta perdonar, es necesario que te preguntes: ¿quien sufre en este momento? Tú. ¿Verdad? Cuando uno no ha perdonado algo, es la principal persona que sufre. Es necesario recordar qué perdonar, es, en si mismo, un acto en el que dejamos de sentirnos víctimas de un verdugo. Perdonar es hacer las paces con el pasado, para poder continuar avanzando hacia el futuro sin ese lastre, sin esa herida abierta y sangrante que cada tanto se vuelve a abrir y vuelve a doler. ¿Qué pierdes si perdonas?

A menudo, creemos que lo que nos han hecho es algo tan grave que no puede perdonarse. Creemos, erróneamente, que al perdonar al otro, le liberamos de la culpa o de la responsabilidad sobre lo que sucedió. Pero te has parado a pensar en lo siguiente: ¿hay personas a las que no perdonas que ni siquiera saben que aún las culpas? A veces, en las relaciones de pareja, llevamos una lista de las ofensas del otro, y nos cuesta muy poco, en cualquier discusión, sacar la lista y echarle en cara cosas que sucedieron hace tiempo…

¿A quién hacemos daño con esto? A nosotros, a nuestra relación con esa persona, a esa persona.

Perdonar es algo que hemos hecho ya en el pasado y nos ha permitido recuperar la sonrisa. ¿Y si ahora, para recuperar la paz, la sonrisa, necesitáramos perdonar nuevamente? Te entiendo, se lo doloroso que es pasar por algunas situaciones que nos dejan una herida profunda, y que puede causar incredulidad que nos digan que perdonar es algo simple. Cuando digo simple, no me estoy refiriendo a que sea fácil. Perdonar duele porque implica recordar la ofensa. Perdonar duele porque implica hurgar en esa herida que aún está sin cicatrizar.

Pero a pesar del dolor, más duele no perdonar. No es tan complicado, no necesitas a nadie más que a ti mismo, que a ti misma para procesar el perdón. Ni siquiera hace falta que alguien te pida perdón para elegir perdonar. Tampoco hace falta que le digas a esa persona que le has perdonado. Es algo tuyo y quien más sale ganando eres tú.

Hay dolores antiguos y dolores nuevos, pero todos se pueden limpiar, todos se pueden perdonar de la misma manera. Es necesario querer aprender como perdonar y soltar.

1º Decide perdonar. 

Cuando decidimos perdonar estamos decidiendo liberarnos de un peso, estamos decidiendo estar en paz con el pasado, estamos eligiendo para nosotros la libertad. Toma esa decisión, con calma, por ti, por nadie más que por ti. Tómate el tiempo que necesites, pero una vez que decidas perdonar, es necesario abandonar el impulso de seguir viendo a esa persona como culpable y a ti como víctima.

2º ¿Qué sucedió?

 Muchas veces, en el proceso de perdonar, intentamos hablar con la otra persona y nosotros tenemos un punto de vista sobre lo sucedido, y la otra persona tiene otro. Ahora, quien está procesando el perdón eres tú y por eso, vamos a centrarnos únicamente en lo que a ti te sucedió. Es necesario poder aclarar bien para nosotros mismos cuál fue la ofensa y qué fue lo que ocurrió. Algunas veces, al hacer esto, nos damos cuenta que teníamos expectativas que no se cumplieron y que quizás hemos tomado algo como una ofensa, pero no había intención en el otro en hacernos daño.
3º Escribe cómo te sientes
No es imprescindible que le digas a la otra persona cómo te sientes. Este es un punto que hay que valorar y preparar una charla muy bien si hemos decidido hablar con la persona a quien deseamos perdonar. Es necesario que sepas qué emociones sientes, que no empieces hablando (o escribiendo) del otro, sino de ti, de lo que te ha dolido. Puedes escribir una carta para libertarte de estas emociones, aunque no entregues nunca la carta.
4º Perdona
Una vez que hayas dado los tres pasos anteriores, llegó el momento de liberarte del dolor, de perdonar, de elegir dejar de ver al otro como culpable de tus emociones. La vida a menudo no es como esperábamos y nos tocará aprender a vivir con ello. Es el momento de trabajar en ti para aumentar tu resiliencia, tu capacidad de superar la adversidad.
Hay otro punto que necesitamos también encarar. ¿Cómo volver a retomar la relación con esa persona a quien no habíamos perdonado?
En principio, la reconciliación no es un paso imprescindible. Podemos perdonar situaciones que fueron muy dolorosas pero podemos no desear ni necesitar reconciliarnos con esa persona. Por ejemplo, se puede perdonar a la amante de tu pareja, pero que no te interese en absoluto ser su amiga ni tener ningún tipo de relación con ella. Por lo que no sería necesario dar el paso de la reconciliación.
En cambio, si la persona a la que has decidido perdonar es alguien con quien si deseas volver a hablar, volver a tener una relación, entonces habrá que plantearse hacer las paces. Este es un paso difícil. Nadie quiere remover situaciones que ya han pasado hace tiempo y que pueden generar discusiones, conflictos. Pero el plantemiento, para hacer las paces, ha de ser diferente.
No vas a hablar con esa persona para “remover” lo que pasó.
No vas a hablar con esa persona para que te pida perdón.
Tampoco vas a hablar con esa persona para decirle que le has perdona.
Quieres volver a poder hablar y compartir un rato sin ese dolor que hasta ahora sentías. A veces, aunque hayamos perdonado, las heridas aún están muy “frescas” y necesitamos dejar pasar un tiempo. Perdonar en ningún caso es lo mismo que olvidar. Los recuerdos funcionan de manera aleatoria, y habrá quizás momentos, canciones, personas, nombres que todavía te recuerden esa situación que te dolió. Date el tiempo necesario para que puedas pensar sobre el pasado sin dolor, sin sufrir.
Hace un par de días, leía en Pinterest  una frase que es muy gráfica para comprender que hemos hecho bien el proceso del perdón. Decía así:
Perdonar es poder ir la pasado y volver ileso.
A menudo, nos centramos solo en lo que nos ofendió o dolió a nosotros, sin tener en cuenta que quizás en esa discusión dijimos cosas muy feas que también han dolido a la otra persona. Por eso, para poder tener una reconciliación plena, es necesario pedir perdón. Incluso aunque la persona ofendida seas tú. Si, incluso así. Porque es necesario separar lo sucedido, lo que a ti te dolió, de las emociones de la otra persona. ¿Eres consciente de cómo reaccionaste en ese momento? ¿Dijiste o hiciste cosas que le pueden haber causado dolor cuando estabas enfrascado en tu propio dolor? Entonces, pide perdón, además de perdonar.
Pedir perdón es un gesto de valentía, perdonar, un gesto de fortaleza, y no remover el pasado, dejárlo en el olvido es un gesto que te dará felicidad.

 

Hazlo por ti. Por tu propia felicidad.
Viki Morandeira 
Coach Ontológico

 

Sabiduría Tolteca: Cuatro Miedos que Paralizan

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Muchos de nosotros hemos leído u oído hablar de los Cuatro Acuerdos de la Sabiduría Tolteca, a través del libro del Dr. Miguel Ruiz. Quizás algo menos conocidos son los Cuatro Miedos que en esta misma filosofía son considerados para paralizantes para los seres humanos.

Miedo a la soledad
Miedo a la escasez
Miedo a la enfermedad
Miedo a la muerte

Los miedos en si mismos no son buenos ni malos, todo depende del papel que tienen en nuestra vida, en nuestro desarrollo personal. Si un miedo nos reta a aprender,a crecer, a superarlo, ¿por qué sería malo? Las emociones son sensaciones poderosas que experimentamos a diario, aunque pueden ser pasajeras, como la sorpresa o la frustración, también podemos convertirlas en compañeras de viaje a lo largo de muchos años de nuestra vida. El miedo puede ser una de estas emociones que cargamos y nos van paralizando, haciendo que tomemos decisiones “desde el miedo” y evitando que emprendamos acciones.

vive tu vida para no arrepentirte

 

+ Miedo a la soledad
Hay dos opciones que se pueden considerar:
La primera es que el ego trabaja en su banal causa de hacerte creer que realmente estás solo, que tu estás unido a los demás, con el fin de sentirte protagonista de la vida y encontrar el reconocimiento, en todos los niveles que te imagines, en la familia, en la pareja, en el grupo de amistades, en el trabajo y en la sociedad.
La segunda opción es que el espíritu desea que recuerdes que eres parte de una Totalidad. Que tú siempre estás unido a la energía integradora de Dios, que se manifiesta en una llama interior que tú posees, una luz que debes expandir. Cuando le das fuerza a esa luz interior, comienzas a mirar con los ojos de tu corazón y empiezas a ser consciente de que siempre tienes compañía. Es la compañía con tu ser interior y con tu Creador Supremo. Llegarás a comprender que la soledad es una maravillosa oportunidad de la vida para compartir contigo mismo; y justamente en este momento, empezarán a aparecer aquellas personas que vibrarán con tu misma sintonía e intensidad.

Desde pequeños hemos crecido buscando el afecto, la aprobación y la recompensa de las personas con autoridad en nuestra vida (padres, maestros, hermanos mayores, pareja). Si éramos “chicos buenos” se nos premiaba, halagaba y escuchábamos el elogio de los demás. En cambio, cuando hacíamos algo a nuestra manera, pero alejándonos de las “normas” o de lo que esas figuras de poder consideraban apropiado, recibíamos la crítica, la desaprobación o incluso el enfado de los demás.

Nuestro miedo a quedar separados, aislados, solos, ha hecho que sigamos los paradigmas de nuestra sociedad, de nuestra escuela, de nuestra familia. En esta casa se estudia tal carrera universitaria, porque siempre ha sido así. ¿Conoces familias de médicos, o de abogados? Ahora van siendo algo menos habitual, pero antes no era raro encontrar familias donde todas las generaciones seguían un mismo rumbo. ¿Y qué ocurría si decidían que su futuro no estaba en esa línea sino en otra profesión o carrera? Se nos tildaba de “oveja negra”.

Para formar parte de un grupo social o familiar era necesario seguir al rebaño, eso nos evitaba encontrarnos solos, y miles de personas han tomado decisiones en sus vidas, que no les hacían especialmente felices, con tal de no ser “la descarriada”. Esto es fruto del paralizante miedo a la soledad. Si no estás conmigo estás contra mí… ¿Es verdad? Yo no estoy de acuerdo en esto, en absoluto. Padres, hermanos, “adultos” pueden considerar que no hacer las cosas tal cual ellos creen que se deberían hacer es estar contra ellos… y nadie quiere ser “la mala persona” que está contra sus seres queridos, ¿verdad?

¿Con qué intención quieren los demás que hagamos tal o cual carrera, que sigamos tal o cual rumbo en nuestras vidas? Con la intención de que seamos felices y prósperos. Es una buena intención, es genial!. Pero cuando en nuestro interior nuestros deseos son otros, cuando nuestra felicidad y prosperidad no sentimos que se encuentra por ese camino que nos marca el rebaño…. ocurre que con buenas intenciones conseguimos pésimos resultados.

Un hijo obligado a estudiar medicina cuando su deseo era estudiar ingeniería o mecánica. Una hija obligada a estudiar magisterio cuando su anhelo interno era dedicarse al teatro…. Cuando uno de nuestros hijos o seres queridos se siente “en la obligación” de tener nuestro amor por lo que hacen y  no por quien son, pueden caer en la trampa de elegir un camino que no les hace felices solo por miedo a la soledad. Cuando uno de nuestros hijos toma decisiones basado en el miedo, difícilmente será una persona próspera y feliz…. podrá tener dinero, puede ser, pero quizás en su interior sienta la frustración de no haber sido lo suficientemente valiente como para apartarse del rebaño y abrazar la coherencia interior.

El miedo a la soledad se puede ver en situaciones diarias también, no solo en decisiones drásticas o vitales.

Cuando algo de lo que deseamos hacer, o algo que necesitamos hacer creemos que será desaprobado por las personas que amamos, incluso en contra de nosotros mismos podemos autocensurarnos. Los demás no saben lo que pasa por nuestra cabeza. Los demás no nos leen la mente. Los demás, por lo general, creen que hacer tal cosa será lo mejor para nosotros. NO tienen malas intenciones y por eso, cuando le decimos que no estamos de acuerdo, nos intentarán explicar los motivos, justificar su postura, convencer de que estamos equivocados.

Pero no porque nos quieran como esclavos, ni porque disfruten si nos convertimos en infelices al no hacer las cosas que necesitamos hacer, al no emprender el rumbo que en nuestro interior vibra por ser recorrido. NO. Tienen una visión diferente, quizás opinen desde el miedo a la escasez y pensando en lo mejor para nosotros insistan en que estamos equivocados.

El único error es abandonar nuestros sueños. Incluso aunque salgan mal, porque tenemos derecho a cometer errores y eso no nos convierte en fracasados. Cuando comencé a estudiar coaching ontológico y a formarme en inteligencia emocional y pnl, tenía un trabajo próspero. Teníamos, junto a mi esposo, una empresa que facturaba lo suficiente para ahorrar, para viajar, para comprarle a nuestros tres hijos sus caprichos y para comprar los nuestros. Pero a pesar de todo esto, no era lo que yo quería para mi futuro. Una tarde, me senté con mi esposo y le comuniqué mi intención de dejar la empresa. NO sería algo inmediato, no saldría corriendo tras acabar la charla. Primero acabaría la carrera, prepararía mi blog, conseguiría clientes y una vez que mi proyecto empezara a funcionar, quería dejar la empresa.

No fue nada fácil tener esa conversación. Mi miedo a la soledad era terrible en esos momentos. ¿Y si mi esposo no acepta mi decisión? ¿Y si se quiere separar, como pareja, porque yo tomé la decisión de dejar la empresa familiar? Los miedos eran grandes y variados. Pero como te decía, no fue “soltar la bomba y salir corriendo”, sino que esperé a acabar de formarme y a que los resultados comenzaran a ser visibles. No me iba tras una quimera, tenía resultados para demostrar que mi proyecto funcionaba. Incluso recuerdo que fue mi esposo quien un día me dijo: Creo que ya es hora de que solo te dediques al coaching. Y es día dejé de sentir miedo a la soledad. Era una oveja negra, si, pero tenía su apoyo y el apoyo de mi familia. Nunca es fácil. Tenlo presente. Pero podrás andar paso a paso el camino hacia tu propia felicidad, venciendo este miedo, y manteniendo el amor de las personas que amas.

 

 Viki Morandeira
Coach Ontológico
Viki Morandeira

Cuento: El buscador de Jorge Bucay

En este momento la gran mayoría de las personas están inmersas en una búsqueda: Como ser Feliz. En la búsqueda de la felicidad podemos cometer varios errores. A veces, podemos creer que nos falta algo para poder ser felices, podemos pensar que cuando lleguemos a tal punto lograremos la ansiada felicidad. Las personas sufren y se hunden cuando las situaciones de sus vidas no son perfectas…. incluso, ahora, con todo el tiempo que se pasa en interne, algunas personas sufren cuando ven que en las redes sociales los demás parecen ser más felices que ellos….

Es imposible ser feliz siempre si centramos nuestra búsqueda fuera de nosotros, en posesiones materiales o posiciones sociales. Quizás, para disfrutar de la felicidad solo sea necesario dejar de buscarla y aprender a encontrarla dentro nuestro, atesorando esos momentos mágicos y sintiéndonos afortunados por haberlos vivido, en lugar de sentirnos desafortunados porque ya han pasado.

yo quiero felicidad

Les dejo este cuento de Jorge Bucay, El buscador.

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador…

Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra.

Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina, a la derecha del sendero, le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada.

… Una portezuela de bronce invitaba a entrar.

De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.

El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor.

Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.

Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas.

El buscador se sintió terriblemente conmocionado.

Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba.

Una por una, empezó a leer las lápidas.

Todas tenían inscripciones similares, un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.

Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años…

Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó.

Lo miró llorar por un rato, en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

– No, ningún familiar – dijo el buscador – ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad?. ¿por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de niños?.

El anciano se sonrió y dijo:

– Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…

Cuando un joven cumple 15 años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgada al cuello.

Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anota en ella:

a la izquierda, qué fue lo disfrutado…

a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media? …

Y después … la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana? …

  • ¿Y el embarazo o el nacimiento de su primer hijo … ?
  • ¿Y el casamiento de los amigos … ?
  • ¿Y el viaje más deseado … ?
  • ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano … ?
  • ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?…. ¿horas?, ¿días? …

Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos….

Cuando alguien muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su lápida, porque ESE es, para nosotros, el único y verdadero tiempo VIVIDO .

Si te sientes triste, sumido en un estado de infelicidad, mira hacia atrás, toma una libreta, y suma todo el tiempo que has sido feliz. No te olvides de dar las gracias!!! Todo pasa, y este momento duro también pasará.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Las frases que más me gustan de

Ralph Waldo Emerson fue un escritor y poeta que nació en 1803, hace más de 200 años!!! Es considerado uno de los primeros ensayistas norteamericanos. En sus casi 80 años de vida leyó mucho y escribió muchísimo. Fue un gran pensador. Les dejo algunas de las frases que más me han gustado.

“Es facil vivir en el mundo siguiendo la opinión del mundo;

Es fácil vivir en la soledad siguiendo tu opinión:

pero la persona grande es aquella que en medio de la multitud mantiene con

dulzura perfecta la independencia de la soledad .”

 

“El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene.”

“En muchas ocasiones la lectura de un libro ha hecho la fortuna de un hombre, decidiendo el curso de su vida.”

“La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito.”

No ha aprendido las lecciones de la vida, quien diariamente no vencido algún temor. (1)

 

“El valor, la buena conducta y la perseverancia conquistan todas las cosas y obstáculos que quieran destruirlas y se interpongan en su camino.”

“El pensamiento es la semilla de la acción.”

“Llamamos destino a todo cuanto limita nuestro poder.”

“La creación de mil bosques está contenida en una bellota.”

“Lo que mas necesitamos es una persona que nos obligue a hacer lo que sabemos.”

“¿Cuál es la tarea más difícil del mundo? Pensar.”

Haz siempre lo que temas hacer.

Te invito a que PIENSES, a que medites estas frases y las hagas tuyas, a que las sientas dentro de tu corazón, a que te hagan circular la sangre con más fuerza que nunca, a que te inspiren y creen urgencia en tí mismo para poder entrar en acción y SER lo que fuiste llamado a SER.

Viki Morandeira

Coach Personal