Cuento: La historia de las llaves

viki morandeira frases positivas

Existen cientos de cuentos cortos para motivar a dar un paso fuera de la zona de confort, para adentrarnos en esa zona desconocida, donde todo es nuevo y nos sentimos inseguros. Quizás este cuento La historia de la llave, es uno de los más sencillos de recordar para poder aplicarlo en nuestra vida diaria.

Cuento: La historia de las llaves.

Una noche, mientras paseaba por mi barrio, me encontré a un hombre que buscaba desesperadamente algo. Me sorprendió observar que, mientras se llevaba las manos a la cabeza y decía sin cesar, “¿dónde se habrán caído?”, daba vueltas y vueltas dentro un círculo muy reducido cuyo centro era una farola…

Me acerqué y le pregunté si le podía ayudar.

– ¿Puedo ayudarle?

– Sí, claro, por supuesto…

– ¿Qué ha perdido?– le pregunté mientras comenzaba a buscar sin saber qué buscaba.

– Las llaves de mi casa. ¡¡Las malditas llaves de mi casa!!– me contestó con un tono de angustia en su voz.

– No se preocupe– le dije para tranquilizarle-seguro que las encontramos. Me puse a buscar, y mientras lo hacía le pregunté

– ¿Está seguro de que se le cayeron por aquí?

– Pues la verdad es que no – me contestó – pero aquí hay luz.

Cuando tenemos algo que resolver, buscamos en el pasado, en la experiencia previa ya que ahí es donde tenemos “luz” pero no siempre la solución estará ahí. Cuando la situación a la que nos enfrentamos es NUEVA, o hasta ahora no hemos podido resolverla con las herramientas y conocimientos que ya tenemos, seguir buscando en “la luz”, en el pasado, puede ser como el sucedo del cuento, permanecer buscando en la “farola” dando vueltas alrededor de la luz.

En lo nuevo, en lo que está oscuro, en aquellas situaciones que están fuera de nuestra zona de confort podemos sentir inseguridad, miedo y, por lo tanto, muchas veces vamos retrasando el momento de enfrentarlo, lo rechazamos.

Si otros ya pudieron resolver esa situación antes, ¿qué te impide a ti poder comprender y aprender a resolverlo? Posiblemente puedes resolverlo, si dejas de buscar alrededor de lo ya conocido, si desde el valor decides enfrentar la situación “con una linterna”.

¿Cuáles pueden ser esas linternas?

  • 1.- Creatividad.  

No se consiguen nuevos retos,  ni nuevos resultados siendo el mismo, buscando solo en la zona de luz. Un nuevo reto requiere un nuevo “yo”, requiere utilizar la creatividad para enfrentarnos a aquello que aún no hemos hecho.

  • 2.- Optimismo.

El miedo puede ser una de las fuentes de mayor oscuridad. Si en nuestra mente solo albergamos pensamientos derrotistas, negativos, si sentimos que no podemos dejar de ser pesimistas, es probable que estemos paralizados. Por eso el optimismo es una de las mejores linternas que podemos llevarnos al buscar ampliar nuestra zona de confort. ¿Porqué pensar que puede salir mal si cuesta lo mismo y es más productivo pensar que puede salir bien? Inténtalo.

  • 3.- Atreverse a cometer un error. 

Otra de las situaciones que nos hacen seguir buscando en la luz, en el pasado, es el miedo a cometer un error. Tenemos un gran temor al error, porque solemos creer que equivocarnos es demostrar que somos menos inteligentes, menos capaces….  A veces es necesario grabarnos a fuego que el aprendizaje llega con el intento, llega con atrevernos a hacer algo incluso sabiendo que podemos equivocarnos. Equivocarse no es un error, el error es no arriesgarse a fallar.

  • 4.- Aceptar el error con humildad

Dicen que errar es humano, ¿verdad? Cuando intentamos ocultar un error, cuando lo tapamos para que los demás no se den cuenta de que nos hemos equivocado, estamos demostrando arrogancia. Es arrogante creernos perfectos!! Recuerda aquella frase que dice: Solo sé que no sé nada. Solo un sabio puede asumir con total humildad que es humano, que la verdadera sabiduría está en asumir nuestra propia ignorancia, como decía Sócrates.

¿Qué vas a hacer la próxima vez que sientas miedo ante una situación que aún no has tenido que enfrentar? ¿Dudar, paralizarte, buscar en lo que ya sabes, dar vueltas y vueltas junto a la farola?

En lugar de alimentar el pesimismo, intenta pensar en que puede salir bien y que incluso, si algo sale mal, eso será una fuente de aprendizaje. La única manera de ganar confianza en uno mismo es arriesgándose a que pueda salir mal. Cuando lo logramos, cuando al fin vemos que hemos llegado a la meta, la sensación de satisfacción interior nos da fuerzas para creer cada día más en nosotros.

Quien no hace, no crece. Quien no se equivoca, no aprende. Quien no teme, no está haciendo nada nuevo.

Viki Morandeira

Coach Ontológico.

Taller Libera tu Potencial con PNL

Hay cosas que no se pueden perdonar ¿o sí?

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A lo largo de nuestra vida todos hemos sentido que nos lastimaban. Y no me refiero a un dolor físico, a un golpe, sino a ese dolor emocional que se nos queda dentro cuando alguien hizo algo que no esperábamos, o cuando no hizo algo que sí esperábamos. Podemos tener incluso situaciones que no hemos perdonado y que han ocurrido muchos años atrás.

Vivir sin perdonar a las personas que nos han lastimado implica tener ese dolor presente, esa herida abierta y escarbarla cada vez que recordamos lo ocurrido. ¿Podemos hacer algo? Si, podemos perdonar.

Perdonar es algo simple.

Si en este momento sientes en tu interior que estoy equivocada, que no tengo ni idea de lo que digo y que algunas cosas no se pueden perdonar, te entiendo perfectamente. Hay ofensas que sentimos tan grandes, que dañan nuestro interior de una manera tal que resulta imposible creer que se pueda llegar algún día a perdonar.

Cuando te cuesta perdonar, es necesario que te preguntes: ¿quien sufre en este momento? Tú. ¿Verdad? Cuando uno no ha perdonado algo, es la principal persona que sufre. Es necesario recordar qué perdonar, es, en si mismo, un acto en el que dejamos de sentirnos víctimas de un verdugo. Perdonar es hacer las paces con el pasado, para poder continuar avanzando hacia el futuro sin ese lastre, sin esa herida abierta y sangrante que cada tanto se vuelve a abrir y vuelve a doler. ¿Qué pierdes si perdonas?

A menudo, creemos que lo que nos han hecho es algo tan grave que no puede perdonarse. Creemos, erróneamente, que al perdonar al otro, le liberamos de la culpa o de la responsabilidad sobre lo que sucedió. Pero te has parado a pensar en lo siguiente: ¿hay personas a las que no perdonas que ni siquiera saben que aún las culpas? A veces, en las relaciones de pareja, llevamos una lista de las ofensas del otro, y nos cuesta muy poco, en cualquier discusión, sacar la lista y echarle en cara cosas que sucedieron hace tiempo…

¿A quién hacemos daño con esto? A nosotros, a nuestra relación con esa persona, a esa persona.

Perdonar es algo que hemos hecho ya en el pasado y nos ha permitido recuperar la sonrisa. ¿Y si ahora, para recuperar la paz, la sonrisa, necesitáramos perdonar nuevamente? Te entiendo, se lo doloroso que es pasar por algunas situaciones que nos dejan una herida profunda, y que puede causar incredulidad que nos digan que perdonar es algo simple. Cuando digo simple, no me estoy refiriendo a que sea fácil. Perdonar duele porque implica recordar la ofensa. Perdonar duele porque implica hurgar en esa herida que aún está sin cicatrizar.

Pero a pesar del dolor, más duele no perdonar. No es tan complicado, no necesitas a nadie más que a ti mismo, que a ti misma para procesar el perdón. Ni siquiera hace falta que alguien te pida perdón para elegir perdonar. Tampoco hace falta que le digas a esa persona que le has perdonado. Es algo tuyo y quien más sale ganando eres tú.

Hay dolores antiguos y dolores nuevos, pero todos se pueden limpiar, todos se pueden perdonar de la misma manera. Es necesario querer aprender como perdonar y soltar.

1º Decide perdonar. 

Cuando decidimos perdonar estamos decidiendo liberarnos de un peso, estamos decidiendo estar en paz con el pasado, estamos eligiendo para nosotros la libertad. Toma esa decisión, con calma, por ti, por nadie más que por ti. Tómate el tiempo que necesites, pero una vez que decidas perdonar, es necesario abandonar el impulso de seguir viendo a esa persona como culpable y a ti como víctima.

2º ¿Qué sucedió?

 Muchas veces, en el proceso de perdonar, intentamos hablar con la otra persona y nosotros tenemos un punto de vista sobre lo sucedido, y la otra persona tiene otro. Ahora, quien está procesando el perdón eres tú y por eso, vamos a centrarnos únicamente en lo que a ti te sucedió. Es necesario poder aclarar bien para nosotros mismos cuál fue la ofensa y qué fue lo que ocurrió. Algunas veces, al hacer esto, nos damos cuenta que teníamos expectativas que no se cumplieron y que quizás hemos tomado algo como una ofensa, pero no había intención en el otro en hacernos daño.
3º Escribe cómo te sientes
No es imprescindible que le digas a la otra persona cómo te sientes. Este es un punto que hay que valorar y preparar una charla muy bien si hemos decidido hablar con la persona a quien deseamos perdonar. Es necesario que sepas qué emociones sientes, que no empieces hablando (o escribiendo) del otro, sino de ti, de lo que te ha dolido. Puedes escribir una carta para libertarte de estas emociones, aunque no entregues nunca la carta.
4º Perdona
Una vez que hayas dado los tres pasos anteriores, llegó el momento de liberarte del dolor, de perdonar, de elegir dejar de ver al otro como culpable de tus emociones. La vida a menudo no es como esperábamos y nos tocará aprender a vivir con ello. Es el momento de trabajar en ti para aumentar tu resiliencia, tu capacidad de superar la adversidad.
Hay otro punto que necesitamos también encarar. ¿Cómo volver a retomar la relación con esa persona a quien no habíamos perdonado?
En principio, la reconciliación no es un paso imprescindible. Podemos perdonar situaciones que fueron muy dolorosas pero podemos no desear ni necesitar reconciliarnos con esa persona. Por ejemplo, se puede perdonar a la amante de tu pareja, pero que no te interese en absoluto ser su amiga ni tener ningún tipo de relación con ella. Por lo que no sería necesario dar el paso de la reconciliación.
En cambio, si la persona a la que has decidido perdonar es alguien con quien si deseas volver a hablar, volver a tener una relación, entonces habrá que plantearse hacer las paces. Este es un paso difícil. Nadie quiere remover situaciones que ya han pasado hace tiempo y que pueden generar discusiones, conflictos. Pero el plantemiento, para hacer las paces, ha de ser diferente.
No vas a hablar con esa persona para “remover” lo que pasó.
No vas a hablar con esa persona para que te pida perdón.
Tampoco vas a hablar con esa persona para decirle que le has perdona.
Quieres volver a poder hablar y compartir un rato sin ese dolor que hasta ahora sentías. A veces, aunque hayamos perdonado, las heridas aún están muy “frescas” y necesitamos dejar pasar un tiempo. Perdonar en ningún caso es lo mismo que olvidar. Los recuerdos funcionan de manera aleatoria, y habrá quizás momentos, canciones, personas, nombres que todavía te recuerden esa situación que te dolió. Date el tiempo necesario para que puedas pensar sobre el pasado sin dolor, sin sufrir.
Hace un par de días, leía en Pinterest  una frase que es muy gráfica para comprender que hemos hecho bien el proceso del perdón. Decía así:
Perdonar es poder ir la pasado y volver ileso.
A menudo, nos centramos solo en lo que nos ofendió o dolió a nosotros, sin tener en cuenta que quizás en esa discusión dijimos cosas muy feas que también han dolido a la otra persona. Por eso, para poder tener una reconciliación plena, es necesario pedir perdón. Incluso aunque la persona ofendida seas tú. Si, incluso así. Porque es necesario separar lo sucedido, lo que a ti te dolió, de las emociones de la otra persona. ¿Eres consciente de cómo reaccionaste en ese momento? ¿Dijiste o hiciste cosas que le pueden haber causado dolor cuando estabas enfrascado en tu propio dolor? Entonces, pide perdón, además de perdonar.
Pedir perdón es un gesto de valentía, perdonar, un gesto de fortaleza, y no remover el pasado, dejárlo en el olvido es un gesto que te dará felicidad.

 

Hazlo por ti. Por tu propia felicidad.
Viki Morandeira 
Coach Ontológico

 

Sabiduría Tolteca: Cuatro Miedos que Paralizan

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Muchos de nosotros hemos leído u oído hablar de los Cuatro Acuerdos de la Sabiduría Tolteca, a través del libro del Dr. Miguel Ruiz. Quizás algo menos conocidos son los Cuatro Miedos que en esta misma filosofía son considerados para paralizantes para los seres humanos.

Miedo a la soledad
Miedo a la escasez
Miedo a la enfermedad
Miedo a la muerte

Los miedos en si mismos no son buenos ni malos, todo depende del papel que tienen en nuestra vida, en nuestro desarrollo personal. Si un miedo nos reta a aprender,a crecer, a superarlo, ¿por qué sería malo? Las emociones son sensaciones poderosas que experimentamos a diario, aunque pueden ser pasajeras, como la sorpresa o la frustración, también podemos convertirlas en compañeras de viaje a lo largo de muchos años de nuestra vida. El miedo puede ser una de estas emociones que cargamos y nos van paralizando, haciendo que tomemos decisiones “desde el miedo” y evitando que emprendamos acciones.

vive tu vida para no arrepentirte

 

+ Miedo a la soledad
Hay dos opciones que se pueden considerar:
La primera es que el ego trabaja en su banal causa de hacerte creer que realmente estás solo, que tu estás unido a los demás, con el fin de sentirte protagonista de la vida y encontrar el reconocimiento, en todos los niveles que te imagines, en la familia, en la pareja, en el grupo de amistades, en el trabajo y en la sociedad.
La segunda opción es que el espíritu desea que recuerdes que eres parte de una Totalidad. Que tú siempre estás unido a la energía integradora de Dios, que se manifiesta en una llama interior que tú posees, una luz que debes expandir. Cuando le das fuerza a esa luz interior, comienzas a mirar con los ojos de tu corazón y empiezas a ser consciente de que siempre tienes compañía. Es la compañía con tu ser interior y con tu Creador Supremo. Llegarás a comprender que la soledad es una maravillosa oportunidad de la vida para compartir contigo mismo; y justamente en este momento, empezarán a aparecer aquellas personas que vibrarán con tu misma sintonía e intensidad.

Desde pequeños hemos crecido buscando el afecto, la aprobación y la recompensa de las personas con autoridad en nuestra vida (padres, maestros, hermanos mayores, pareja). Si éramos “chicos buenos” se nos premiaba, halagaba y escuchábamos el elogio de los demás. En cambio, cuando hacíamos algo a nuestra manera, pero alejándonos de las “normas” o de lo que esas figuras de poder consideraban apropiado, recibíamos la crítica, la desaprobación o incluso el enfado de los demás.

Nuestro miedo a quedar separados, aislados, solos, ha hecho que sigamos los paradigmas de nuestra sociedad, de nuestra escuela, de nuestra familia. En esta casa se estudia tal carrera universitaria, porque siempre ha sido así. ¿Conoces familias de médicos, o de abogados? Ahora van siendo algo menos habitual, pero antes no era raro encontrar familias donde todas las generaciones seguían un mismo rumbo. ¿Y qué ocurría si decidían que su futuro no estaba en esa línea sino en otra profesión o carrera? Se nos tildaba de “oveja negra”.

Para formar parte de un grupo social o familiar era necesario seguir al rebaño, eso nos evitaba encontrarnos solos, y miles de personas han tomado decisiones en sus vidas, que no les hacían especialmente felices, con tal de no ser “la descarriada”. Esto es fruto del paralizante miedo a la soledad. Si no estás conmigo estás contra mí… ¿Es verdad? Yo no estoy de acuerdo en esto, en absoluto. Padres, hermanos, “adultos” pueden considerar que no hacer las cosas tal cual ellos creen que se deberían hacer es estar contra ellos… y nadie quiere ser “la mala persona” que está contra sus seres queridos, ¿verdad?

¿Con qué intención quieren los demás que hagamos tal o cual carrera, que sigamos tal o cual rumbo en nuestras vidas? Con la intención de que seamos felices y prósperos. Es una buena intención, es genial!. Pero cuando en nuestro interior nuestros deseos son otros, cuando nuestra felicidad y prosperidad no sentimos que se encuentra por ese camino que nos marca el rebaño…. ocurre que con buenas intenciones conseguimos pésimos resultados.

Un hijo obligado a estudiar medicina cuando su deseo era estudiar ingeniería o mecánica. Una hija obligada a estudiar magisterio cuando su anhelo interno era dedicarse al teatro…. Cuando uno de nuestros hijos o seres queridos se siente “en la obligación” de tener nuestro amor por lo que hacen y  no por quien son, pueden caer en la trampa de elegir un camino que no les hace felices solo por miedo a la soledad. Cuando uno de nuestros hijos toma decisiones basado en el miedo, difícilmente será una persona próspera y feliz…. podrá tener dinero, puede ser, pero quizás en su interior sienta la frustración de no haber sido lo suficientemente valiente como para apartarse del rebaño y abrazar la coherencia interior.

El miedo a la soledad se puede ver en situaciones diarias también, no solo en decisiones drásticas o vitales.

Cuando algo de lo que deseamos hacer, o algo que necesitamos hacer creemos que será desaprobado por las personas que amamos, incluso en contra de nosotros mismos podemos autocensurarnos. Los demás no saben lo que pasa por nuestra cabeza. Los demás no nos leen la mente. Los demás, por lo general, creen que hacer tal cosa será lo mejor para nosotros. NO tienen malas intenciones y por eso, cuando le decimos que no estamos de acuerdo, nos intentarán explicar los motivos, justificar su postura, convencer de que estamos equivocados.

Pero no porque nos quieran como esclavos, ni porque disfruten si nos convertimos en infelices al no hacer las cosas que necesitamos hacer, al no emprender el rumbo que en nuestro interior vibra por ser recorrido. NO. Tienen una visión diferente, quizás opinen desde el miedo a la escasez y pensando en lo mejor para nosotros insistan en que estamos equivocados.

El único error es abandonar nuestros sueños. Incluso aunque salgan mal, porque tenemos derecho a cometer errores y eso no nos convierte en fracasados. Cuando comencé a estudiar coaching ontológico y a formarme en inteligencia emocional y pnl, tenía un trabajo próspero. Teníamos, junto a mi esposo, una empresa que facturaba lo suficiente para ahorrar, para viajar, para comprarle a nuestros tres hijos sus caprichos y para comprar los nuestros. Pero a pesar de todo esto, no era lo que yo quería para mi futuro. Una tarde, me senté con mi esposo y le comuniqué mi intención de dejar la empresa. NO sería algo inmediato, no saldría corriendo tras acabar la charla. Primero acabaría la carrera, prepararía mi blog, conseguiría clientes y una vez que mi proyecto empezara a funcionar, quería dejar la empresa.

No fue nada fácil tener esa conversación. Mi miedo a la soledad era terrible en esos momentos. ¿Y si mi esposo no acepta mi decisión? ¿Y si se quiere separar, como pareja, porque yo tomé la decisión de dejar la empresa familiar? Los miedos eran grandes y variados. Pero como te decía, no fue “soltar la bomba y salir corriendo”, sino que esperé a acabar de formarme y a que los resultados comenzaran a ser visibles. No me iba tras una quimera, tenía resultados para demostrar que mi proyecto funcionaba. Incluso recuerdo que fue mi esposo quien un día me dijo: Creo que ya es hora de que solo te dediques al coaching. Y es día dejé de sentir miedo a la soledad. Era una oveja negra, si, pero tenía su apoyo y el apoyo de mi familia. Nunca es fácil. Tenlo presente. Pero podrás andar paso a paso el camino hacia tu propia felicidad, venciendo este miedo, y manteniendo el amor de las personas que amas.

 

 Viki Morandeira
Coach Ontológico
Viki Morandeira

Cuento: El buscador de Jorge Bucay

En este momento la gran mayoría de las personas están inmersas en una búsqueda: Como ser Feliz. En la búsqueda de la felicidad podemos cometer varios errores. A veces, podemos creer que nos falta algo para poder ser felices, podemos pensar que cuando lleguemos a tal punto lograremos la ansiada felicidad. Las personas sufren y se hunden cuando las situaciones de sus vidas no son perfectas…. incluso, ahora, con todo el tiempo que se pasa en interne, algunas personas sufren cuando ven que en las redes sociales los demás parecen ser más felices que ellos….

Es imposible ser feliz siempre si centramos nuestra búsqueda fuera de nosotros, en posesiones materiales o posiciones sociales. Quizás, para disfrutar de la felicidad solo sea necesario dejar de buscarla y aprender a encontrarla dentro nuestro, atesorando esos momentos mágicos y sintiéndonos afortunados por haberlos vivido, en lugar de sentirnos desafortunados porque ya han pasado.

yo quiero felicidad

Les dejo este cuento de Jorge Bucay, El buscador.

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador…

Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra.

Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina, a la derecha del sendero, le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada.

… Una portezuela de bronce invitaba a entrar.

De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.

El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor.

Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.

Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas.

El buscador se sintió terriblemente conmocionado.

Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba.

Una por una, empezó a leer las lápidas.

Todas tenían inscripciones similares, un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.

Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años…

Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó.

Lo miró llorar por un rato, en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

– No, ningún familiar – dijo el buscador – ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad?. ¿por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de niños?.

El anciano se sonrió y dijo:

– Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…

Cuando un joven cumple 15 años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgada al cuello.

Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anota en ella:

a la izquierda, qué fue lo disfrutado…

a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media? …

Y después … la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana? …

  • ¿Y el embarazo o el nacimiento de su primer hijo … ?
  • ¿Y el casamiento de los amigos … ?
  • ¿Y el viaje más deseado … ?
  • ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano … ?
  • ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?…. ¿horas?, ¿días? …

Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos….

Cuando alguien muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su lápida, porque ESE es, para nosotros, el único y verdadero tiempo VIVIDO .

Si te sientes triste, sumido en un estado de infelicidad, mira hacia atrás, toma una libreta, y suma todo el tiempo que has sido feliz. No te olvides de dar las gracias!!! Todo pasa, y este momento duro también pasará.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Las frases que más me gustan de

Ralph Waldo Emerson fue un escritor y poeta que nació en 1803, hace más de 200 años!!! Es considerado uno de los primeros ensayistas norteamericanos. En sus casi 80 años de vida leyó mucho y escribió muchísimo. Fue un gran pensador. Les dejo algunas de las frases que más me han gustado.

“Es facil vivir en el mundo siguiendo la opinión del mundo;

Es fácil vivir en la soledad siguiendo tu opinión:

pero la persona grande es aquella que en medio de la multitud mantiene con

dulzura perfecta la independencia de la soledad .”

 

“El éxito consiste en obtener lo que se desea. La felicidad, en disfrutar lo que se obtiene.”

“En muchas ocasiones la lectura de un libro ha hecho la fortuna de un hombre, decidiendo el curso de su vida.”

“La confianza en sí mismo es el primer secreto del éxito.”

No ha aprendido las lecciones de la vida, quien diariamente no vencido algún temor. (1)

 

“El valor, la buena conducta y la perseverancia conquistan todas las cosas y obstáculos que quieran destruirlas y se interpongan en su camino.”

“El pensamiento es la semilla de la acción.”

“Llamamos destino a todo cuanto limita nuestro poder.”

“La creación de mil bosques está contenida en una bellota.”

“Lo que mas necesitamos es una persona que nos obligue a hacer lo que sabemos.”

“¿Cuál es la tarea más difícil del mundo? Pensar.”

Haz siempre lo que temas hacer.

Te invito a que PIENSES, a que medites estas frases y las hagas tuyas, a que las sientas dentro de tu corazón, a que te hagan circular la sangre con más fuerza que nunca, a que te inspiren y creen urgencia en tí mismo para poder entrar en acción y SER lo que fuiste llamado a SER.

Viki Morandeira

Coach Personal

 

Empatía para mejorar tus relaciones personales

La mayoría de las personas creemos que sabemos ser empáticas con los demás. Creemos que sabemos ponernos en su lugar y comprender lo que necesitan o lo que sienten. ¿Te ha ocurrido que haciendo algo por otra persona, creyendo que era lo mejor, esa persona se ha sentido incómoda o no se ha mostrado francamente agradecida? Si te ha sucedido esto, es probable que lo que tú creías que era una respuesta empática no lo haya sido. Puedes leer ¿Qué no es Empatía? para tener más claro cuales de tus conductas no son apropiadas ni saludables para tener mejores relaciones personales.

Con las personas que tenemos más confianza es con quienes corremos más riesgo de herirlos por alguna de nuestras faltas de empatía. Solemos creer que nuestro modo de ver les servirá y que podemos darle un consejo para ayudarles, incluso aunque no nos lo hayan pedido, cuando están pasando por una situación complicada. La falta de empatía y cometer estos errores repetidamente hace que los demás nos vean como una amenaza y se alejen por el dolor que les provoca la manera en que les hablamos.

Cuando alguien ha tenido una mala experiencia, o fruto de una decisión algo le ha salido mal, la manera en que le tratamos en ese momento es constructora de una mejor relación o puede ser destructora.

Cómo ser más empático

  • Dar tu opinión como una opinión y no como una verdad absoluta.

Cuando quieras ayudar a alguien, ten en cuenta que tu opinión es solo una opinión, tuya, desde tu perspectiva y que incluso las personas más cercanas a ti pueden opinar completamente diferente. Ten eso en cuenta cuando expreses lo que piensas, hazlo siempre con respeto hacia esa persona, dejando siempre claro que su opinión es igual de respetable y de válida que la tuya.

  • Decir lo que crees respetando que los demás tienen o pueden tener creencias distintas.

Nunca menosprecies las creencias de los demás. Y no me refiero solo a la religión que profesan otras personas, sino también a una gran cantidad de creencias. Tú tienes las tuyas porque has nacido en una época y lugares concretos, porque te has criado con una educación concreta, en una sociedad concreta, y otras personas han tenido sus propias circunstancias que han dado forma a creencias diferentes. Si tú crees en la existencia de los ovnis y otra persona no, respétala. No le trates como ignorante. Si tu no crees en los ovnis, tampoco hay motivos para burlarse ni menospreciar a quienes creen en ellos. Pon siempre por encima la relación  y no las diferentes creencias.

  • Ponerte en los zapatos del otro sin juzgarlo por lo que puede o no puede hacer.

11,1 mocasines

A menudo las situaciones son muy diferentes cuando las vemos desde nuestros zapatos.  Un antiguo proverbio de los nativos americanos dice: Antes de juzgar a un hombre, camina durante tres lunas con sus mocasines. Puede que nuestra mente intente comprender la vida del otro, pero siempre lo hace empezando desde nuestra perspectiva. Es necesario pararnos y reflexionar para poder caminar con sus zapatos y comprender sus motivos más profundos.

  • Reconocer que lo que es sencillo para ti puede ser muy difícil para el otro.

Si esa persona no está haciendo lo que tú crees que debería hacer para mejorar su vida, ten en cuenta que no es porque sea tonta, no es porque sea vaga, no suele ser por los motivos que tú crees…. Cuando alguien no puede dar los pasos que mejorarían su vida, no puede porque no le resulta sencillo, porque tiene miedos, porque no cree que con eso vaya a conseguir mejorar, porque tiene barreras y limitaciones emocionales que se lo impiden. Tratar a una persona con empatía es jamás decirle: ¿Cómo no haces esto o aquello? Es tan fácil. Si, para ti puede resultar muy sencillo, pero te aseguro que esa persona necesita algo de tiempo y comprensión sobre si misma y sus capacidades para poder dar ese paso. No es tonto. ¿A ti te resultan fáciles todos, absolutamente todos los pasos que tienes que dar en tu vida? Seguramente tendrás alguno que te ha costado dar. Recuerda cómo te sentías en esos momentos, para poder comprender cómo se siente ahora esa persona a quien le estabas diciendo lo sencillo que sería resolver su vida si hiciera lo que tú opinas que debería hacer….

  • Confía en el otro.

En lugar de darle consejos, en lugar de darle lecciones de vida u opinar sobre lo fácil que sería dar ciertos pasos, es mucho más empático demostrarle a esa persona que confías en ella. Que haga lo que haga tú le valores y confías en que puede lograrlo. Cuando demostramos confianza en los demás, le estamos dando seguridad, incluso para cometer errores.

  • Deja que se equivoque.

Si crees que sabes cómo han de hacerse las cosas, si tienes claro que camino seguir, pero no te han pedido ayuda, es necesario mantenerse a cierta distancia, porque quizás esa persona necesita hacerlo a su manera y comprobar por ella misma que ese no era el mejor camino para conseguir sus metas. Aprendemos de nuestros errores. Si no hacemos las cosas a nuestra manera podemos quedarnos pensando durante mucho tiempo que a nuestra manera hubiera funcionado. La felicidad es la coherencia entre lo que uno piensa, siente y hace. Si esa persona piensa y siente que tiene que hacer algo, pero por tu opinión o tu consejo no lo hace, se llenará de infelicidad. Aunque tú forma de ver fuera la acertada. Aunque tú tuvieras razón. En este momento lo importante es tener en cuenta los sentimientos, cuando nos sentimos incomprendidos no son las palabras sino las emociones lo que se nos grava a fuego. 

Ser empático es permitir que los demás hagan las cosas a su manera, aunque creamos que están equivocados. Es confiar en que saben hacerlo, incluso si para lograrlo necesitan cometer varios errores. Es no menospreciar a nadie por los pasos que no está dando, es muy probable que tenga sus propios motivos por los que elige otro camino. Recuerda jamás juzgar al otro sin haber reflexionado antes, verás como muy pronto le comprendes y no tiene sentido juzgarle. Tener empatía es jamás creerte dueño de la verdad y de la razón, poner siempre las relaciones personales por encima de las verdades, las certezas y los razonamientos. Porque no hay nada más irracional que arruinar una relación de pareja o de hermanos por creer que tenemos la razón.

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Mensajes ocultos tras la sonrisa.

En el programa de hoy en Radio Lucena, Optimistas en Acción en su 5ta temporada, hablamos de la sonrisa. ¿Todas las sonrisas son iguales? ¿Sabes reconocer qué hay detrás de una sonrisa?

“Si mi sonrisa mostrara el fondo de mi alma mucha gente al verme sonreír lloraría conmigo”. Esta frase de Kurt Cobain nos deja claro una cosa:  no todas las sonrisas son iguales, ni detrás de todas se esconde el mismo mensaje.

El lenguaje corporal transmite incluso más información que las palabras en una conversación entre dos personas. ¿Y qué nos dice la sonrisa?

Podemos estar de acuerdo en que si una persona sonríe nos sentimos tranquilos en su presencia, nos parece más agradable, nos transmite seguridad. Y precisamente, el zoólogo inglés Desmond Morris, autor del libro El mono desnudo (ENSAYO), cree que esa fue la función originaria de la sonrisa. Mostramos los dientes para decirle al otro que todo está bien, que no hay nada que temer y es una mueca instintiva que repetimos por herencia genética de nuestros parientes peludos, y que en muchos casos puede transmitir un mensaje de bienvenida, de acogimiento, de “no te vayas, me gusta estar contigo”.

Pero como hemos leído en la frase del fallecido músico, detrás de algunas sonrisas a veces hay mucho dolor. Utilizamos la sonrisa como una máscara que nos ponemos ante los demás, para hacerles creer que todo va bien, cuando por dentro, nuestra realidad emocional, es mucho más dolorosa de lo que nos atrevemos a confesar.

Seguramente estarás de acuerdo conmigo en que no todas tus sonrisas significan lo mismo, ¿verdad? En Tailandia, conocido como El país de las Sonrisas, tienen 13 formas diferentes de nombrar distintos tipos de sonrisas, derivadas de Yim que es la palabra “genérica”.

Yim thak thaai: Con estas palabras se define a la sonrisa educada que dedicamos a las personas que apenas conocemos. Esta es quizás la sonrisa que asociamos a esa primera toma de contacto en la que damos la bienvenida a alguien, no le conocemos muy bien, pero le estamos diciendo que hay espacio para una toma de contacto.

Yim cheun chom: ¿Cómo miras a tu hijo cuando recibe una medalla? Pues bien, así llaman en Tailandia a la sonrisa de admiración, de orgullo.1401133249u18ri

¿Y cuándo estás tan feliz que se te saltan las lágrimas? Yim thang nam taa. Esa sonrisa que demuestra una felicidad infinita, tanta que emociona hasta llorar.

La sonrisa es una señal de doble dirección. Tú al sonreír estás transmitiendo un mensaje, que la otra persona recibe y es bastante probable que sus neuronas espejo entren en funcionamiento y recibas el mismo gesto en respuesta.

¿Forzamos la sonrisa? Fuen yim es el nombre que recibe ese gesto que hacemos forzadamente, cuando le decimos al otro “me río de tu broma aunque sea mala”.

En otras circunstancias podemos usar lo que en Tailandia llaman Yim mee lessanai para ocultar alguna maldad que estamos pensando.

¿Cómo reaccionas cuando sabías que algo iba a salir como tú pensabas y la otra persona no estaba de acuerdo? Yim yaw es como denominan los tailandeses a ese gesto que acompaña un “ya te lo dije”.

En ocasiones tenemos que dar o recibir una mala noticia, pero nuestro gesto puede ser también una sonrisa, la llamada Yim yae-yae, para superar algo desagradable.

Yim cheua-cheaun es el nombre que recibe la sonrisa que le dedica el ganador al perdedor. Y puede ser que este le responda con una Yim sao, una sonrisa triste.

Posiblemente fuera una Yim mai awk la sonrisa de Kurt Cobain, tratando de parecer alegre pero sin poder estarlo.

A veces la sonrisa puede denotar nerviosismo, puede enmascarar un momento de tensión en el que por ejemplo pensamos “sé que tengo una deuda contigo, pero hoy no puedo saldarla”, a este gesto le llaman Yim haeng en el país asiático. Y si esa persona cree que nunca cobrará, puede devolver una sonrisa Yim soo, la de la lucha imposible.

Supongo que en el País de las Sonrisas son expertos en reconocer estos gestos, no todos seríamos capaces de “leer” tanto detrás de un gesto que a primera vista parece el mismo.

Pero más allá de tanta diversidad, recuerda que el principal mensaje que recibe la persona a quien le sonríes es que es bien recibida, que puede confiar en ti, que no hay motivos para preocuparse.

Y por último, en esta lista de trece nombres de un mismo gesto según su significado, tenemos la Yim thak thaan. Una sonrisa de desaprobación en la que a pesar de no estar de acuerdo con algo, le decimos, adelante, sigue…. Aunque no se piense que sea una buena idea.

Viki Morandeira

Coach Personal

FUENTE: http://www.cookingideas.es/alegra-esa-cara-los-13-tipos-de-sonrisas-tailandesas-20131001.html

 

El arte de no amargarse el matrimonio Presentacion en Carcabuey

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Ir a la Biblioteca de Carcabuey a presentar mis libros es casi una tradición. Esta es la tercera vez que repito y también se han repetido las muestras de afecto, la calidez humana, la profesionalidad y el buen hacer de Rosa, la bibliotecaria y de la primera teniente de alcalde, Carmen.

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La cita fue en la Biblioteca Municipal, a las 19.30 hs, y la sala ya estaba preparada para recibir a los asistentes cuando yo llegué a las 19.00. Nos dio tiempo a Rosa y a mi para charlar un ratito e hincharnos de orgullo al hablar cada una de sus hijos.

En noviembre suele hacer frío y fuera de la biblioteca teníamos 2ºC!!! Dentro, con la estufa y el aire, se podía estar incluso en manga corta como iba yo.

El arte de no amargarse el Matrimonio fue el motivo para viajar 5 horas, entre la ida y la vuelta a casa, a pesar del frío. Hablé bastante, estuvimos dos horas, pero también hubo debate, compartían sus puntos de vista, sus propios aprendizajes y sus preguntas sobre las relaciones de pareja.

Algunos de los asistentes eran para mí conocidos ya que habían estado en las anteriores presentaciones. Incluso dos clientas se acercaron desde otro pueblo cercano para darme una grata sorpresa. 12289750_1058210157557066_9179098192041823150_n

En breve pondremos fecha para ir a Las Navas del Selpillar, también en Córdoba.

Pasamos un rato estupendo, casi conversando entre amigas y disfrutando incluso riéndonos sobre algunas de nuestra manías. Al único hombre asistente le hizo mucha gracia descubrir que las mujeres SOLO nos enfadamos por 5 cosas!!!

Si, ¿no lo sabías? Las mujeres solo nos enojamos por 5 motivos. Toma nota.

  • Por todo
  • Por nada
  • Por que sí
  • ¿Por qué no?
  • y Por las dudas….

Aunque, bromas aparte, las conductas las hayamos puesto del lado del hombre o del lado de la mujer, siempre hay excepciones, y de lo que estamos hablando son de conductas que nos llevan hacia el desastre…. o nos llevan a tener una pareja más sana y unida.

A alguna de las asistentes le sorprendía que mi esposo me llevara el desayuno a la cama. Comentaba que iba por su segundo matrimonio y aún no lo había conseguido!!!

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En este enlace puedes ver las primeras páginas de El arte de No amargarse el Matrimonio

PEDIR LIBRO DIGITAL

Revista Yo Dona

viki morandeira

 

Cuando la periodista Ana Goñi me contactó para preguntarme sobre la Crisis de los 40 me quedé un poco sorprendida. Uno no suele recibir llamadas de los medios gráficos nacionales para preguntarte algo. Pero claro, tras publicar ¿Qué le pasa a mi Esposo? Como ayudarte y ayudarlo durante su crisis de los 40, con Editorial Círculo Rojo, y tras escribir unos cuantos, (unas decenas de “cuantos” 🙂 ) artículos en mi blog y para otras webs, tampoco era algo para asombrarme tanto. Igualmente, siempre emociona. Supongo que los “mega famosos” tendrán ya dentro de su zona de confort el responder llamadas de periodistas crisis de los 40reconocidos, pero de momento no es mi caso. No lo era en ese momento, allá por finales del 2012. El hecho es que respondí a sus preguntas, y como no sabía bien cuando se iba a publicar el artículo, se me pasó ir cada domingo a comprar el periódico donde viene como suplemento la Revista Yo Dona.

Y este año, ya ves…. 3 años después, “buceando” por internet encontré el artículo completo y la portada donde salió ese artículo. No habla en concreto de la crisis de los 40 del hombre, pero siempre hace ilusión cuando nuestro nombre sale impreso en una revista de gran tirada nacional.

Por si tienen curiosidad, aquí debajo están los enlaces del artículo completo. Solo son dos líneas donde sale mi nombre, pero la verdad es que siempre es agradable y de agradecer que una periodista se tome el tiempo de preguntarte, escucharte y citarte en sus artículos. Así que, aunque 3 años tardes, ¡Gracias Ana Goñi!

 

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Y ahora continuo con “noticias”, ya que el lunes pasado hicimos la primera presentación oficial de mi último libro, El arte de no amargarse el Matrimonio en la Biblioteca Municipal de Carcabuey, en Córdoba. Es la tercera vez que voy y la verdad es que todas las veces me he sentido tan bien acompañada, tan cómoda, que me apetecía empezar por visitarlos en primer lugar a los carcabulences. Bueno, en realidad a excepción de un caballero el resto eran todas mujeres! Y una de ellas justamente me preguntaba… ¿Por qué somos las mujeres las que más nos interesamos en estos temas, en el crecimiento personal y la mejora del matrimonio?

Tengo una teoría, quizás un poco rebuscada…. o quizás equivocada…. pero es la que tengo. 🙂

Las mujeres, hace millones de años, nos quedábamos en la cueva cuidando de los niños mientras el hombre salía con otros cazadores a buscar el alimento. Las mujeres necesitamos aprender habilidades sociales para no terminar matándonos a palos con las otras mujeres cuando nuestros hijos se peleaban…. Necesitamos aprender a comprendernos y a gestionar conflictos. Lo llevamos haciendo desde hace millones de años!!! En cambio, el hombre, necesitaba silencio para poder cazar, necesitaba estar quieto para no espantar a las presas… y así, cada hombre agazapado, su puesto y sin decir ni mu y solo comunicarse por señas, supongo que aprendieron a no preocuparse por los conflictos porque se generaban menos.

Nosotras, con esta teoría cavernícola…., buscamos desde tiempos inmemoriales resolver conflictos, saber cómo hacerlo y por eso creo que nos interesamos más en esto que los hombres…. Por supuesto que las cosas han cambiado y cada día es más parejo el interés por aprender cómo gestionar un conflicto en pareja, o cómo comunicarnos con empatía, y aún nos queda mucho camino por recorrer.

Viki Morandeira

Coach Ontológico