Cuento: La Furia

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La furia, la rabia, la ira… Yo creo que ninguna persona en el mundo puede decir que jamás ha experimentado un momento de furia. Pero también creo posible afirmar, que hay personas que han aprendido a gestionar esta emoción sin que destroce, sin que rompa, sin que dañe ninguna de sus relaciones personales ni se dañen a si mismas.
Reprimir las emociones no es saludable. Una emoción es una expresión de nuestra mente, nos habla de lo que pensamos, de cómo pensamos sobre lo que nos sucede, por eso, si algo nos produce furia, enfado, ira, en lugar de explotar o en lugar de tragarnos esta emoción, será mejor buscar entender de donde viene esta emoción. En el taller online de Inteligencia Emocional, uno de los temas donde nos detenemos a profundizar es precisamente en el Enfado.
Si tienes dificultad para gestionar los momentos de ira, de rabia, sigue leyendo,

Cuento: La furia

Un estudiante de Zen fue a su maestro porque tenía una gran preocupación, y le dijo, “Maestro, tengo un carácter ingobernable. ¿Como puedo curarmelo'”.
“Muéstrame ese carácter”, le dijo su maestro, “parece fascinante”.
El estudiante se quedó un poco perplejo… y respondió: “No lo tengo ahora por eso no puedo mostrártelo”.
“Bien, entonces, dijo el maestro, “tráemelo cuando lo tengas”.
El joven frunció el ceño… “Pero no puedo traertelo justamente cuando lo tengo”, protesto el estudiante. “Aparece inesperadamente, y seguramente lo perdería antes de poder alcanzártelo a ti”.
“En ese caso”, le dijo el maestro, “no puede ser parte de tu verdadera naturaleza. Si lo fuera, me lo podrías mostrar en cualquier momento. Cuando nacíste no lo tenias, entonces debe haber venido desde el exterior. Sugiero que cada vez que se apodere de ti, te golpees con un plato hasta que el mal genio no pueda soportarlo y se vaya”.
La próxima vez que te sientas enfurecido, ve y corre alrededor de la casa, siete veces, y luego siéntate debajo de un árbol y observa donde se ha ido la furia. No te has reprimido, no la has controlado, no se la has arrojado a otra persona…
La cólera es solo un vómito mental… No hay necesidad de arrojarlo encima de nadie… Corre un rato, o coge una almohada y golpéala hasta que tus manos y tus dientes se relajen.
En la transformación nunca controlas, solo te pones más alerta. La furia está sucediendo, es un hermoso fenómeno, es simplemente como la electricidad en las nubes…
Aun cuando esté ocurriendo la furia, si repentinamente te vuelves consciente de ella, desaparece. ¡Inténtalo! Precisamente en la mitad, cuando estas más acalorado y quisieras asesinar… de repente date cuenta, y sentirás que algo ha cambiado: tu ser interior se ha relajado…
Puede llevarle tiempo relajarse a tu capa externa, pero el ser interno ya se ha relajado. La cooperación se ha roto… ahora no estás identificado. Al cuerpo le llevará un rato enfriarse, pero en la profundidad del centro todo está frío…
Cuando te has enfriado puedes disfrutar el mundo entero. Cuando estás acalorado estás perdido, te identificas, ¡te confundes tanto!, ¿como puedes disfrutarlo?
Esto puede sonar paradójico, pero te lo digo: solo un Buddha disfruta este mundo.
Fuente

Arrojar nuestra ira a otra persona no resuelve aquello que la causó. Reprimir la rabia, tampoco soluciona nada. Si sientes la fuerza del enfado en tu interior, busca un momento de soledad, y sácala fuera de ti procurando no hacerte daño.
Cuando puedas estar nuevamente en calma, podrás pensar mejor, expresarte más apropiadamente y tener una conversación civilizada. Recuerda, de una discusión nunca sale una solución.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Cuento: El vendedor de “hot dogs”.

cuando soplan vientos de cambio unos construyen muros, Otros molinos

El miedo y una visión pesimista pueden hacer que nuestra realidad cambie. Cuando tenemos miedo, cuando creemos que la situación es mala, que podemos evitar correr riesgos, nos replegamos, tomamos decisiones para protegernos. Dudamos y perdemos la confianza en el momento en el que nos fiamos de opiniones en lugar de guiarnos por realidades.

A veces, nosotros no tenemos motivos reales, comprobados, para tomar esas decisiones, y sin embargo, hacemos cambios y decidimos consiguiendo un perjuicio para nosotros mismos. Con la idea de proteger o mantener una determinada situación, por miedo a la posibilidad de que la realidad empeore, a veces, nuestras decisiones, pueden encaminarnos a que aquel resultado negativo que imaginábamos finalmente sí se haga realidad.

¿Te parece si lo “hablamos” con un cuento? Este cuento, según donde lo he visto publicado, varía y el género que ofrecía el vendedor era diferente. En algunos blogs el dueño del puestito callejero vendía albóndigas de pan, en otro, con pan, en otro blog, vendía empanadas. No he podido encontrar el que yo leí por primera vez, en cuyo relato  vendía salchichas, pero intentaré reescribirlo.

Cuento: El vendedor de Hot Dogs

Junto a una carretera, con gran afluencia de público, por ser paso obligado para muchos destinos diferente, había un vendedor que tenía un puesto de comida. Desde hacía años, cada día, atendía este puesto, donde ofrecía los mejores hot-dogs de la ciudad. Le iba tan bien que con lo que ganaba en ese humilde puesto callejero, había podido enviar a su hijo a la universidad, a la gran ciudad.

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El vendedor de hot dogs siempre se había preocupado en ofrecer la mejor calidad. Había investigado mucho hasta dar con las salchichas y el pan apropiados. Y una vez que los encontró, siempre había acudido a la misma fábrica. Los transeúntes compraban sus bocadillos tanto para desayunar, como en la hora del almuerzo o ya al atardecer, antes de volver a sus casas. Su negocio prosperaba y estaba feliz por haber podido enviar a su hijo a una de las mejores universidades del país.

Un buen día, el muchacho acabó sus estudios y de la ciudad, regresó a su pueblo para ver a su familia. Recién llegado, conversando con su padre, le dijo:

-Papá, ¿no escuchas la radio, ni la tv, ni lees los periódicos?

A lo que el padre respondió que no, que entre ir a hacer las compras, mantener limpio su puesto ambulante y trabajar desde la mañana a la noche vendiendo hot dogs, pocas ganas le quedaban al llegar a casa para ver noticias. Y su hijo continuó diciendo:

-Estamos sufriendo una grave crisis, papá! Una de las peores, la situación es realmente mala, te aseguro que peor no se podría estar!!

El padre, escuchó las palabras de su hijo y pensó:- Mi hijo ha estudiado en la universidad, una de las mejores del país, y lee los diarios, ve televisión y está al tanto de las noticias. De seguro sabe mejor que yo lo que está pasando.

El muchacho, luego de unos días, volvió a la ciudad, donde buscó y encontró trabajo en una gran empresa. Mientras, su padre en el pueblo, pensando en la gran crisis que se avecinaba, comenzó a buscar salchichas más económicas, cambió de panadero y empezó a comprar un pan que era más barato, a fin de prepararse para la crisis.

Sus clientes habituales pronto notaron la diferencia, sus hot dogs ya no eran los mejores de la ciudad, y así, poco a poco, fue perdiendo paulatinamente su clientela. Las ventas fueros disminuyendo día a día.

Pasados unos meses, su hijo regresó un fin de semana para visitar a la familia, y le sorprendió ver a su padre en casa, en lugar de encontrarlo en su puesto de trabajo. Cuando preguntó a su papá que había sucedido con un negocio próspero de dos décadas, su padre le respondió.

-Tenias razón hijo.  Verdaderamente estábamos sufriendo una gran crisis y yo no  lo sabía.

El miedo puede hacer que tomemos decisiones que pueden afectar a nuestros proyectos, nuestros negocios. NO siempre las opiniones de los que se supone más instruidos serán apropiadas para todos. Confía en ti. NO dejes que otros te contagien su miedo.

La calidad, un trabajo bien hecho, son la diferencia entre un proyecto que soporta una crisis y otro que no.  Se fiel a tus principios, las crisis van y vienen, llegan y se van, pero tu prestigio, tu credibilidad, tu éxito, pueden verse afectados por tomar decisiones basadas en el miedo y no en la confianza en ti y en tu proyecto.

Este cuento tiene una moraleja, y es la de mantener el optimismo, no fijarnos solo en el corto plazo, sino analizar la situación a largo plazo, tomar decisiones pensando en todas las posibilidades, no en una sola. Y que es mejor que la gente te busque por tu calidad y no por tu precio, siempre habrá alguien que esté más necesitado y trabaje o venda más barato que tú.

Viki Morandeira

Coaching Ontológico

Fotos: Morguefile

 

Hay cosas que no se pueden perdonar ¿o sí?

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A lo largo de nuestra vida todos hemos sentido que nos lastimaban. Y no me refiero a un dolor físico, a un golpe, sino a ese dolor emocional que se nos queda dentro cuando alguien hizo algo que no esperábamos, o cuando no hizo algo que sí esperábamos. Podemos tener incluso situaciones que no hemos perdonado y que han ocurrido muchos años atrás.

Vivir sin perdonar a las personas que nos han lastimado implica tener ese dolor presente, esa herida abierta y escarbarla cada vez que recordamos lo ocurrido. ¿Podemos hacer algo? Si, podemos perdonar.

Perdonar es algo simple.

Si en este momento sientes en tu interior que estoy equivocada, que no tengo ni idea de lo que digo y que algunas cosas no se pueden perdonar, te entiendo perfectamente. Hay ofensas que sentimos tan grandes, que dañan nuestro interior de una manera tal que resulta imposible creer que se pueda llegar algún día a perdonar.

Cuando te cuesta perdonar, es necesario que te preguntes: ¿quien sufre en este momento? Tú. ¿Verdad? Cuando uno no ha perdonado algo, es la principal persona que sufre. Es necesario recordar qué perdonar, es, en si mismo, un acto en el que dejamos de sentirnos víctimas de un verdugo. Perdonar es hacer las paces con el pasado, para poder continuar avanzando hacia el futuro sin ese lastre, sin esa herida abierta y sangrante que cada tanto se vuelve a abrir y vuelve a doler. ¿Qué pierdes si perdonas?

A menudo, creemos que lo que nos han hecho es algo tan grave que no puede perdonarse. Creemos, erróneamente, que al perdonar al otro, le liberamos de la culpa o de la responsabilidad sobre lo que sucedió. Pero te has parado a pensar en lo siguiente: ¿hay personas a las que no perdonas que ni siquiera saben que aún las culpas? A veces, en las relaciones de pareja, llevamos una lista de las ofensas del otro, y nos cuesta muy poco, en cualquier discusión, sacar la lista y echarle en cara cosas que sucedieron hace tiempo…

¿A quién hacemos daño con esto? A nosotros, a nuestra relación con esa persona, a esa persona.

Perdonar es algo que hemos hecho ya en el pasado y nos ha permitido recuperar la sonrisa. ¿Y si ahora, para recuperar la paz, la sonrisa, necesitáramos perdonar nuevamente? Te entiendo, se lo doloroso que es pasar por algunas situaciones que nos dejan una herida profunda, y que puede causar incredulidad que nos digan que perdonar es algo simple. Cuando digo simple, no me estoy refiriendo a que sea fácil. Perdonar duele porque implica recordar la ofensa. Perdonar duele porque implica hurgar en esa herida que aún está sin cicatrizar.

Pero a pesar del dolor, más duele no perdonar. No es tan complicado, no necesitas a nadie más que a ti mismo, que a ti misma para procesar el perdón. Ni siquiera hace falta que alguien te pida perdón para elegir perdonar. Tampoco hace falta que le digas a esa persona que le has perdonado. Es algo tuyo y quien más sale ganando eres tú.

Hay dolores antiguos y dolores nuevos, pero todos se pueden limpiar, todos se pueden perdonar de la misma manera. Es necesario querer aprender como perdonar y soltar.

1º Decide perdonar. 

Cuando decidimos perdonar estamos decidiendo liberarnos de un peso, estamos decidiendo estar en paz con el pasado, estamos eligiendo para nosotros la libertad. Toma esa decisión, con calma, por ti, por nadie más que por ti. Tómate el tiempo que necesites, pero una vez que decidas perdonar, es necesario abandonar el impulso de seguir viendo a esa persona como culpable y a ti como víctima.

2º ¿Qué sucedió?

 Muchas veces, en el proceso de perdonar, intentamos hablar con la otra persona y nosotros tenemos un punto de vista sobre lo sucedido, y la otra persona tiene otro. Ahora, quien está procesando el perdón eres tú y por eso, vamos a centrarnos únicamente en lo que a ti te sucedió. Es necesario poder aclarar bien para nosotros mismos cuál fue la ofensa y qué fue lo que ocurrió. Algunas veces, al hacer esto, nos damos cuenta que teníamos expectativas que no se cumplieron y que quizás hemos tomado algo como una ofensa, pero no había intención en el otro en hacernos daño.
3º Escribe cómo te sientes
No es imprescindible que le digas a la otra persona cómo te sientes. Este es un punto que hay que valorar y preparar una charla muy bien si hemos decidido hablar con la persona a quien deseamos perdonar. Es necesario que sepas qué emociones sientes, que no empieces hablando (o escribiendo) del otro, sino de ti, de lo que te ha dolido. Puedes escribir una carta para libertarte de estas emociones, aunque no entregues nunca la carta.
4º Perdona
Una vez que hayas dado los tres pasos anteriores, llegó el momento de liberarte del dolor, de perdonar, de elegir dejar de ver al otro como culpable de tus emociones. La vida a menudo no es como esperábamos y nos tocará aprender a vivir con ello. Es el momento de trabajar en ti para aumentar tu resiliencia, tu capacidad de superar la adversidad.
Hay otro punto que necesitamos también encarar. ¿Cómo volver a retomar la relación con esa persona a quien no habíamos perdonado?
En principio, la reconciliación no es un paso imprescindible. Podemos perdonar situaciones que fueron muy dolorosas pero podemos no desear ni necesitar reconciliarnos con esa persona. Por ejemplo, se puede perdonar a la amante de tu pareja, pero que no te interese en absoluto ser su amiga ni tener ningún tipo de relación con ella. Por lo que no sería necesario dar el paso de la reconciliación.
En cambio, si la persona a la que has decidido perdonar es alguien con quien si deseas volver a hablar, volver a tener una relación, entonces habrá que plantearse hacer las paces. Este es un paso difícil. Nadie quiere remover situaciones que ya han pasado hace tiempo y que pueden generar discusiones, conflictos. Pero el plantemiento, para hacer las paces, ha de ser diferente.
No vas a hablar con esa persona para “remover” lo que pasó.
No vas a hablar con esa persona para que te pida perdón.
Tampoco vas a hablar con esa persona para decirle que le has perdona.
Quieres volver a poder hablar y compartir un rato sin ese dolor que hasta ahora sentías. A veces, aunque hayamos perdonado, las heridas aún están muy “frescas” y necesitamos dejar pasar un tiempo. Perdonar en ningún caso es lo mismo que olvidar. Los recuerdos funcionan de manera aleatoria, y habrá quizás momentos, canciones, personas, nombres que todavía te recuerden esa situación que te dolió. Date el tiempo necesario para que puedas pensar sobre el pasado sin dolor, sin sufrir.
Hace un par de días, leía en Pinterest  una frase que es muy gráfica para comprender que hemos hecho bien el proceso del perdón. Decía así:
Perdonar es poder ir la pasado y volver ileso.
A menudo, nos centramos solo en lo que nos ofendió o dolió a nosotros, sin tener en cuenta que quizás en esa discusión dijimos cosas muy feas que también han dolido a la otra persona. Por eso, para poder tener una reconciliación plena, es necesario pedir perdón. Incluso aunque la persona ofendida seas tú. Si, incluso así. Porque es necesario separar lo sucedido, lo que a ti te dolió, de las emociones de la otra persona. ¿Eres consciente de cómo reaccionaste en ese momento? ¿Dijiste o hiciste cosas que le pueden haber causado dolor cuando estabas enfrascado en tu propio dolor? Entonces, pide perdón, además de perdonar.
Pedir perdón es un gesto de valentía, perdonar, un gesto de fortaleza, y no remover el pasado, dejárlo en el olvido es un gesto que te dará felicidad.

 

Hazlo por ti. Por tu propia felicidad.
Viki Morandeira 
Coach Ontológico

 

Tres cosas hay en la vida…

¿Te acuerdas de esa frase?
Tres cosas hay en la vida, Salud, Dinero y Amor y el que tenga esas tres cosas, que le de gracias a Dios.

Así dice una frase célebre que casi todos hemos escuchado o hemos dicho más de una vez. ¿Pero qué ocurre si no “tenemos” esas tres cosas? ¿Y si nos falta una de ellas?

Si me lo permites, quiero desmontar esta frase, cambiarla, transformarla para que puedas ver como tu felicidad, la felicidad y agradecimiento que puedes percibir en tu vida no depende de tener esas tres cosas…. sino más bien, es al contrario. Tener una actitud positiva, cultivar un sentido de gratitud y felicidad por quien somos, por todo aquello que podemos lograr cuando nos lo proponemos, esa es la clave para tener salud, dinero y amor.

Si, puede ser fácil decir eso pero ¿y lograrlo? ¿y sentirlo? Está claro que si estamos viviendo un momento difícil, pasando quizás por la enfermedad de algún ser querido, enfrentando a un duelo por la pérdida de un familiar, intentando rehacer la vida tras una separación…. poco nos ayuda que nos digan que primero tenemos que ser felices para luego tener salud, dinero y amor… ¿Cómo puedo ser feliz en este momento tan duro de mi vida?
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Psicólogos de muchas universidades han estudiado algo invisible. La felicidad. ¿Se puede medir? ¿Es visible de alguna manera la felicidad? Aunque sea un concepto abstracto, algo que no podemos ver ni tocar, si es posible estudiar la felicidad analizando los resultados que obtienen las personas que dicen ser felices.

Por eso te decía que el tema de la felicidad, la salud, el dinero y el amor, puede parecer un enigma como el del huevo y la gallina. ¿Para ser felices tenemos que tener salud, dinero y amor o primero es necesario ser felices para poder disfrutar de estos tres aspectos de nuestra vida?

Pues si, en la Universidad de Carolina del Norte, en EEUU, la psicóloga Barbara Fredrickson ha estudiado los resultados que consiguen en sus vidas las personas felices. Y ha confirmado que la felicidad es el huevo, es el origen de la calidad de vida que una persona puede disfrutar a lo largo de su vida. Y ha recogido en un decálogo los beneficios más importantes de la Felicidad.

BENEFICIOS DE LA FELICIDAD

1) Tener un talante positivo hace más probable que prosperen nuestras relaciones personales, tanto a nivel familiar, de pareja o la amistad.

2) Una actitud positiva influye en el tipo de pensamientos que produce nuestra mente y son diferentes a los que adoptamos si tenemos una actitud negativa. Eso hace que nos cambien nuestros comportamientos y nuestras emociones.

3) La felicidad es también un aspecto importante para generar un tipo de pensamiento creativo, tolerante hacia las situaciones que nos toca vivir, un pensamiento generoso, constructivo y más relajado.

4)Cultivar la felicidad funciona como un protector ante el paso del tiempo. Las personas felices tienen mejores hábitos que condiciona una salud mejor, mejoras en la tensión arterial y disfrutan de un sistema inmunológico más fuerte que les sirve de escudo protector ante muchas enfermedades.

5)En relación con el dinero, según un estudio realizado en Australia, las personas más felices tienen mayores probabilidades de conseguir empleo y obtienen mejores salarios.

6) La perseverancia es también una cualidad con la que cuentas si trabajas para sentirte feliz cada día. Las personas optimistas, felices, se fijan objetivos más ambiciosos, lo que hace que rindan mejor y consigan alcanzar metas más altas que quienes no se consideran personas felices.

7) Ser feliz no evita que una persona se enfrente a momentos dolorosos o difíciles, pero ante estas situaciones, son más resilientes, soportan mejor el sufrimiento y el dolor.

8)No solo sentirnos felices, sino también saber compartir y expresar nuestra felicidad resulta importante para nuestras relaciones personales, amorosas y en la amistad.

9) Otro de los beneficios con los que nos compensa la felicidad tiene que ver con la cantidad y calidad de nuestras amistades, tantos las superficiales como las verdaderas. Una persona feliz cuenta con mayores probabilidades para tener una vida social más variada incluso una pareja estable. Las personas felices son más altruistas y participan con más asiduidad en actividades grupales.

10) Los beneficios de albergar una actitud positiva también ayuda a maximizar los beneficios sociales e intelectuales, que a la larga se amplifican y son acumulativos.

Cultivar el optimismo, centrarnos en la gratitud, tanto por quien somos como por lo que tenemos, disfrutar cada día de las pequeñas cosas, sonreír, alimentar pensamientos positivos, en definitiva, tener una actitud positiva ante la vida es la clave para poder hacer realidad aquella frase con la que inicié el artículo.

Si quieres tener salud, dinero y amor, recuerda que es prioritario trabajar en tu actitud, en la manera en que percibes la vida y en la manera en que te percibes también a ti. Ser feliz hace que como resultado logres mejoras muy significativas en tu vida y que como recompensa mantengas la salud, el dinero llegue y conserves el amor por más tiempo.

A menudo la vida y sus avatares pueden cubrirnos con un halo de tristeza, de frustración, de desilusión con respecto a nuestro futuro. Si hoy no te sientes feliz, recuerda que NO ES EL MOMENTO DE RENDIRSE. En realidad, desde mi punto de vista, no existe un momento en el que valga la pena rendirse y abandonarnos al sufrimiento.

Si hoy estás atravesando un mal momento, recuerda que puedes pedir ayuda, que gestionar las emociones es algo que siempre podemos hacer, incluso aprender a hacer y mejorar así nuestra calidad de vida y nuestra felicidad.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Este es tu peor enemigo y no lo sabes

prohibido sentarse a esperar que suceda

Todos tenemos la capacidad de lograr grandes retos y alcanzar metas que ahora mismo pueden parecernos inimaginables. Y si no lo estamos consiguiendo, o si no lo logramos en nuestra vida, se debe únicamente a un enemigo. Uno que está cerca pero que a veces no conoces.

EL OPONENTE INTERNO

“Algunas veces somos nuestros peores enemigos. El miedo hace que nos desenfoquemos, que perdamos el sentido de lo que es importante”, decía Tim Gallwey.

Tim es autor del libro El Juego Interior del tenis y es considerado el padre del coaching moderno. Una disciplina que sin embargo tiene sus orígenes en la mayéutica de Sócrates y que se ha transformado en el catalizador para que cada persona logre desarrollar su máximo potencial.

El coaching nos ayuda a ser un observador distinto de nuestra propia realidad. No actuamos como somos, en nuestra total plenitud de facultades y capacidades, sino como nos vemos. Y muchas veces, ese “como yo me veo a mi mismo”, está lleno de interferencias. Esas interferencias, que están en nuestra mente, son las que a través del coaching podemos cambiar.

Existe una fórmula:

RESULTADOS= POTENCIAL – INTERFERENCIAS

Si nos lo paramos a pensar, esta fórmula tiene sentido. Mira… Los resultados que una persona está consiguiendo en un momento de su vida, vienen dados por sus capacidades, por el potencial que tiene esa persona MENOS las interferencias que evitan que pueda rendir a pleno. Por lo general, lo que es visible, para los demás, pero también para nosotros, es el resultado que conseguimos. Y desafortunadamente, solemos encasillarnos en función de nuestro rendimiento del pasado, o del rendimiento que CREEMOS posible alcanzar. Haciendo esto es cuando estamos poniendo en marcha nuestras interferencias.

Piensa en esta frase: “Sacar lo mejor de uno”. ¿La recuerdas? Eso ¿querrá decir que tenemos dentro algo muy bueno, algo mucho mejor de lo que ya estamos dando?

Por supuesto. Todos tenemos un enorme potencial. El coaching es la herramienta para minimizar las interferencias, para sacar a la luz resultados mejores, para alcanzar metas mayores gracias a poder utilizar todo tu potencial, tras librarte de la mayoría de las interferencias.

Casi podrías ser un superhéroe. Si. Tu mismo puedes ser capaz de metas y logros que ahora mismo ni siquiera te imaginas. Piensa en esto, las personas normales y corrientes, ante una situación extrema, somos capaces de demostrar capacidades de lo más extraordinarias. La presión, la situación donde nos jugamos algo a todo o nada, incluso momentos de verdadero peligro vital, hace que nuestras interferencias queden anuladas y que podamos disponer de nuestro potencial en tu totalidad. La interferencia que hace que consigas menos resultados eres tú.

El oponente interno, para que estés disfrutando de resultados externos, está ahí, dentro de tu mente y a veces hace falta una ayuda externa para poner luz y comprender cuáles son esas interferencias. Algunas personas, luego de sufrir durante años, o debido a un cambio radical en sus vidas, dicen Basta, decretan un quiebre y transforman sus vidas para mejor.

Sin embargo ¿solo mediante una crisis podemos sacar lo mejor de nosotros? A veces suele ser así. Un revés de la vida hace que tomemos conciencia de que no estábamos llevando las riendas de nuestra vida, que nos detengamos en seco y nos de tiempo de pensar, decidir y generar cambios.

Así me sucedió a mi hace 8 años. Una sacudida de la vida me despertó y me hizo comprender que podía decir Basta, tomar decisiones y hacer cambios que yo misma planifiqué para mi futuro. A veces, no estamos consiguiendo nada porque simplemente no nos hemos fijado metas, no nos hemos propuesto conseguir “nada”.

Hace tiempo leí una frase que no recuerdo de quien es, ni si exactamente era así, pero el significado que tenía la frase era el siguiente: Quien no trabaja para sus metas, está trabajando para las metas de otra persona.

El coaching permite acceder a parte de ese potencial que todos tenemos dormido, a veces paralizado o anulado por cuestiones emocionales, pero que ahí está. Aunque ahora no lo veas, tú también tienes un enorme potencial que puedes hacer aflorar. ¿Te imaginas que con 35 o 45 años ya hubieras aprendido TODO? Desde luego que no. Lo maravilloso de estar vivos es que cada día vamos creciendo y aprendiendo, cada día nuestra mente se va expandiendo gracias a esos aprendizajes y cada año somos, en lugar de más viejos, más sabios. Crecemos en capacidad, en potencial… siempre que nos vayamos desprendiendo de las interferencias. Así, seriamos imparables.

Casi diría que tú tienes súper poderes- Vale quizás no puedas volar como superman, pero ciertamente sí tienes capacidades y habilidades, un potencial muy superior a lo que tu propia interferencia te permite aceptar normalmente.

No te puedo prometer que serás un superhéroe. Pero si te lo permites, si vamos minimizando las interferencias de tu mente, estoy segura que hay mucho por sacar!

Te has parado a pensar que identificamos lo que hacemos con lo que somos??

Si hacemos un pastel y no nos sale bien, decimos: Soy un pésimo cocinero.

Si vamos a bailar y nos sentimos incómodos por nuestra forma de hacerlo, decimos: Soy un bailarín desastroso!!!

¿Realmente ERES desastroso, pésimo, terrible, catastrófico o es simplemente crees esto, porque estás cometiendo un error de identificación “HAGO-SOY”?

El hacer es algo que se mejora con la práctica, con el tiempo, con el aprendizaje, con la experiencia, con el error. Nadie nace siendo un perfecto cocinero o un excelente bailarín. TODO SE HACE. SE LLEGA A SER HACIENDO.

Pensar, decidir y cambiar algo en tu vida puede ser lo que haga que todo cambie.

Hoy mismo, una clienta, con quien estamos haciendo el taller Libera tu Grandeza con PNL, me decía lo siguiente:

Antes, decía “no puedo” o “no se”. Mis frases han cambiado. Mi manera de pensar ha cambiado, ahora son “voy a probar”, “claro que puedo”, etc. Esto es como cuando a mi hijo le decía cuando le ponía brócoli en el plato, si no pruebas no sabrás si te gusta. Si no empiezo a caminar no sabré si puedo hacer las cosas que quiero, así que en marcha.

Es fantástico poder ver como las personas eliminan sus interferencias y liberan su potencial. Es mágico cuando se dan cuenta de que son súper héroes!!!

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Viki Morandeira

Coach Ontológico

9 pasos para Mejorar tu Motivacion

 

Nuestra mente, ese órgano maravilloso, ha tenido, desde sus inicios, la tarea de permitir nuestra supervivencia. Por eso, las funciones que nuestro cerebro realiza en automático, sin nuestra intervención, son la respiración, la digestión, la protección. Pero tu cerebro no solo sirve para que sobrevivas, también es necesario usarlo para vivir la vida que deseas vivir. Estar vivo es algo que está ocurriendo, incluso sin nuestra decisión o voluntad, pero hay otras cuestiones para las que es necesario utilizar nuestra mente: La motivación.

¿Deseas ser feliz? La mayoría de las personas a quienes le hagas esta pregunta dirán que sí, por supuesto, quién no desearía ser feliz. La felicidad es una de las metas más importantes de nuestra generación. Y para lograr esa felicidad, es necesario que haya coherencia entre lo que pensamos, lo que sentimos y lo que hacemos. Y es aquí donde necesitamos poner en marcha nuestra mente, es aquí donde entra en juego la motivación. Porque si yo siento y pienso que podría hacer tal cosa, pero no la estoy haciendo, la más probable es que sienta infelicidad.

¿Qué nos frena? ¿Qué hace que cada fin de año hagamos propósitos que luego no llegamos a cumplir? ¿Qué te impide ser feliz tras estar viviendo en coherencia entre lo que sientes, lo que piensas y lo que haces? Muchas veces es no saber que la motivación hay que alimentarla, trabajarla, buscarla a diario.

 

9 pasos para Mejorar tu Motivación

  • Fijar una gran meta

Si analizamos el origen etimológico de la palabra motivación vemos que está compuesta por dos partes. “Motivus” que viene del latín y significa movimiento y el sufijo “ción” que significa “acción y efecto”.  Cuando no tenemos una meta, cuando aquello que se nos presenta cada día es ir a un trabajo donde no nos sentimos valorados o realizados, o cuando trabajamos solo para llegar a fin de mes, difícilmente podremos sentir la acción y el efecto del movimiento. ¿Quién quiere levantarse cada mañana solo para conseguir dinero para luego pagar gastos y facturas? Esta realidad no es nada motivante.

¿Te has parado a pensar si ahora mismo tienes metas? Una vida sin metas puede ser como dar vueltas en una rueda de hamster, haciendo cada día lo mismo, en un círculo sin salida. Por eso, como primer paso es necesario tener una meta. NO un sueño. NO un anhelo. NO un desearía ser o tener… Una meta que te motive.

En la vida necesitamos seguir en acción, en movimiento, fijarnos nuevas metas, pero ahora de manera consciente, que estén alineadas con lo que sentimos y pensamos. Fijarte una meta es el primer paso que te saca de la parálisis en la que te encuentras.

  • Divide tu meta en pasos y empieza dando el primero. 

Si has tenido la idea de escribir un libro, está claro que no te sentarás y lo escribirás el día en el que te fijes esa meta. Cualquiera de tus metas requiere una serie de pasos, de acciones a realizar de manera individual para luego pasar a la siguiente. Por eso, nada mejor que hacer una lista de todos los pasos que en este momento crees necesarios para lograr tu meta. En el caso de un escritor, podríamos decir:

  1. Documentarme sobre XX situación.
  2. Buscar un diccionario de sinónimos para utilizar durante el proceso de escritura.
  3. Definir brevemente la trama del libro
  4. Describir cada personaje y su personalidad
  5. Buscar información sobre la profesión de uno de los personajes.
  6. Escribir 2 páginas diarias
  7. Releer el material escrito una vez por semana.
  8. Corregir errores ortotipográficos una vez por semana.
  9. etc.

Nada muere más rápido que una idea cuando dejamos de alimentarla, por eso, cuando fijes tu meta, escribe en ese momento una lista con los primeros pasos. No te preocupes porque estén en orden cronológico, simplemente, escribe. Ya habrá tiempo para reorganizarlos.

  • Recuerda tus logros anteriores

Muchas veces, perdemos la motivación porque permitimos que las ideas pesimistas, realistas, ganen a la ilusión, a la inicial fantasía de poder lograr aquella meta que nos haría sentir orgullosos, plenos. Comenzamos a perder la fe en nosotros mismos. Por eso, es importante recordarnos que somos capaces, recordando logros anteriores.

Seguramente, en el pasado, has fijado algunas metas y las has logrado. Si empezamos por el principio, has logrado aprender a gatear, luego a caminar, has aprendido a hablar, a montar en bicicleta, a nadar, a escribir, a sumar y restar, has acabado la escuela primaria, la secundaria…. pero de todas estas metas no solemos tomar conciencia. Las cumplíamos porque era lo que debíamos hacer. Quizás has estudiado una carrera universitaria, te has fijado esa meta y también la has logrado. ¿y ahora qué?

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  • Los Resultados están fuera de la zona de confort

Ahora toca salir fuera de la zona de confort. Recuerda que para lograr lo que hasta ahora no has logrado, necesitas hacer lo que hasta ahora no has hecho. Si tu meta es conseguir un empleo cuando acabas de salir de la universidad, la posibilidad de tener ese trabajo no llegará haciendo lo que hacías durante tus días de estudiante… sino dando pasos fuera de tu zona de confort, haciendo aquello que te da miedo hacer. A veces, son necesarios 5 segundos de valor para dar ese paso. Pero no darlo, puede traernos años de frustración…

  • ¿Qué es lo peor que puede pasar? 

Lo peor que puede pasar es que te quedes como estás. Y como nuestra mente hemos dicho que está “programada” solo para la supervivencia, para ella estará bien así. El miedo a dar pasos fuera de nuestra zona de confort puede ser paralizante. Podemos pasar semanas, meses o incluso años en una parálisis por análisis. ¿Y si no hago bien la entrevista? ¿Y si mi libro no le gusta a nadie? ¿Y si no tengo clientes para mi negocio? ¿Y si no soy bueno en esto? ¿Y si cometo un error?

El peor error que puedes cometer es rendirte antes de empezar. Puedo asegurarte que lo que más te pesará al final de tus días no serán tus errores, no te pesará intentar algo que no haya dado un buen resultado, te pesará todo lo que no hayas intentado. Busca comprender tus miedos, escucha qué frases son las que te limitan y te frenan, pregúntate qué es lo peor que puede pasar y al comprobar que si pasara lo peor incluso podrías seguir adelante, eso hará que el miedo se desvanezca.

  • Haz un trato contigo

Tener, a diario, la motivación suficiente para trabajar en dar los pasos hacia nuestra meta puede ser una tarea titánica. El miedo hará que encuentres justificación para no arriesgarte, la falta de confianza en ti hará que con cualquier excusa te dediques a otra cosa en lugar de dar los pasos necesarios para lograr tu meta.

Y cuando no hayas dado pasos hacia tu meta, comenzarás a juzgarte y a reprocharte lo flojo que eres. Tu mente estará ocupado con los pasos que te habías propuesto dar y no has dado. Constantemente estarás pensando en que no vales para nada, en que no eres capaz de tener voluntad para dar estos pasos, y puedes caer en la rendición y en el abandono de tus metas.

¿Qué puedes hacer para evitarlo? Haz un trato contigo. Dile a tu mente, haré esto y cuando acabe me daré un buen baño con burbujas. O haré esto y luego, me iré a caminar por el campo. Ofrécete un trato, una recompensa por el paso que hayas dado. Y si es uno de los grandes, mejor. Comprobarás como hacer aquello que lleva días o semanas dando vueltas en tu cabeza te libera de una culpa terrible que ibas acumulando por horas sin siquiera darte cuenta. Si suele pasarte esto, puedes leer el libro Tráguese ese sapo 

 

  • Escribe para qué quieres lograr tu meta

Para ti tiene que estar claro para qué deseas lograr tu meta. Si sientes que la motivación disminuye, es una buena idea hacer una lista de los motivos por los que has decidido que querías lograr tu meta. ¿Por qué tienes que dar los pasos que tienes que dar? ¿Cómo serás, qué persona serás o cómo cambiará tu vida cuando logres tus metas? Si eres visual, también, además de escribir, puedes visualizar cómo sería tu vida una vez logrado tu objetivo. Y una vez que sepas para qué, vuelve a dar pasos como si estuvieras motivado.

  • Diviértete

Recuerda, la felicidad no tiene que estar SOLO en el momento en el que logres tu meta, es necesario DISFRUTAR DEL CAMINO. Si tu meta tiene sentido para ti, si es algo que te hace feliz, que te apasiona, divertirte mientras llegas no será un problema. Pero es necesario recordarnos que si por llegar a determinada meta pagamos un alto precio en nuestro mal humor, si nos convertimos en una persona tosca y agresiva, porque solo vivimos para nuestra meta, quizás sea necesario analizar y reevaluar la situación. El camino también puede ser divertido, también puede disfrutarse, no solo la meta.

  • Haz que cada día cuente. 

Y por último, toca repetir, seguir dando pasos, seguir refrescando y recargando nuestra motivación, repetir los pasos para mantenernos enfocados en aquello que deseamos lograr y  asumir que CADA DIA CUENTA. Se dice que el tiempo es oro. Pero no lo creo así. El oro es algo que se compra, se vende, se gana, se tiene, se utiliza, se funde, se pierde, se recupera…  En cambio, el tiempo no puede recuperarse. El tiempo que utilizamos en distraernos con juegos, con redes sociales, con tareas improductivas, si ese día no hemos hecho nada que cuente, hará que ese sea un día perdido. El tiempo es vida. Y si, puedes relajarte y jugar o chatear con amigos, pero primero, antes que nada, da los pasos necesarios para tu meta, cumple con el compromiso que te has hecho a ti mismo. Haz que cada día cuente.

Desde el coaching trabajamos en fijar metas efectivas, en mantener a altos niveles la motivación, en planificar los pasos para tus metas, en diseñar una estrategia personalizada que te lleve desde donde estás hasta donde te has fijado llegar.

Viki Morandeira

Coach Ontológico Personal

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Cuando la vida nos rompe en mil pedazos

¿Conoces personas rotas? ¿Te sientes, tú, un ser humano roto?

La vida, a veces, nos golpea con tanta dureza, con tanta crueldad, que puede llegar a rompernos…. Hace tiempo, cuando la vida me había golpeado casi hasta romperme, leí el libro de Ernest Hemingway, El viejo y el mar y una frase me ayudó a continuar a pesar del dolor.

-Un hombre puede ser destruido Hemingway_opt

El golpe que había recibido no podía derrotarme. Para vencerme, tenían que destruirme por completo. Solo podía perder si me daba por vencida. Y así pude tener las fuerzas para lograr mi objetivo, como el viejo del libro, que a pesar de todo, llegó a puerto con su maltrecho barco como un héroe, vencedor, no derrotado.

Cuando nos damos por vencidos, cuando nos rendimos y dejamos de luchar… nos convertimos en seres rotos. Habrá situaciones en las que todavía puedas hacer algo, en las que todavía esté en tu mano intentar algo más, en las que aún no haya llegado el momento de darte por vencido. Inténtalo. Lucha. Descansa, junta fuerzas y vuelve a intentarlo.

Habrá momentos en los que los demás te digan que no vale la pena luchar, que no tiene sentido o que no ganarás. ¿Son acaso adivinos, videntes, tienen una bola de cristal para predecir el futuro? Las personas que te quieren, al verte sufrir, algunas veces te dirán que te rindas, te dirán que abandones, que te des por vencido. Se preocupan por ti y no quieren verte así. Por mí también se preocupaban y algunas personas me decían que me rindiera, que aceptara la derrota…. pero No. No quiero darme por vencida. No. Esa era la voz que retumbaba en mi mente.

Y estoy convencida que esa frase, de ese libro, que nada tenía que ver con mi problema, que leí solo para tener mi mente ocupada y no pensar en mi sufrimiento, tuvo un impacto decisivo en mi fuerza para no aceptar la derrota.

¿Quieres ser un ser humano roto? Entonces, ríndete. Deja de luchar por lo que de verdad amas, abandona tus sueños, conviértete en un realista y prepárate para sufrir durante mucho tiempo.

Lo que más nos pesa, al final de nuestra vida, es el remordimiento de no haber dado los pasos que deseábamos dar. Nos pesará el habernos rendido mucho más que el haberlo intentado y no haberlo logrado.

Si quieres ser un ser humano roto, acepta cualquier futuro, el que sea, sin intentar intervenir en la construcción de propio destino. Acepta que las cosas salgan mal y no hagas nada por lograr que salgan bien. Acepta que una relación termine sin luchar hasta la última batalla por tu victoria.

Otra frase que me ayudó a seguir intentándolo, hasta lograrlo, fue esta…

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No estará perdida, ni ganada… créeme, hasta que no libres la última batalla.

A veces la vida nos rompe en mil pedazos… pero siempre hay dos caminos. Puedes elegir quedarte ahí, roto, rota, sufriendo, lamentándote de tu mala suerte, de tu destino, culpando a los demás por tu dolor…. y permanecer como un ser humano roto durante mucho tiempo…. o puedes elegir juntar uno a uno todos esos pedazos, aceptar lo que sucedió, y en lugar de asumir el rol de víctima, pasarte al papel de protagonista.

Al fin y al cabo, nada puede derrotarte si tú no aceptas la derrota. Nada puede vencerte si tú no te das por vencido. Nada puede hacerte fracasar si te levantas, tras la caída y juntando uno a uno los pedazos en los que la vida te haya roto, decides crecer, superar ese dolor, y que la vida tenga un nuevo sentido para ti.

¿Te has parado a pensar cómo surgen los diamantes? Llegan a convertirse en diamantes gracias a la presión y a la temperatura, a las altísimas presiones y temperaturas que soportan…. y tras el proceso, surge el material más duro de la naturaleza, cristalino, limpio, admirable…

En la vida, podemos estar rodeados de muchos diamantes, de muchas personas que se rompieron, que soportaron altísimas presiones y que han emprendido la maravillosa tarea de reconstruirse. Son diamantes, personas que conocen sus debilidades y se protegen, pero que también conocen su valor y lo muestran al mundo.

Otra de las frases que me gustaría que leyeras si estás en este momento de tu vida roto, rota, es la siguiente:

Lo que no nos mata, nos hace más fuertes.

¿Estás roto, estás destruida? ¿Qué piensas hacer, quedarte ahí, sufriendo…? A menudo, el dolor emocional es tan intenso que dan ganas de permanecer inmóvil, paralizados, sufriendo… ¿hasta cuando? Si el golpe no te mató, no te destruyó por completo, entonces, haz que te transforme en un diamante, haz que te haga más fuerte.

Encuentra un motivo para seguir adelante. Si aun no sabes para qué levantarte, en lugar de ocupar tu tiempo pensando en tu pasado, en tu sufrimiento, piensa en tu futuro… piensa cómo puedes convertir tu experiencia, el golpe que te dio la vida, en una manera para ayudar a los demás.

Tu grandeza, tu brillo, tu futuro, no va a determinarlo tu pasado, sino las ansias que tengas por salir adelante, la fuerza que pongas en recuperarte del golpe, la entrega que pongas en esta campaña, donde eres no solo capitán, sino también soldado de esta batalla.

A pesar de la dureza del golpe, siempre podemos Perdonar y Olvidar, pasar página, sanar nuestro pasado para poder vivir nuestro presente. Y también podemos no perdonar, cargar con la rabia de sentirnos victimas del otro… sin poder movernos, sin creer que podamos hacer algo para superar este dolor, ya no que es culpa nuestra, sino del otro!!

Cuando necesites sanación emocional, perdonar y olvidar, para cerrar un ciclo y retomar las riendas de tu vida, recuerda que puedes pedir ayuda. Recuerda que permanecer en el dolor, rendirse, es una decisión personal, una elección y no una obligación.

Tus emociones, todos, son válidas! ¿Pero también es válido permanecer derrotado, hundido, permitir la destrucción completa?  Válido es, porque algunas personas lo hacen… ¿pero realmente vale la pena?

Dicen que no hay mal que 100 años dure, ni cuerpo que lo resista…. Levantarnos tras un golpe, ponernos en pie tras juntar los pedazos, no solo nos devuelve la sonrisa, a veces, muchas veces, nos salva la vida.

 

Viki Morandeira

Coach Ontológico

En memoria de mi mejor amiga quien no pudo con el golpe de la vida.

¿Es imposible para ti?

Para algunas personas hay cosas imposibles. Algunas son reales, pero una gran mayoría de nuestros “imposibles” son ilusiones, son limitaciones que nuestra propia mente ha puesto a nuestra verdadera capacidad. Está claro que tenemos algunas limitaciones, por supuesto. No podemos saltar y llegar hasta la luna… pero ¿tus imposibles son absurdos como querer llegar de un salto hasta la luna o son situaciones reales, que otras personas SI han logrado?

Mi abuela siempre decía, Si otro puede hacerlo, yo también puedo hacerlo. Incluso,algunas veces, más que saber que otros pueden hacerlo, lo que necesitamos saber es que “no es imposible”. Eso me recuerda a un relato hermoso.

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Había una vez dos niños que patinaban sobre una laguna congelada. Era una tarde nublada y fría, pero los niños jugaban sin preocupación.

Cuando de pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua. El otro niño viendo que su amiguito se ahogaba debajo del hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró quebrarlo y así salvar a su amigo.

Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaron:

– ¿Cómo lo hizo? El hielo está muy grueso, es imposible que lo haya podido quebrar, con esa piedra y sus manos tan pequeñas!

En ese instante apareció un anciano y dijo:

“Yo sé como lo hizo”…

– “¿Cómo?”. Le preguntaron al anciano, y él contestó:

– “No había nadie a su alrededor para decirle que no podía hacerlo”.

 

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Ojalá nuestra mente permaneciera libre de “no puedes“, ojalá ninguna persona tuviera que escuchar durante su infancia, durante su vida, que algo de lo que quiere hacer le es imposible. Pero la realidad, la cruda realidad, es que tú, cuando eras pequeño, e incluso ahora, has escuchado muchas veces que “no podías” hacer algo.

Quizás no te lo han dicho de esa manera, pero con otras palabras, ese fue el mensaje que te han implantado en tu mente. Cada frase en la que te decían que no podías, ha ejercido en tu vida como una barrera, como esas barreras que ponen en una calle cuando está en obras…

 

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A menudo nos han hecho creer que no podíamos, o que era imposible….. que ese camino estaba cerrado para nosotros, y a pesar de los años transcurridos, a pesar de haber crecido, cambiado, madurado, podemos seguir teniendo esa limitación, esa barrera tan presente como el primer día que la pusieron delante de nuestros ojos. Otras veces, hemos sido nosotros mismos quienes nos hemos cerrado a la posibilidad de lograr aquello que anhelábamos. Como en el relato de El elefante atado…

Nuestras limitaciones mentales, a pesar de mantenernos sujetos con una simple cuerda… parecen cadenas que nos mantienen paralizados y esclavos de nuestros propios “yo no puedo”…

Decía Henry Ford, “Tanto si crees que puedes, como si crees que no puedes, en ambos casos tienes razón”.

Y de pequeños, se nos ha dicho tantas veces “no hagas esto”, “no hagas aquello”, que cargamos a nuestras espaldas miedos, inseguridades, dudas….

Si, es posible que alguna de tus metas sea difícil. Si, es posible que algunos de tus objetivos requiera esfuerzos, disciplina, motivación diaria… ¿o acaso crees que el éxito les llega a los demás por suerte o casualidad?

¿Cómo sabes que no es posible? ¿Lo has intentado? ¿Cuántas veces? ¿Te has permitido fallar, caer, y volver a levantarte para seguir intentándolo? Perdemos nuestra confianza y nuestra autoestima baja cuando ante el primer intento abandonamos. En cambio, si te enfocas en lograr algo, y persistes a pesar de los contratiempos, si continuas transitando hacia tu meta, al lograrlo, sentirás como tu confianza aumenta, como se hincha tu pecho de orgullo y tu autoestima crece y sube como un globo…

¿Cómo pretendemos tener confianza si nos rendimos? ¿Cómo pretendemos tener una buena autoestima y un buen autoconcepto si ante un contratiempo no volvemos a intentarlo? Así  es como las personas exitosas han construido una sólida personalidad. Enfrentando a sus propia voz interior que les decía “no puedes”, enfrentando a las limitaciones mentales que otros habían puesto en su mente, así han logrado confiar y tener la capacidad de expresar todo su talento.

No te reprimas, no te censures, no te prives de demostrar tu talento. ¿Qué ganas con ello? A veces, llega un momento en la vida, en el que tenemos que dejar de escuchar las opiniones de los demás, sobre todo cuando nos reprimen, cuando nos transfieren sus miedos, cuando nos encarcelan en la infelicidad de no hacer aquello que deseábamos hacer…  Tenemos que asumir, que con buenas intenciones, queriendo protegernos, nos han ido asfixiando, aniquilando nuestra personalidad, cortando  nuestras alas… pero ya no somos la misma persona a la que protegían. Ahora, esa protección o sobreprotección nos está haciendo daño, tanto daño, que nos hemos convertido en esclavos de nuestra falta de confianza, aprisionados en cárceles de paredes hechas de miedos e inseguridades…

Nadie vendrá a liberarte. Cuando a través de un proceso de coaching escuchas tu propia voz interior, que clama libertad, es el momento de escucharla, de dejarla hablar, de tomar decisiones, dar pasos pequeños. Si durante mucho tiempo has creído que todo te era imposible, que tú no podías, si no te has fijado metas… tampoco  podemos empezar con cambios drásticos.

Una persona, que quiere convertirse en escalador, no saca un pasaje al Tibet y escala el Himalaya como primera demostración de que puede escalar. Su mente se opondría, su miedo le mandaría continuas señales para evitar que hiciera algo temerario. Y por eso el miedo es una emoción necesaria. Porque nos protege. Pero ¿de qué te protegen tus miedos? A veces, no nos damos cuenta que los peligros han desaparecido, que no son reales, y de lo único que nos separa nuestro miedo es de vivir… de caminar nuestra propia vida, incluso aunque cometamos errores.

 

Si has vivido paralizado, es el momento de fijarte metas pequeñas. No importa lo que opinen los demás, ya puedes dejar de escucharlos, ya has dejado que decidieran durante mucho tiempo lo que podías o no podías hacer…. lo que era posible o imposible… ahora, te toca fijarte tus propias metas. Da igual que sea correr un kilómetro. ¿Otros corren maratones? Felicitaciones para ellos, pero si tú no has corrido nunca, una meta para iniciarte y demostrarte que puedes confiar en ti no es apuntarte a una maratón, sino empezar con pasos pequeños, empezar con un kilómetro. Y cuando sientas que tus fuerzas y tu talento están de vuelta contigo, puedes fijarte como meta correr dos kilómetros….

Y no estoy hablando de correr, es solo un ejemplo. Estoy hablando de vivir, de fijarte tus propias metas, SI, LAS TUYAS, las que tú quieras, sin importar lo que los demás digan sobre ello. Estoy hablando de tu vida, y si sientes que ha llegado el momento de vivirla, ADELANTE, patea ese letrero que te cerraba el paso, y avanza, porque solo así podrás volver a confiar en ti, porque solo así podrás sentir que puedes hacerlo, porque solo así tu autoestima comenzara a crecer y crecer, a ascender y subir… porque solo así podrás liberarte de las creencias y miedos limitantes que los demás han puesto en tu mente.

Perdónalos. Querían ayudar. Y perdónate, por haberte dejado limitar por sus miedos. Ni ellos ni tú tienen la culpa. No busques culpables… no sirve para nada. Asume que VIVIR  y SENTIRTE LIBRE ES TU RESPONSABILIDAD. Y que además, ES HERMOSO!

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Taller Retoma las Riendas de tu Vida

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Los que te copian y son carretas vacías.

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Duele que te copien. Duele que se cuelguen medallas que te pertenecen a ti. Duele que además hablen y hablen, y encima hablen mal de ti. Claro que duele, tenemos sentimientos y a lo largo de nuestra vida siempre habrá situaciones que nos incomoden. Eso es algo que entra dentro de lo normal.

Y cuanto más cercanía tenemos, o creíamos tener, con la persona o personas que copian nuestras ideas, el dolor aún es más intenso.

Permíteme comentar un par de cuestiones que es importante tener en cuenta sobre este tema:

  • Si tu meta es marcar tendencias, será necesario aceptar que van a copiarte.
  • Si nadie te copiara, sería que vas demasiado adelante en cuanto a tendencias, o que no gusta lo que propones.
  • Sigue siendo fiel a tu estilo, a tu idea, sigue creciendo y no desperdicies tu tiempo sufriendo por “carretas vacías”.

¿Qué no sabes de qué te hablo cuando digo que “la carreta vacía” no tendría que ser una fuente de sufrimiento para ti? Sigue leyendo entonces, porque este cuento aún no lo habías leído.

Cuento La Carreta Vacía

Alejandra caminaba con su padre cuando éste, de repente, se detuvo en una curva del camino. Después de un breve silencio le preguntó:- Además del cantar de los pájaros, ¿qué oyes Alejandra?

La niña paró, aguzando sus oídos. Después de unos segundos respondió:

– Papá, estoy oyendo el ruido de una carreta que se acerca.

– Muy bien – respondió su padre -. Tienes razón, se está acercando una carreta vacía.

Alejandra, asombrada, preguntó a su padre:

– ¿Cómo sabes que es una carreta vacía si aún no la has visto?

Entonces el padre respondió:

– Es muy fácil saber cuándo una carreta está vacía, por el ruido que hace. Cuanto más vacía está la carreta, mayor ruido hace.

Alejandra se convirtió en adulta y, siempre que veía una persona interrumpiendo una conversación y hablando demasiado de sí misma, de forma inoportuna o violenta, o presumiendo de lo que poseía, tenía la impresión de oír la voz de su padre diciendo:

– Cuanto más vacía está la carreta, mayor es el ruido que hace.
Autor desconocido

En la vida nos encontraremos con muchas carretas. Algunas de ellas irán haciendo ruido, porque van vacías. Enfadarte, sufrir por lo que los demás hacen o dicen, por su comportamiento, solo te genera dolor a ti. Puedes seguir sufriendo, puedes seguir llenándote de rabia y dolor, pero eso no hará que esa carreta se llene y deje de hacer ruido.

Podemos tolerar y cada tanto recordar que eso nos duele y volver a sufrir. O podemos aceptar que en la vida nos encontraremos con ese ruido que viene de carretas vacías y que sufrir no nos hace ningún bien a nosotros. Ante una situación así, es necesario trabajar para aceptar la situación. No podemos cambiar a esa persona que solo sabe hablar de si misma, quizás, algún día irá llenando su carreta y cambiará. Pero mientras tanto, recuerda que sufrir es una elección. Las personas hacen cosas, y cada uno tiene la opción de sufrir o no sufrir. Si estás sufriendo por las carretas vacías que te encuentras en tu vida, eres tú quien elige ese dolor. Si aceptamos que esto es algo que no podemos cambiar, que está fuera de nuestra zona de influencia, podremos estar en paz y dedicar nuestra mente, nuestro esfuerzo y nuestra creatividad a seguir creciendo, a seguir fiel a nuestra visión, a nuestra misión.

Si por miedo a ser copiado evitas mostrar tu trabajo, solo te harás daño a ti. Piensa en lo siguiente: Imagina que eres repostero. Imagina que tu pasión es hacer tartas decoradas de distintas maneras, para que la gente pueda comprarlas y disfrutar con tu creatividad. ¿Qué pasaría si por evitar que te copien no publicas fotos de tus tartas? ¿Qué pasaría si en tu tienda, para evitar que otros copien tu trabajo, pintas de un color oscuro los cristales de tu tienda? Quizás consigas que no te copien, pero lo más probable es que consigas que tus posibles clientes no sepan qué tipo de tartas haces y no sepan que tú puedes hacer que la fiesta de cumpleaños de su hijo sea diferente, novedosa, inolvidable. ¿Verdad?

¿TE COPIAN? Siente orgullo porque eres un referente!!! ¿TE IMITAN? Es genial, porque solo se imita lo que es bueno!!!! Si tú vas marcando tendencias y lo haces bien, todos los que puedan permitírselo, te copiarán, y tú serás quien MARQUE tendencia, pero no lo hagas por ser mejor que ellos. SIGUE HACIÉNDOLO PORQUE TE APASIONA!!! El valor de la innovación no está en evitar que te copien, sino en conseguir que todos te quieran copiar.

Hay personas mágicas, maravillosas, que van un paso por delante, como la mujer creativa y genial que ha inspirado que publicara este artículo. Pueden copiar tus ideas, pero jamás podrán ser Tú. Pueden copiar tu estilo, pero jamás podrán ser Tú. Pueden ponerse medallas que no les corresponden, pero jamás podrán ser Tú. Pueden llenarse la boca y hacer mucho ruido, y siempre seguirán siendo carretas vacías.

Sentir rabia, dolor, frustración, solo te hace daño a ti. NO cambia la realidad. NO evita que te copien. NO. Solo te hace daño a ti. Ahora te toca elegir. Te toca elegir si quieres permitirte aceptar que esto es algo que no puedes cambiar y que sufrir es tu elección. O te toca elegir aceptar que a pesar de lo que los demás hagan, tu quieres seguir estando en paz, en un estado de calma y serenidad que te permite ocupar tu tiempo en seguir creciendo, en seguir innovando, en seguir siendo un referente, en lugar de desaprovecharlo “hirviendo” cuando escuchas pasar las carretas vacías.

Sigue adelante. Qué tus actos hablen más alto que tus palabras.

Viki Morandeira

Coach Ontológico.