Cuento: El papel arrugado

El el programa de Radio Lucena, Optimistas en Acción, llevamos desde la temporada pasada compartiendo un cuento con los oyentes y por aquí, contigo, para reflexionar sobre algún aspecto importante. Por lo general, elijo compartir cuentos sobre emociones para adultos, que son principalmente nuestros oyentes a esa hora en la radio.
En el programa del lunes pasado, hablamos de la gestión emocional, de la paciencia, en contraposición a esos momentos en los que estallamos en ira. Ésta, la rabia, es una de las emociones que más de cabeza nos traen, porque lastimamos sin darnos cuenta, sin  control y luego, cuando nos enfriamos, muchas veces nos arrepentimos de lo que hemos dicho o llegado a hacer. En esto se enfocaba también el relato del anterior programa, que puedes leer aquí. CUENTO: LA BARCA VACIA
En el cuento anterior, nos centrábamos en comprender de donde viene la ira. En el relato de esta semana, en el efecto que produce.

Cuento: El Papel Arrugado

Viki Morandeira Radio
Optimistas en Acción Séptima Temporada.

Luego, casi siempre se llenaba de vergüenza y arrepentimiento por lo que había dicho o hecho. Batallando para disculparse a quien había ofendido.

Un día su maestro, que lo vio dando justificaciones después de una explosión de ira a uno de sus compañeros de clase, lo llevó al salón, le entregó una hoja de papel lisa y le dijo:

—¡Arrúgalo! -recordaba el predicador, que no sin cierta sorpresa, obedeció e hizo con el papel una bolita. —Ahora —volvió a decirle el maestro— déjalo como estaba antes.

Por supuesto que no pudo dejarlo como estaba. Por más que trataba, el papel siempre permanecía lleno de pliegues y de arrugas.

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Entonces el maestro remató diciendo:

—El corazón de las personas es como ese papel. La huella que dejas con tu ofensa será tan difícil de borrar como esas arrugas y esos pliegues.

Así aprendió a ser más comprensivo y más paciente, recordando, cuando está a punto de estallar, el ejemplo del papel arrugado.

Muchas veces hablamos de aprender a controlar la ira. Y en realidad, podemos ir un paso más allá. NO solo podemos cambiar esos momentos en los que explotamos, por momentos de aparente calma, en los que quizás estamos haciendo un gran esfuerzo por no estallar. Lo verdaderamente maduro es aprender a no tener que enojarnos. ¿Se puede transformar el enojo que destruye, que arruga papeles, en un enojo que resuelve?

Si, es posible, porque otra de las maravillosas cualidades de la inteligencia emocional es que puede adquirirse , que puede aumentar, con el aprendizaje y la práctica. 

Taller Inteligencia Emocional para la Acción. LA IRA.     

 El daño hecho muchas veces no puede recuperarse, no puede volverse atrás, deja una marca…. por eso, trabajemos en no producir ese daño, en aprender a resolver sin destruir,  en mejorar nuestra inteligencia emocional.
Viki Morandeira
Coach Ontológico

 

Cuento: Las cuatro estaciones

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Hay momentos en los que la vida parece torcerse… momentos en los que vemos a una persona y nos parece mentir que se esté comportando como se está comportando. Momentos en los que no entendemos porqué las cosas suceden como están sucediendo….  Y a veces, juzgamos por lo que vemos en “ese momento”.

Uno de los cuentos sobre emociones para adultos que he compartido en mi blog, en cierta forma relacionado con este tema, con “juzgar” las situaciones, es el cuento de El caballo perdido del anciano sabio.  Te invito a leerlo, luego de leer este otro cuento con moraleja…

CUENTO LAS CUATRO ESTACIONES

Había un hombre que tenía cuatro hijos. Quería que  aprendieran a no juzgar las cosas superficialmente; entonces envió a cada uno por turnos a ver un manzano que estaba a una gran distancia.

El primer hijo fue en el Invierno, el segundo en Primavera, el tercero en Verano y el hijo más joven en el Otoño. Cuando todos ellos  regresaron, les llamó y juntos les pidió que describieran lo que habían visto.

El primer hijo mencionó que el árbol tenía las ramas desnudas, que estaba doblado y retorcido.

El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.

El tercer hijo no estuvo de acuerdo,  dijo que estaba lleno de flores y colorido, que tenía un aroma muy dulce y se veía muy hermoso.DSC05262_opt

El último de los hijos también discrepó, dijo que estaba lleno de frutos y hojas,  repleto de vida y satisfacción.

Entonces el hombre les explicó a sus hijos que todos tenían  razón, pero que cada uno había visto solo una de las estaciones de la vida del árbol.

Les argumentó que no debían de juzgar a un árbol, o a una persona, por solo ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son,  su experiencia vital,  solo puede ser  medida al final, cuando todas las estaciones han pasado.

Si  te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano y la satisfacción del otoño. No dejes que el dolor de una estación destruya la dicha del resto.
No juzgues la vida por solo una estación difícil. Persevera a través de las dificultades y malas rachas… mejores tiempos seguramente vienen por delante.

Viki Morandeira 

Coach Ontológico