La Ira. Cuento: La barca vacía

como controlar la ira La ira es una de las emociones que puede tener una expresión más visible, explosiva en algunos casos. Cómo controlar la ira es lo que nos plantearemos  en el post de hoy, con la ayuda de un cuento Zen, titulado, La barca vacía.

¿De donde viene la ira?

Nadie nace con ira. ¿Te has puesto a pensar en esto? Si lloramos, de bebes, lo hacemos por hambre, frío, miedo, pero no es por rabia hacia  los demás.

Poco a poco, nuestro ego, cuando quiere conseguir algo y no lo logra, puede ir experimentando frustración, rabia. Y también cuando esperamos algo de alguien y eso sucede al contrario como lo esperábamos…

A veces, sin darnos cuenta, vamos llenándonos de ira,de rabia, de indignación, y es como poner una pava al fuego. Cada nueva situación, similar a la ocasión previa en la que experimentamos rabia, se va acumulando, como el calor dentro de la pava, hasta que el agua hierve y se convierte en vapor que busca salir haciendo ruido, silbando con fuerza.  No en vano en los dibujos animados, cuando querían que viéramos el enojo de alguno de los personajes, les salía humo por las orejas…. ¿recuerdas?

La primera vez que le pedimos a nuestros hijos que se  vistan, puede que lo hagamos con tranquilidad. Si se va acercando la hora de salir, y aún no están listos, nos vamos sintiendo más y más tensos. Estamos sobre el fuego… “calentándonos”. Hasta que puede llegar un momento en el que en lugar de seguir hablando con dulzura, estamos “hirviendo” y nuestras palabras salen a borbotones, de forma explosiva…

Cuando somos incapaces de frenar continuos ataques de ira bien sea con nuestros hijos, con nuestra pareja, con familiares, es necesario asumir que somos nosotros los responsables de mejorar esta situación. Se puede.

¿Sabes cómo controlar la ira? Permíteme compartir contigo este cuento

La barca vacía

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Un maestro zen, en una charla con sus aprendices, relató lo siguiente:
“Un hombre tenía una pequeña barca, y solía ir al lago solo. Se quedaba allí durante horas y horas. 
Una tarde muy hermosa, mientras estaba meditando, con los ojos abiertos, notó que otra barca se dirigía hacia su posición. A medida que se acercaba aquella barca, el  hombre comenzó a sentirse incómodo.

¿Qué hacía navegando en su dirección, perturbándole en su remanso de paz? Conforme la barca más se acercaba, nuestro hombre más y más se ofuscaba. Pronto comenzó a levantar los brazos, gritar y hacer señas enfadado, para que el propietario de esa barca corrigiera el rumbo y se marchara hacia otro lugar.

¡Que falta de consideración, con tanto lago, con tanto espacio, tener que venir aquí, donde yo estoy, para molestarme! Su ira seguía en aumento, hasta que la embarcación, flotando, llegó hasta su posición golpeando su barca. En ese momento, al borde de la mayor de las iras, solo pensaba en poder ver a ese hombre, para decirle algo… cuando se dio cuenta que la barca estaba vacía.   No había forma de continuar. ¿A quién iba a gritarle descargando su rabia si aquel bote estaba vacío?

¿Qué posibilidad quedaba de proyectar su ira hacia  un bote donde no había nadie a bordo, que flotaba corriente abajo, sin rumbo?  

No era  la barca la que le había traído la ira a nuestro hombre. Su rabia era real, pero al comprobar que no había nadie en aquella barca, también pudo comprobar que él, y solo él, había sido quien había dado origen a esa ira, alimentándola más y más con sus pensamientos, a medida que la barca se deslizaba hacia él, hasta darle.

Si en la barca hubiera habido un hombre, esa ira, originada en su interior, alimentada por él, habría sido “escupida” con fuerza y agresividad. En cambio, al no haber nadie en la barca, nuestro hombre pudo aprender que los demás, no son los que nos traen la ira, son como barcas vacías. Y también hizo otro valioso aprendizaje. Cuando, por el contrario, si otra persona fuese quien llegase a él cargada de ira, simplemente, podía no tomarlo como algo personal, porque a fin de cuentas, la ira no la provocan los otros, la alimentamos nosotros. Además, como el no podía hacer daño, a una barca vacía, también aprendió a evitar que el enfado de otros le hiciera daño alguno, sintiéndose el mismo, una barca vacía a la deriva.

Cuentos para trabajar la rabia

En el taller de Inteligencia Emocional, uno de los 10 temas que trabajamos, es la rabia. Podemos pensar que es fácil, con ejercicios controlar la ira, pero es más bien un trabajo de comprensión. Un proceso de autoconocimiento, para llegar a las raíces de estas emociones, porque de nada sirve “controlar” la ira, si en algún momento perdemos el control y explota peor que antes. Nuestro trabajo en este taller es adquirir la inteligencia emocional suficiente para no tener nada que controlar, sino, simplemente, comprender que incluso es normal en determinado momento experimentar rabia, enojo, ira, y que a pesar de esas emociones, podemos hacer una expresión adecuada de esa emoción, sin perder el control de nuestras acciones.

Ser emocionalmente inteligente NO es controlar nuestra ira, sino, incluso si llegamos a sentir rabia, ser nosotros quienes decidimos y elegimos cómo expresar esa emoción, sin hacer nada de lo que después podamos arrepentirnos o sentirnos avergonzados.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

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