Cuento: Dolor y Sal

salt-3200952_640Nadie tiene un escudo tan poderoso como para evitarse pasar por algunos malos momentos a lo largo de su vida.

Ni siquiera tener la fortuna de ser una persona optimista, que ha heredado esa condición de su padre o de su madre, que la ha heredado a su vez de alguno de sus padres.. ni el más grande de los optimistas puede librarse de experimentar dolor.

Somos humanos, seres sensibles, que vivimos situaciones tristes, que nos lastiman, pero también somos seres con empatía, que sufrimos al ver injusticias y el sufrimiento de los demás.

¿Qué hacemos con nuestro dolor? 

En primer lugar, de nada sirve negarlo. De nada sirve negar nuestras emociones. Porque además de seres emocionales, somos seres pensantes, racionales. ¿Y sabes qué? Tu mente te juzga. Si no lloraras ante la muerte de un ser querido, tu mente te comenzaría a cuestionar qué por qué no has llorado, qué quizás no le querías tanto…etc. Cuando seguramente eso no es así y habría otros motivos diferentes (ser hombre, intentar “estar bien” para que no sufran otras personas a quienes quieres proteger”, etc)

Los sentimientos,  todos, son necesarios y nos muestran nuestra esencia de seres humanos emocionales. Eso sí… ¿Qué actitud tenemos ante algunas circunstancias que nos duelen, que nos molestan?

Algunas veces, algunas personas, eligen la queja para expresar su rabia, su frustración, su dolor, y se quejan de que podría haberse hecho algo antes, luego de que ya no se hubo hecho, o se quejan de lo sucedido, de lo que no les ha gustado, de lo que ha dolido….

Hay cuentos para reflexionar, cuentos con moraleja, cuentos de coaching, relatos que sirven para que miremos nuestra realidad desde un punto de vista diferente. Les dejo este.

CUENTO: LA SAL

Un anciano y sabio maestro hindú pasaba las tardes con un joven aprendiz. Una de esas tardes, cansado de escuchar cómo el aprendiz se quejaba de todo, decidió darle una enseñanza.

Y así, una mañana, le pidió que trajera algo de sal. Cuando el aprendiz volvió, el maestro dijo al joven infeliz que cogiera un puñado de sal y lo pusiera en un vaso de agua.

-Bébelo – le dijo el maestro al joven. Y acto seguido le preguntó.
-¿Cómo sabe? –
-Salada – dijo el aprendiz con una grotesca muesca en su cara.

El maestro se echó a reír y sin decir nada, pidió al joven que tomara el mismo puñado de sal y que lo siguiera. Ambos caminaron en silencio hasta un lago cercano y allí, el maestro le pidió al joven que echara el puñado de sal al agua. Luego, el anciano dijo:
-Ahora bebe del lago.
Cuando hubo bebido el maestro le preguntó:
-¿Cómo sabe?
-Fresca – comentó el aprendiz.
-¿Notas la sal? – preguntó el maestro.
-No – dijo el joven.

Seguidamente, el maestro se sentó junto al joven serio, que tanto le recordaba a sí mismo, y tomándole las manos, le dijo:
El dolor de la vida es pura sal; ni más ni menos. La cantidad de dolor en la vida es la misma de siempre. Pero lo notaremos más o menos salado dependiendo del recipiente en el que lo pongamos. Así, cuando sientas dolor, lo único que puedes hacer es ampliar tu visión de las cosas… Deja de ser un vaso, conviértete en un lago.


Hay momentos en la vida en los que el dolor nos sabe terriblemente amargo… en esos momentos es necesario convertirnos en un lago, ampliar nuestra visión, separarnos del dolor para poder verlo de lejos, siendo un observador distinto.

Da igual si ese dolor es nuevo, o si es antiguo. Siempre podemos elegir Sanar y si nos cuesta hacerlo solos, también podemos pedir ayuda.

Taller Sanación Emocional. Como perdonar y olvidar. 

Viki Morandeira

Coach Ontológico

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Cuento: Las cuatro estaciones

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Hay momentos en los que la vida parece torcerse… momentos en los que vemos a una persona y nos parece mentir que se esté comportando como se está comportando. Momentos en los que no entendemos porqué las cosas suceden como están sucediendo….  Y a veces, juzgamos por lo que vemos en “ese momento”.

Uno de los cuentos sobre emociones para adultos que he compartido en mi blog, en cierta forma relacionado con este tema, con “juzgar” las situaciones, es el cuento de El caballo perdido del anciano sabio.  Te invito a leerlo, luego de leer este otro cuento con moraleja…

CUENTO LAS CUATRO ESTACIONES

Había un hombre que tenía cuatro hijos. Quería que  aprendieran a no juzgar las cosas superficialmente; entonces envió a cada uno por turnos a ver un manzano que estaba a una gran distancia.

El primer hijo fue en el Invierno, el segundo en Primavera, el tercero en Verano y el hijo más joven en el Otoño. Cuando todos ellos  regresaron, les llamó y juntos les pidió que describieran lo que habían visto.

El primer hijo mencionó que el árbol tenía las ramas desnudas, que estaba doblado y retorcido.

El segundo dijo que no, que estaba cubierto con brotes verdes y lleno de promesas.

El tercer hijo no estuvo de acuerdo,  dijo que estaba lleno de flores y colorido, que tenía un aroma muy dulce y se veía muy hermoso.DSC05262_opt

El último de los hijos también discrepó, dijo que estaba lleno de frutos y hojas,  repleto de vida y satisfacción.

Entonces el hombre les explicó a sus hijos que todos tenían  razón, pero que cada uno había visto solo una de las estaciones de la vida del árbol.

Les argumentó que no debían de juzgar a un árbol, o a una persona, por solo ver una de sus temporadas, y que la esencia de lo que son,  su experiencia vital,  solo puede ser  medida al final, cuando todas las estaciones han pasado.

Si  te das por vencido en el invierno, habrás perdido la promesa de la primavera, la belleza del verano y la satisfacción del otoño. No dejes que el dolor de una estación destruya la dicha del resto.
No juzgues la vida por solo una estación difícil. Persevera a través de las dificultades y malas rachas… mejores tiempos seguramente vienen por delante.

Viki Morandeira 

Coach Ontológico

Cuento: Las puntas del jamón

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¿Te cuestionas porqué haces las cosas como las haces? Muchas veces, en nuestro afán de hacer “lo mejor”, no tenemos en cuenta que hay muchas maneras de hacer lo mejor y que no solo la nuestra es la válida.

Permíteme compartir contigo este relato, que leí hace tiempo, en una versión diferente a la que recoge  Jorge Bucay en su libro, Cartas para Claudia. y que he variado ligeramente.

Cuento: Las puntas del jamón

Una noche, Mariana, está preparando la cena. Coge unas lonchas de jamón, le corta las puntas y las pone en la plancha para dorarlas ligeramente. Su esposo, al ver esto, le pregunta: ¿Por qué cortas las puntas a cada loncha de jamón?

Mariana, lo mira desconcertada, pero también contrariada, porque siente que con esa pregunta su esposo le está diciendo: “lo estás haciendo mal”. Y le responde. Se hace así.

¿Y porqué se hace así? le pregunta su esposo, aún más desconcertado por el tono que ha puesto Mariana en su respuesta.

Pues porque siempre lo hemos hecho así en mi casa, mi madre siempre lo ha hecho así. – fue la respuesta de Mariana. Y ahí quedó el tema…

A la semana siguiente, van a almorzar a casa de su madre, y Mariana, sin que su esposo la escuche, le pregunta, ¿Mamá, porqué hay que cortarle las puntas a la loncha del jamón? Su curiosidad, no era quizás tanto por saber, sino por demostrarle a su esposo que ella estaba en lo cierto. Su madre, le respondió: No lo sé, yo siempre lo he hecho así, porque tu abuela lo hacía siempre así. Espera, vamos a llamar a la abuela y se lo preguntamos.

La abuela, que estaba en el salón, escuchó la pregunta de las dos mujeres.

¿Mamá, porqué le cortas las puntas al jamón para cocinarlo?

Y la abuela, sorprendida por lo obvio de la pregunta, respondió: ¡Porque mi plancha es pequeña y si no le corto las puntas no entra!

A veces, tenemos absoluta certeza en que las cosas se hacen como nosotros las hacemos. No nos hemos cuestionado si hay otras maneras, iguales o mejores que la nuestra. Cuando alguien nos pregunta sobre algo que hemos hecho, decidido, de determinada manera, (la nuestra) podemos tomarnos esto como una crítica, como un ataque y responder a la defensiva. Nosotros tenemos un motivo, incluso aunque no lo conozcamos, incluso aunque sea un error, lo hacemos así porque nuestra mente dice que lo hagamos así.

¿Realmente nos están atacando cuando nos preguntan porqué tenemos que ir por tal calle y no por otra? ¿Realmente están criticando lo que hacemos cuando nos preguntan porqué ponemos la sal a la carne antes de ponerla en la plancha? Cuando una persona pregunta, lo hace porque no comprende, porque su mente le ha dicho que se hace de otra manera. NO nos están criticando o cuestionando.

También hay que tener en cuenta, que si la otra persona hace o decide algo, tiene sus motivos, aunque nosotros no los comprendamos y que al preguntarle, puede sentir que le atacamos, que no aprobamos su manera de hacer las cosas.

Hablar no es sinónimo de estar comunicándonos efectivamente. Cuando no entiendas, pregunta, pero deja claro que es para entender, no por juzgar. Cuando te pregunten, piensa que no te están juzgando, sino, intentando comprender porqué haces lo que haces, y que a esa persona le resulta extraño… su mente lo ve de otra manera.

Muchas veces, este tipo de conflictos, si se dan repetidamente, pueden ir mermando  la calidad de las relaciones. Por eso es importante tener en cuenta que si somos nosotros quienes no comprendemos, es necesario que cuidemos las formas, las palabras que utilizamos al preguntar, para que nuestra necesidad de comprender no sea el origen de un conflicto. Recuerda, que no es obligación del otro entenderte, sino una tarea nuestra explicarnos para ser entendidos. Es una tarea nuestra no herir al otro y si pensamos que puede sentirse esa persona cuestionada, juzgada, con nuestra pregunta, hemos de escoger bien las palabras para hacerla sin que le dañen.

Y si es a nosotros a quienes nos preguntan, recuerda que no es el afán del otro cuestionarte o juzgarte, sino, simplemente, comprender porque su mente no cortaría las puntas del jamón.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Cuento: El mono que salvó al pez

¿Cuántas veces queremos ayudar a nuestros seres queridos? Todos deseamos que las personas que nos preocupan tengan una vida mejor, menos preocupaciones, una existencia más agradable. ¿No es cierto?

Quiero compartir un cuento, muy corto, que está incluido en el libro El canto del pájaro (Pozo de Siquem) de Anthony de Mello.

El mono que salvó al pez

«¿Qué demonios estás haciendo?», le pregunté al mono cuando le vi sacar un pez del agua y colocarlo en la rama de un árbol.

«Estoy salvándole de perecer ahogado», me respondió.

Lo que para uno es comida, es veneno para otro. El sol, que permite ver al águila, ciega al búho.

el mono y el pez

Estas pocas frases de Anthony de Mello nos invitan a reflexionar.

¿Todo lo que yo creo que ayuda al otro verdaderamente le ayuda?

¿Puedo estar absolutamente seguro?

¿Ver a alguien en una situación que yo creo que le perjudica o puede hacerle daño siempre será así?

¿Alguna vez he vivido una situación en la que otra persona quería ayudarme pero en lugar de eso yo sentía que me hacía daño?

Las situaciones no siempre son como las vemos, es necesario que asumamos que para los demás, las situaciones son como las viven, no como nosotros las interpretamos. Por ejemplo, cuando queremos “ayudar” a una persona introvertida, empujándola a asistir a reuniones, o a hablar delante de los demás, cuando iniciamos contando algo sobre esa persona, para que los demás lo sepan, porque creemos que es lo mejor para ella… no siempre ocurre que sea así.

Como hemos hablado en una entrada anterior del blog titulada Como “ayudar” a una persona introvertida poner a alguien introvertido en una posición en la que se vea obligado a hacer algo que no le apetece, que no le agrada, o que le hace daño, es casi igual que sacar a un pez del agua pensando que porque nosotros vivimos fuera del agua ellos también necesitan salir del agua.

Antes de “pensar por los demás” ten muy presente que las personas que no nos piden ayuda suelen rechazar esa ayuda. Incluso, aunque aquello que queramos hacer sea verdaderamente beneficioso para esa persona, también tenemos que tener en cuenta los tiempos.

Si lees el cuento  La Mariposa y el Hombre también podrás comprobar como a pesar de saber lo que la otra persona necesita hacer, a veces, es necesario dar un paso atrás y dejarle a la otra persona el tiempo necesario para dar esos pasos.

Ayudar cuando no se nos ha pedido puede ser una manera de sentirnos tristes. A menudo, con toda la mejor intención del mundo caemos en conductas poco beneficiosas para los demás, como aliviar su carga, como hacer las cosas por ellos, como tratarles como si no fueran capaces de hacer algo.

Si nosotros tenemos prisa, es nuestro problema. Solo cuando alguien pueda pedirnos ayuda, porque considera que necesita algo y que podemos ser nosotros quienes le ayudemos, solo en ese momento podrá “ver” la solución que le ofrezcamos.

Si durante la crisis de los 40 de mi esposo alguien hubiera venido a decirme que quería ayudarme porque veía que teníamos problemas, probablemente le hubiera mirado con incredulidad, con sorpresa, porque aún yo no era consciente de tener ningún problema que resolver.

Recuerda, no todo lo que para ti es mejor será lo mejor para los demás. Y si intentas ayudar puedes dañar incluso más al otro, por hacerle sentir presionado a ser diferente a como es.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

Cuento: Los tres Ancianos

 

 

cuento coaching

Una mujer salió de su casa y vio a tres ancianos de barbas largas sentados frente a su jardín. No los conocía, pero aún así les dijo:

“No creo conocerlos, pero tal vez tengan hambre. Por favor entren a mi casa y coman algo”

Ellos preguntaron: “¿Está el hombre de la casa?”

“No”, respondió ella, “no está”

“Entonces no podemos entrar”, dijeron ellos.

Al atardecer, cuando llegó el marido, la mujer le contó lo sucedido y él dijo:

“¡Diles que he llegado e invítalos a pasar!”

La mujer salió a invitar a los hombres a entrar en su casa.

“No podemos pasar los tres juntos”, explicaron los ancianos.

“¿Por qué?” quiso saber ella.

En ese momento, uno de los hombres señaló hacia los otros dos y dijo:

 

“Él se llama Riqueza y él Éxito. Mi nombre es Amor. Entra y decide con tu marido a cuál de nosotros tres desean invitar”

 

La mujer entró a su casa y le repitió la historia a su marido. El hombre se puso feliz.

“¡Qué bueno! Ya que así es el asunto, invitemos a Riqueza. Dejemos que entre y llene nuestro

hogar de abundancia.

La esposa no estuvo de acuerdo.

“Querido ¿por qué no invitamos a Éxito?”.

La hija del matrimonio, que estaba escuchando la conversación desde la otra punta de la casa, vino corriendo con una idea:

“¿No sería mejor invitar a Amor?. Entonces nuestro hogar estaría lleno de amor”

“Hagámosle caso a nuestra hija”, dijo el esposo a su mujer.

“Ve e invita a Amor a que sea nuestro huésped”.

La esposa salió y les preguntó a los ancianos:

“¿Cuál de ustedes es Amor?. Deseamos que él sea nuestro invitado”

Amor se puso de pie y comenzó a caminar hacia la casa. Los otros dos ancianos se levantaron y lo siguieron. Sorprendida, la mujer les preguntó:

“Sólo invité a Amor. ¿Por qué vienen ustedes también?”. Los ancianos respondieron al unísono: “Si hubieras invitado a Riqueza o Éxito, los otros dos hubiesen permanecido afuera. Pero invitaste a Amor, y donde sea que vaya Amor, nosotros vamos con él”.

Donde hay amor, hay riqueza y éxito

Acabo de leer este cuento, y me pareció muy bueno para compartirlo con ustedes.

¿Cuántas veces damos prioridad al Éxito o la Riqueza y dejamos de lado el amor?

Riquezas, y Éxitos podremos volver a conseguir si se pierden….. pero el amor, jamás es igual. Aunque volvamos a enamorarnos, nunca es el mismo amor.

 

Tu Coach Personal

Cuento: La Escalera del Deseo

cuento la escalera de los deseos

 

Era una noche tranquila, pero el corazón de una persona estaba muy inquieto. Tenía una meta en su corazón, pero su mente estaba tan confundida que no sabía por dónde empezar ni cómo hacer para cumplir su meta. Esa noche, luego de dar muchas vueltas en la cama, se durmió.

En el transcurso de la noche tuvo un sueño:

El se encontraba en una hermosa pradera con árboles y un hermoso paisaje de montañas. Mientras miraba este hermoso paisaje, notó algo que le llamó mucho la atención: un gran grupo de personas que se dirigían hacia el mismo lugar. Avanzó unos pasos para ver hacia dónde iban y logró ver a la distancia una escalera que tenía su base en la tierra mas no se veía su final. Picado Sigue leyendo “Cuento: La Escalera del Deseo”

Cuento: Las Piedras Grandes Primero!

A menudo vamos corriendo todo el día. Preocupados, demasiado preocupados por cosas importantes. Que nuestro trabajo salga bien, es importante. Que nuestra empresa venda más, es importante. Que nuestra casa esté organizada, es importante. Que estudiemos y trabajemos es importante. Pero…. ¿sabemos diferenciar entre Importante y Valioso? En nuestra vida, en la mía, en la tuya, todos tenemos cosas importantes, pero también tenemos algo “valioso”, que es mucho más importante que todo lo demás. No descuides lo valioso. Te dejo un cuento que refleja muy bien a lo que me refiero.

 

cuento las piedras grandes

En una conferencia sobre la Gestión del Tiempo, un experto asesor hizo lo siguiente:

 

Sacó de debajo del escritorio un frasco grande de boca ancha. Lo colocó sobre la mesa,

junto a una bandeja con piedras del tamaño de un puño y preguntó:.

Cuantas piedras piensan que caben en el frasco?

Después de que los asistentes hicieran sus conjeturas, empezó a meter piedras hasta que llenó el frasco.

Luego preguntó: Esta lleno?

 

Todo el mundo lo miro y asintió. Entonces sacó de debajo de la mesa un cubo con piedras más pequeñas, como garbanzos. Metió parte de ellas en el frasco y lo agitó.

Las piedrecillas penetraron por los espacios que dejaban las piedras grandes.

El experto sonrió con ironía y repitió: Esta lleno?

Esta vez los oyentes dudaron:

Tal vez no, Bien!

 

Y puso en la mesa un cubo con arena que comenzó a volcar en el frasco.

La arena se filtraba en los pequeños recovecos que dejaban las piedras.

Está lleno? pregunto de nuevo. – No!, exclamaron los asistentes.

Entonces, esta vez tomó la taza de café que tenía sobre su mesa y la tiró dentro del frasco.

 

A fin de que los asistentes vieran el valor pedagógico de este ejercicio, el experto preguntó:

Bueno, que hemos demostrado?,

 

Un alumno respondió:

Que no importa lo llena que esté tu agenda, si lo intentas, siempre puedes hacer que quepan más cosas.

¡NO!,dijo el conferenciante: Lo que esta lección nos enseña es que si no colocas las piedras grandes primero, nunca podrás colocarlas después, y además, que siempre queda un hueco para tomar un café con los amigos.

¿Cuales son las grandes piedras en tu vida?.

¿Crees que estamos hablando de trabajo, de proyectos, de emprendimientos?

Tus hijos, tus amigos, tus sueños, tu salud, la persona amada. Estas son nuestras piedras grandes.

 

Recuerda, ponlas primero. El resto encontrará su Lugar.

viki morandeira

 

 

 

Tu Coach Personal

Cuento: Los Pimientos Rojos

cuento los pimientos rojos

Me gustaría hoy compartir con ustedes este cuento. Como cada uno de los que he propuesto anteriormente, tiene una enseñanza escondida. Una interpretación que necesita ser hecha. Por lo general, es mejor que cada uno termine sacando la suya, aunque en este caso yo no he podido aguantar y he leído inmediatamente la que venía tras el cuento. No voy a ponerla, para que puedan sacar su conclusión y luego la comentamos. ¿ok?

Los Pimientos Rojos

En el curso de un viaje, Pepe, llega a un pueblo. En el mercado se queda atónito ante un puesto de frutas y verduras exóticas, desconocidas para él, que tienen una apariencia muy apetecible. Le dice al vendedor:
¡Estas frutas parecen excelentes! Un kilo, por favor.
Se va Pepe, la mar de contento con su compra. Unas calles más adelante, se siente tentado, toma una de esas apetitosas frutas rojas y le da un gran mordisco. Su rostro empieza a descomponerse, sus ojos se ponen colorados y la boca le arde como llena de fuego. Sus mejillas también se ponen rojas. Los ojos comienzan a llorarle. Sin embargo, vuelve a acercar la fruta a su boca y le da otro bocado.Un vecino del pueblo, que lleva mirando la escena desde el principio, le dice:
¿Pero que hace usted?
Creía que estas frutas eran muy buenas. Pensando que no tendría bastante con una, y he comprado un kilo.
Comprendo. – responde el vecino. – ¿pero por qué se empeña usted en comérselas? No ve acaso que son pimientos picantes, de los más fuertes que hay!?!

A lo que Pepe responde: No son los pimientos lo que estoy comiendo, sino mi dinero.

¿Cuántas veces te has dado cuenta que lo que tenías entre manos no era lo que creías? ¿Y aun así, te sigues comiendo los pimientos, mientras las lágrimas caen por tus mejillas? …

Lo dejo así para que cada uno pueda compartir su interpretación en un comentario.

Viki Morandeira
Tu Coach Personal

 

Cuento: La Flor de la Honestidad

José Saramago, escritor portugués, dijo poco antes de morir, que el mundo, no tenía una crisis económica, sino una crisis de valores. Y comparto plenamente su opinión. Es la falta de valores personales, de muchas personas en el mundo, de muchas empresas, lo que ha llevado a grandes regiones del mundo a entrar en esta gran crisis.

Me gustaría compartir una bella fábula china, sobre la importancia de mantener nuestros valores.

los valores personales

Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse.

Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó:

“¿Hija mía, que vas a  hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura”

Y la hija respondió: “No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz”.

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: “Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China”.


La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc. El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido.

Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo. Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado.

Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención.

Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones.

Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó:

“Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles”

A veces, obsesionados con los resultados, con los logros, con lo visible, olvidamos cultivar la honestidad, olvidamos lo que nos hace mejores como personas y no mas productivos como una pieza de un puzzle en una empresa….. Incluso, creo que hemos confundido el significado de la palabra Exito.

Lo hemos ligado a unos objetivos económicos o de fama, y si los resultados no son más y más, hacemos todo lo posible, incluso perdiendo la lealtadad hacia nuestros propios valores, traicionando nuestros principios, para obtener unos meros resultados….

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

www.vikimorandeira.tk

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