Como aprendemos a incorporar la resiliencia a nuestra vida

resiliencia

Ser resiliente, o saber superar las adversidades no es algo innato. Nuestra relación con los demás y sus conductas, nos afectan de manera negativa o positiva para poder actuar con resiliencia en situaciones donde nos vemos desbordados o con mucho dolor por lo ocurrido.

Edith Groteber (1997) define cuatro fuentes interactivas de la resiliencia, que nos ayudan a salir incluso transformados y  fortalecidos, de situaciones de adversidad.

• “Yo tengo” en mi entorno social.

• “Yo soy” y “yo estoy”, hablan de las fortalezas intrapsíquicas y condiciones personales.

• “Yo puedo”, hace referencia a las habilidades personales en las relaciones con los otros

 

Ante situaciones de dolor, imprevistas, momentos que no desearíamos haber vivido, es importante comprender que nuestra actitud es la que determina como y cuanto.

¿Con qué me refiero a cómo y cuánto? Me estoy refiriendo a que sin tener en cuenta la situación que nos ha golpeado, tener una actitud resiliente es FUNDAMENTAL para determinar si lo superaremos en dos meses o en 10 años, es FUNDAMENTAL para determinar la cantidad de dolor que nos vamos a permitir soportar, cargar, tolerar en nuestra vida.

Por eso te invito a que incorpores en tu vida la resiliencia, a que utilices las cuatro fuentes interactivas de la resiliencia en esa situación que te ha desestabilizado en tu vida. Siéntate con una hoja en blanco delante y completa frases que te ayuden a superar la adversidad que enfrentas.

Tú tienes, Tú eres, Tú estás y Tú puedes.

Ahora te toca a ti. Yo tengo…. Yo soy… Yo estoy …. Yo puedo.

Permíteme compartirte unos cuantos ejemplos que te ayudarán a comprobar como puedes resurgir de tu dolor, utilizando la resiliencia.

Tengo:

• Personas en mi entorno cercano, en quienes confío y por quienes me siento querido incondicionalmente.

• Personas que me protegen, enseñándome los  límites para que aprenda a evitar peligros.

• Personas que con su conducta, me dan ejemplo sobre  la manera correcta de proceder.

• Personas que no me sobreprotegen, sino que me impulsan a desenvolverme solo.

• Personas que cuidan de mi cuando estoy enfermo o en peligro, o cuando necesito aprender algo.

Soy:

• Alguien que sabe que es apreciado y amado por los demás, porque asi me lo demuestran.

• Feliz cuando hago algo bueno para los demás y les demuestro mi afecto.

• Respetuoso de mí mismo y del prójimo.

Estoy:

• Dispuesto a responsabilizarme de las consecuencias de mis actos.

• Seguro de que todo saldrá bien al final, aunque de momento no esté bien.

Puedo:

• Expresar mis sentimientos, en especial sobre aquellas circunstancias que me asustan o me inquietan.

• Buscar múltiples maneras de resolver mis problemas.

• Responsabilizarme y frenarme cuando tengo ganas de hacer algo potencialmente peligroso o que no está bien.

• Buscar el momento apropiado para hablar con alguien o actuar, sin aceptar presiones.

• Encontrar a alguien que me ayude cuando lo necesito.

Cuando en nuestro entorno cercano, familiar, educativo, tenemos ejemplos de personas que nos transmiten estas enseñanzas, en lugar de dejarse hundir por las adversidades, incorporamos la resiliencia de manera natural.

En nuestra interacción con nuestra madre, se inicia la conquista de la resiliencia. Porque es desde ese momento, cuando empezamos a crear una autoestima positiva, cuando tenemos nuestras necesidades satisfechas, nos sentimos amados y amamos incondicionalmente, recibimos protección y consuelo frente a los peligros externos, conseguimos gestionar mejor y moderar nuestra angustia, que es la reacción natural e inicial frente a sucesos traumáticos. Tener una madre que nos brinde ese colchón, esa red de seguridad, nos brinda una base emocional equilibrada. Así mismo, la relación con nuestro padre, y demás cuidadores, tanto abuelos como maestros, tíos o incluso vecinos, ayudan (o dificultan) el fortalecimiento de nuestra fortaleza y capacidad para superar las adversidades.

Aunque si no hemos tenido esos ejemplos de chicos, no significa que no podamos incorporarlos siendo adultos. La Inteligencia Emocional, al igual que la resiliencia, o la autoestima, son fortalezas que pueden aprenderse, incorporarse y mejorarse a cualquier edad.

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

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¿Qué es la Resiliencia?

que es la resiliencia   En la vida, todos, en mayor o menor medida, nos enfrentamos a situaciones dolorosas, adversidades, incluso a contextos sumamente traumáticos como una guerra, o la extrema pobreza. La capacidad para superar todas estas adversidades, la capacidad de seguir estando mentalmente sano, incluso en ambientes insanos. Ha sido definida así, por Rutter, en 1992. El término resiliencia, proviene de las propiedades que poseen algunos metales, que luego de haber sido sometidos a grandes cambios y presiones, consiguen volver a su estado normal. El dolor, puede ser algo que ocupe toda nuestra vida, cada hora, cada segundo de nuestra existencia si se lo permitimos. Puede comportarse como un gas, que al entrar en un espacio mayor, se expande hasta ocuparlo por completo.   Pero es nuestra actitud ante las dificultades, el acotar el dolor, asumir que pronto pasará, lo que nos permite superar graves conflictos saliendo incluso mejor que antes.

  • Demóstenes de humilde, feo y tartamudo, se convirtió por su esfuerzo y constancia en el mejor orador de la antigüedad clásica.
  • Erikson, a punto de morir de polio, durante años de intenso dolor, con paciencia infinita y determinación, creó y desarrolló técnicas de relajación y autohipnosis que han sido una referencia terapéutica indiscutida.
  • Jean Piaget, después de una infancia marcada por la enfermedad mental de su madre, logró desarrollar las bases de la psicología cognitiva.
  • Victor Frankl, psiquiatra, superviviente de Auschwitz, sería el fundador de la escuela de terapia humanista y existencial.

Pero no solo personas reconocidas han sido resilientes en sus vidas. Una madre que supera la muerte de un hijo, y consigue tener una vida física y mentalmente sana, para seguir disfrutando con sus otros hijos, es una persona resiliente. Una persona que supera un secuestro, donde fue sometida y quebrada su voluntad, pero una ver recuperada la libertad tiene una vida normal, sin consecuencias psicologicas negativas, es una persona resiliente. Una persona que pasa por una infidelidad, que sufre una situación traumática, con todo el dolor que la ruptura de la confianza conlleva, y a pesar de eso, puede retomar la relación, incluso con más energías, felicidad y confianza en si misma que antes, es una persona con resiliencia.  

¿Qué determina que una persona se hunda en una depresión, tras una situación traumática y otras personas las superen sin ninguna secuela? La actitud. En mi opinión, nuestra actitud ante las adversidades es fundamental. Por muy dolorosa que sea la situación, no será eterna, pronto acabará y tendremos la posibilidad de continuar con nuestra vida, de volvernos a fijar nuesvas metas, de superar el pasado y dejarlo en el lugar al que pertenece. Nada de nuestro pasado puede ser modificado.

Pero en cambio, si podemos modificar nuestra interpretación de los hechos. Si elegimos que el pasado nos condicione, nos hunda, nos destruya, se adueñará de nuestro futuro. En cambio, si aceptamos, con resiliencia, que hubo circunstancias que fueron dolorosas, traumáticas o difíciles, pero que no condicionan nuestro futuro, nos estaremos haciendo un gran favor. Si quieres ser feliz, a pesar del dolor que tengas hoy en tu corazón, acepta que no será para siempre, que una vez pasado, tu vida será mucho mejor, y que está en tu actitud ante los problemas, la capacidad para superarlos.  

Viki Morandeira
Tu Coach Personal