Cuento: El viajero Sediento

 

 

 

En la vida, nos encontramos con personas sedientas…. personas a quienes solo les interesa su sed. Si te reconoces en este relato, recopilado por Ramiro Calle, en su libro 101 Cuentos Clásicos de la India, no te culpes ni te autocritíques.

 

El ver nuestros defectos es el primer paso para cambiar. Nadie puede reparar un neumático pinchado hasta que se da cuenta que está pinchado, ¿Verdad? Nosotros, somos algo parecido. No podemos “repararnos” hasta que no notamos el fallo. Un neumático pinchado hace que un coche se desvíe ligeramente hacia un lado, ¿alguna vez te ha pasado? Pues en tu vida, si notas que te estás desviando….. mira hacia adentro y puede que sepas de donde viene el problema!

 

 

Lentamente, el sol se había ido ocultando y la noche había caído por completo. Por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa.

 

Varios hombres compartían un departamento y, como quedaban muchas horas para llegar al destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. El tren proseguía su marcha. Transcurrieron los minutos y los viajeros empezaron a conciliar el sueño. Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados. De repente, empezó a escucharse una voz que decía:

 

–¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo!

 

Así una y otra vez, insistente y monótonamente. Era uno de los viajeros que no cesaba de quejarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. Ya resultaba tan molesta y repetitiva su queja, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. El hombre sediento bebió con avidez el agua. Todos se echaron de nuevo. Otra vez se apagó la luz. Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. Transcurrieron unos minutos. Y, de repente, la misma voz de antes comenzó a decir:

 

–¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!

 

Este mismo cuento, lo conozco en su versión árabe. Donde no van en un tren, sino en una carabana de mercaderes a lomos de sus camellos. La tradición oral es algo fantástico, que no debe perderse.

 

*El Maestro dice: La mente siempre tiene problemas. Cuando no tiene problemas reales, fabrica problemas imaginarios y ficticios, teniendo incluso que buscar soluciones imaginarias y ficticias.

Si te reconoces como el viajero sediento, estupendo!! El primer paso para mejorar en algo es reconocer que hay algo que podemos mejorar. Quejarse no suele ser beneficioso, ocuparse de eso que nos incomoda, si. Y si te ha tocado en este viaje algún compañero como el viajero sediento, quizás sea bueno que aprendas a evitar que su negatividad drene tu energía y te deje sin fuerzas… Las personas tóxicas no saben que lo son. Pero sí tú si lo has notado, seguir sin hacer nada puede ser también negativo para ti.

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

 

Cuento: La verdad…¿es la verdad?

Cuentos Sufies

LA VERDAD… ¿ES LA VERDAD?

Cada persona vive una realidad diferente. Y esa realidad emana de su mente. Cuando desconectamos de los demas, nuestra realidad se va alejando de las realidades de los demás. ¿Verdad y realidad son iguales? ¿Quien determina qué es verdad y que es real? Una persona puede decir que se ha visto presionada, y la otra persona, puede no ser consciente de nada de esto…. ¿Como imponer una sola verdad, una sola realidad? Te dejo un cuento, para que analices…

El rey había entrado en un estado de honda reflexión durante los últimos días. Estaba pensativo y ausente. Se hacía muchas preguntas, entre otras por qué los seres humanos no eran mejores. Sin poder resolver este último interrogante, pidió que trajeran a su presencia a un ermitaño que moraba en un bosque cercano y que llevaba años dedicado a la meditación, habiendo cobrado fama de sabio y ecuánime.

Sólo porque se lo exigieron, el eremita abandonó la inmensa paz del bosque.

–Señor, ¿qué deseas de mí? -preguntó ante el meditabundo monarca.

–He oído hablar mucho de ti -dijo el rey-. Sé que apenas hablas, que no gustas de honores ni placeres, que no haces diferencia entre un trozo de oro y uno de arcilla, pero todos dicen que eres un sabio.

–La gente dice, señor -repuso indiferente el ermitaño.

–A propósito de la gente quiero preguntarte -dijo el monarca-. ¿Cómo lograr que la gente sea mejor?

–Puedo decirte, señor -repuso el ermitaño-, que las leyes por sí mismas no bastan, en absoluto, para hacer mejor a la gente. El ser humano tiene que cultivar ciertas actitudes y practicar ciertos métodos para alcanzar la verdad de orden superior y la clara comprensión. Esa verdad de orden superior tiene, desde luego, muy poco que ver con la verdad ordinaria.

El rey se quedó dubitativo. Luego reaccionó para replicar:

–De lo que no hay duda, ermitaño, es de que yo, al menos, puedo lograr que la gente diga la verdad; al menos puedo conseguir que sean veraces.

El eremita sonrió levemente, pero nada dijo. Guardó un noble silencio.

El rey decidió establecer un patíbulo en el puente que servía de acceso a la ciudad. Un escuadrón a las órdenes de un capitán revisaba a todo aquel que entraba a la ciudad. Se hizo público lo siguiente: “Toda persona que quiera entrar en la ciudad será previamente interrogada. Si dice la verdad, podrá entrar. Si miente, será conducida al patíbulo y ahorcada”.

Amanecía. El ermitaño, tras meditar toda la noche, se puso en marcha hacia la ciudad. Su amado bosque quedaba a sus espaldas. Caminaba con lentitud. Avanzó hacia el puente. El capitán se interpuso en su camino y le preguntó:

–¿Adónde vas?

–Voy camino de la horca para que podáis ahorcarme -repuso sereno el eremita.

El capitán aseveró:

–No lo creo.

–Pues bien, capitán, si he mentido, ahórcame.

–Pero si te ahorcamos por haber mentido -repuso el capitán-, habremos convertido en cierto lo que has dicho y, en ese caso, no te habremos ahorcado por mentir, sino por decir la verdad.

–Así es -afirmó el ermitaño-.

Ahora usted sabe lo que es la verdad… ¡Su verdad!

*El Maestro dice: El aferramiento a los puntos de vista es una traba mental y un fuerte obstáculo en el viaje

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

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