Cuento: La Furia

conductas asertivas
La furia, la rabia, la ira… Yo creo que ninguna persona en el mundo puede decir que jamás ha experimentado un momento de furia. Pero también creo posible afirmar, que hay personas que han aprendido a gestionar esta emoción sin que destroce, sin que rompa, sin que dañe ninguna de sus relaciones personales ni se dañen a si mismas.
Reprimir las emociones no es saludable. Una emoción es una expresión de nuestra mente, nos habla de lo que pensamos, de cómo pensamos sobre lo que nos sucede, por eso, si algo nos produce furia, enfado, ira, en lugar de explotar o en lugar de tragarnos esta emoción, será mejor buscar entender de donde viene esta emoción. En el taller online de Inteligencia Emocional, uno de los temas donde nos detenemos a profundizar es precisamente en el Enfado.
Si tienes dificultad para gestionar los momentos de ira, de rabia, sigue leyendo,

Cuento: La furia

Un estudiante de Zen fue a su maestro porque tenía una gran preocupación, y le dijo, “Maestro, tengo un carácter ingobernable. ¿Como puedo curarmelo'”.
“Muéstrame ese carácter”, le dijo su maestro, “parece fascinante”.
El estudiante se quedó un poco perplejo… y respondió: “No lo tengo ahora por eso no puedo mostrártelo”.
“Bien, entonces, dijo el maestro, “tráemelo cuando lo tengas”.
El joven frunció el ceño… “Pero no puedo traertelo justamente cuando lo tengo”, protesto el estudiante. “Aparece inesperadamente, y seguramente lo perdería antes de poder alcanzártelo a ti”.
“En ese caso”, le dijo el maestro, “no puede ser parte de tu verdadera naturaleza. Si lo fuera, me lo podrías mostrar en cualquier momento. Cuando nacíste no lo tenias, entonces debe haber venido desde el exterior. Sugiero que cada vez que se apodere de ti, te golpees con un plato hasta que el mal genio no pueda soportarlo y se vaya”.
La próxima vez que te sientas enfurecido, ve y corre alrededor de la casa, siete veces, y luego siéntate debajo de un árbol y observa donde se ha ido la furia. No te has reprimido, no la has controlado, no se la has arrojado a otra persona…
La cólera es solo un vómito mental… No hay necesidad de arrojarlo encima de nadie… Corre un rato, o coge una almohada y golpéala hasta que tus manos y tus dientes se relajen.
En la transformación nunca controlas, solo te pones más alerta. La furia está sucediendo, es un hermoso fenómeno, es simplemente como la electricidad en las nubes…
Aun cuando esté ocurriendo la furia, si repentinamente te vuelves consciente de ella, desaparece. ¡Inténtalo! Precisamente en la mitad, cuando estas más acalorado y quisieras asesinar… de repente date cuenta, y sentirás que algo ha cambiado: tu ser interior se ha relajado…
Puede llevarle tiempo relajarse a tu capa externa, pero el ser interno ya se ha relajado. La cooperación se ha roto… ahora no estás identificado. Al cuerpo le llevará un rato enfriarse, pero en la profundidad del centro todo está frío…
Cuando te has enfriado puedes disfrutar el mundo entero. Cuando estás acalorado estás perdido, te identificas, ¡te confundes tanto!, ¿como puedes disfrutarlo?
Esto puede sonar paradójico, pero te lo digo: solo un Buddha disfruta este mundo.
Fuente

Arrojar nuestra ira a otra persona no resuelve aquello que la causó. Reprimir la rabia, tampoco soluciona nada. Si sientes la fuerza del enfado en tu interior, busca un momento de soledad, y sácala fuera de ti procurando no hacerte daño.
Cuando puedas estar nuevamente en calma, podrás pensar mejor, expresarte más apropiadamente y tener una conversación civilizada. Recuerda, de una discusión nunca sale una solución.

Viki Morandeira

Coach Ontológico
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Cuento: Zanahorias, Huevos o Café.

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Hace bastante que no publicaba un cuento en mi blog. Y éste es uno, que a pesar de haberlo leído hace tiempo, aún no había compartido con ustedes. Ahí va.

Zanahorias, huevos, café

Una hija se quejaba a su padre acerca de su vida y cómo las cosas le resultaban tan difíciles. No sabía cómo hacer para seguir adelante y creía que se daría por vencida. Estaba cansada de luchar. Parecía que cuando solucionaba un problema, aparecía otro.

Su padre, un chef de cocina, la llevó a su lugar de trabajo. Allí llenó tres ollas con agua y las colocó sobre fuego fuerte. Pronto el agua de las tres ollas estaba hirviendo. En una colocó zanahorias, en otra colocó huevos y en la última colocó granos de café. Las dejó hervir sin decir palabra. La hija esperó impacientemente, preguntándose qué estaría haciendo su padre.

A los veinte minutos el padre apagó el fuego. Sacó las zanahorias y las colocó en un recipiente. Sacó los huevos y los colocó en otro. Coló el café y lo puso en un tercer recipiente. Mirando a su hija le dijo: “Querida, ¿qué ves?”.

“Zanahorias, huevos y café”, fue su respuesta.

La hizo acercarse y le pidió que tocara las zanahorias. Ella lo hizo y notó que estaban blandas. Luego le pidió que tomara un huevo y lo rompiera. Luego de sacarle la cáscara, observó el huevo duro. Luego le pidió que probara el café. Ella sonrió mientras disfrutaba de su rico aroma.

Humildemente la hija preguntó: “¿Qué significa esto, padre?”. Él le explicó que los tres elementos habían enfrentado la misma adversidad: ¡agua hirviendo!, pero habían reaccionado en forma diferente. La zanahoria llegó al agua siendo fuerte y dura. Pero después de pasar por el agua hirviendo se había vuelto débil, fácil de deshacer.

El huevo había llegado al agua siendo frágil. Su cáscara fina protegía su interior líquido. Pero después de estar en agua hirviendo, su interior se había endurecido. Los granos de café sin embargo eran únicos. Después de estar en agua hirviendo, habían cambiado al agua.

“¿Cuál eres tú?”, le preguntó a su hija. “Cuando la adversidad llama a tu puerta, ¿cómo respondes?. ¿Eres una zanahoria, un huevo o un grano de café?”

Durante nuestra vida nos tendremos que enfrentar a multitud de situaciones, a muchas ollas de agua hirviendo. ¿Verdad? ¿Cómo eres tú ante la adversidad? ¿Cómo haces frente a aquellas situaciones que no son las que esperabas? ¿Permites que la presión te desarme, te ablande como le ocurre a la zanahoria? ¿La adversidad hace que pierdas tu inicial apariencia de fuerte y acabas convertida en alguien débil?

En la vida hay muchas pruebas para superar, muchas situaciones que serán no tan buenas como esperábamos que fuesen. Aún así, se puede volver a sonreír. Se puede levantarse tras haber caído. Se puede pero debes poner de tu parte. No ser una zanahoria.

O tras una dura prueba, tras la muerte de un ser querido, un divorcio o separación, pasas de ser una persona de corazón tierno a convertirte en alguien duro, rígido, temeroso de los demás? Por fuera sigues igual, en apariencia, poniéndote una  máscara, tu cáscara protectora, pero dentro ya no tienes ese corazón tierno, confiado, que vivía con esperanzas… ¿los golpes han endurecido tu interior?

¿Por qué el grano de café es la mejor elección? Porque tiene resiliencia. Porque a pesar de enfrentarse a duras pruebas consigue transformar su entorno, consigue sacar algo mejor incluso en la peor situación. Nadie dijo que la vida fuera fácil, pero es TU VIDA. Y tú eres quien puede elegir si deseas ser como la zanahoria, mostrando tu debilidad tras los retos de tu vida, o puedes elegir ser como el huevo, ocultándote dentro de una dura cáscara y endureciéndote, cerrándote a la vida. Ninguna de estas dos decisiones hará que seas feliz a largo plazo.

El dolor pasa cuando nosotros decidimos superarlo, crecer, cuando elegimos no rendirnos, cuando respetamos más nuestra propia vida que los caprichos del destino o de los demás. La vida está llena de momentos para ser feliz. Y aún los habrá tras esa situación que te ha puesto a prueba. Puedes actuar con resiliencia, puedes ser como el grano de café y dar lo mejor de ti a pesar de todo. Solo tenemos esta vida, y recuerda, que todo lo que nos ocurre podemos permitir que nos doblegue, que nos endurezca o que saque lo mejor de nosotros. Es tu decisión. Es tu elección. Es tu fortaleza. Es tu vida. Es tu oportunidad de demostrarte a ti mismo, a ti misma, que a pesar de todo aún quieres seguir adelante. Siendo como el grano de café es como superar un bajón.

No seas un huevo.

No actúes como una zanahoria.

Demuéstrate y demuéstrale al mundo que eres un grano de café capaz de dar el mejor aroma y el mejor sabor.

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

Cuento: La Flor de la Honestidad

José Saramago, escritor portugués, dijo poco antes de morir, que el mundo, no tenía una crisis económica, sino una crisis de valores. Y comparto plenamente su opinión. Es la falta de valores personales, de muchas personas en el mundo, de muchas empresas, lo que ha llevado a grandes regiones del mundo a entrar en esta gran crisis.

Me gustaría compartir una bella fábula china, sobre la importancia de mantener nuestros valores.

los valores personales

Se cuenta que allá para el año 250 A.C., en la China antigua, un príncipe de la región norte del país estaba por ser coronado emperador, pero de acuerdo con la ley, él debía casarse.

Sabiendo esto, él decidió hacer una competencia entre las muchachas de la corte para ver quién sería digna de su propuesta. Al día siguiente, el príncipe anunció que recibiría en una celebración especial a todas las pretendientes y lanzaría un desafío.

Una anciana que servía en el palacio hacía muchos años, escuchó los comentarios sobre los preparativos. Sintió una leve tristeza porque sabía que su joven hija tenía un sentimiento profundo de amor por el príncipe. Al llegar a la casa y contar los hechos a la joven, se asombró al saber que ella quería ir a la celebración. Sin poder creerlo le preguntó:

“¿Hija mía, que vas a  hacer allá? Todas las muchachas más bellas y ricas de la corte estarán allí. Sácate esa idea insensata de la cabeza. Sé que debes estar sufriendo, pero no hagas que el sufrimiento se vuelva locura”

Y la hija respondió: “No, querida madre, no estoy sufriendo y tampoco estoy loca. Yo sé que jamás seré escogida, pero es mi oportunidad de estar por lo menos por algunos momentos cerca del príncipe. Esto me hará feliz”.

Por la noche la joven llegó al palacio. Allí estaban todas las muchachas más bellas, con las más bellas ropas, con las más bellas joyas y con las más determinadas intenciones. Entonces, finalmente, el príncipe anunció el desafío: “Daré a cada una de ustedes una semilla. Aquella que me traiga la flor más bella dentro de seis meses será escogida por mí, esposa y futura emperatriz de China”.


La propuesta del príncipe seguía las tradiciones de aquel pueblo, que valoraba mucho la especialidad de cultivar algo, sean: costumbres, amistades, relaciones, etc. El tiempo pasó y la dulce joven, como no tenía mucha habilidad en las artes de la jardinería, cuidaba con mucha paciencia y ternura de su semilla, pues sabía que si la belleza de la flor surgía como su amor, no tendría que preocuparse con el resultado. Pasaron tres meses y nada brotó. La joven intentó todos los métodos que conocía pero nada había nacido.

Día tras día veía más lejos su sueño, pero su amor era más profundo. Por fin, pasaron los seis meses y nada había brotado.

Consciente de su esfuerzo y dedicación la muchacha le comunicó a su madre que sin importar las circunstancias ella regresaría al palacio en la fecha y hora acordadas sólo para estar cerca del príncipe por unos momentos.

En la hora señalada estaba allí, con su vaso vacío. Todas las otras pretendientes tenían una flor, cada una más bella que la otra, de las más variadas formas y colores. Ella estaba admirada. Nunca había visto una escena tan bella. Finalmente, llegó el momento esperado y el príncipe observó a cada una de las pretendientes con mucho cuidado y atención.

Después de pasar por todas, una a una, anunció su resultado. Aquella bella joven con su vaso vacío sería su futura esposa. Todos los presentes tuvieron las más inesperadas reacciones.

Nadie entendía por qué él había escogido justamente a aquella que no había cultivado nada. Entonces, con calma el príncipe explicó:

“Esta fue la única que cultivó la flor que la hizo digna de convertirse en emperatriz: la flor de la honestidad. Todas las semillas que entregué eran estériles”

A veces, obsesionados con los resultados, con los logros, con lo visible, olvidamos cultivar la honestidad, olvidamos lo que nos hace mejores como personas y no mas productivos como una pieza de un puzzle en una empresa….. Incluso, creo que hemos confundido el significado de la palabra Exito.

Lo hemos ligado a unos objetivos económicos o de fama, y si los resultados no son más y más, hacemos todo lo posible, incluso perdiendo la lealtadad hacia nuestros propios valores, traicionando nuestros principios, para obtener unos meros resultados….

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

www.vikimorandeira.tk

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