Cuento: El viajero Sediento

 

 

 

En la vida, nos encontramos con personas sedientas…. personas a quienes solo les interesa su sed. Si te reconoces en este relato, recopilado por Ramiro Calle, en su libro 101 Cuentos Clásicos de la India, no te culpes ni te autocritíques.

 

El ver nuestros defectos es el primer paso para cambiar. Nadie puede reparar un neumático pinchado hasta que se da cuenta que está pinchado, ¿Verdad? Nosotros, somos algo parecido. No podemos “repararnos” hasta que no notamos el fallo. Un neumático pinchado hace que un coche se desvíe ligeramente hacia un lado, ¿alguna vez te ha pasado? Pues en tu vida, si notas que te estás desviando….. mira hacia adentro y puede que sepas de donde viene el problema!

 

 

Lentamente, el sol se había ido ocultando y la noche había caído por completo. Por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa.

 

Varios hombres compartían un departamento y, como quedaban muchas horas para llegar al destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. El tren proseguía su marcha. Transcurrieron los minutos y los viajeros empezaron a conciliar el sueño. Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados. De repente, empezó a escucharse una voz que decía:

 

–¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo!

 

Así una y otra vez, insistente y monótonamente. Era uno de los viajeros que no cesaba de quejarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. Ya resultaba tan molesta y repetitiva su queja, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. El hombre sediento bebió con avidez el agua. Todos se echaron de nuevo. Otra vez se apagó la luz. Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. Transcurrieron unos minutos. Y, de repente, la misma voz de antes comenzó a decir:

 

–¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!

 

Este mismo cuento, lo conozco en su versión árabe. Donde no van en un tren, sino en una carabana de mercaderes a lomos de sus camellos. La tradición oral es algo fantástico, que no debe perderse.

 

*El Maestro dice: La mente siempre tiene problemas. Cuando no tiene problemas reales, fabrica problemas imaginarios y ficticios, teniendo incluso que buscar soluciones imaginarias y ficticias.

Si te reconoces como el viajero sediento, estupendo!! El primer paso para mejorar en algo es reconocer que hay algo que podemos mejorar. Quejarse no suele ser beneficioso, ocuparse de eso que nos incomoda, si. Y si te ha tocado en este viaje algún compañero como el viajero sediento, quizás sea bueno que aprendas a evitar que su negatividad drene tu energía y te deje sin fuerzas… Las personas tóxicas no saben que lo son. Pero sí tú si lo has notado, seguir sin hacer nada puede ser también negativo para ti.

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

 

CUENTO: El profesor de Aviación y la Tormenta (Jorge Bucay)

Me gustaría compartir con ustedes este cuento de Jorge Bucay, para aquellos que siempre encuentran tormentas delante suyo.

 

Un profesor de aviación lleva a un alumno a aprender a pilotear. Están en el avión y el profesor le dice:

Supongamos que estás piloteando el avión, viene una tormenta y arranca un motor, ¿qué harías?

Sigo con el otro motor –le responde el alumno.

Muy bien –dice el profesor-, pero si viene otra tormenta y te arranca el otro motor, ¿qué harías?

Bueno –dice el alumno – sigo con el tercer motor.

Claro –dice el profesor-, pero viene otra tormenta y te arranca el tercer motor, ¿qué harías?

Bueno –dice el alumno – sigo con el cuarto motor.

Pero viene otra tormenta y te arranca el cuarto motor, ¿qué harías?

Sigo con el quinto. Entonces el profesor le dice:

Decime, ¿de dónde sacás tantos motores? Y el alumno responde:

Y Usted, ¿de dónde saca tantas tormentas?

cuentos con inteligencia emocional

Cuento: Crecer como un Arbol

Comparto con ustedes, uno de los cuentos de mi libro A ti te Cuento, que pueden ver en este enlace y pedirlo tanto en papel como en ebook. 

Aquí va, espero que les guste!

 

 

 

Para mí, no hay mayor placer que dormir una siesta,

sobre el cesped y bajo un árbol. Les dejo un cuento

de mi autoría, para entender a los árboles y aprender

de ellos…


Un día, caminando para buscar un árbol que me cobijara, encontré dos

que estaban juntos. Uno era pequeño y parecía un poco enfermo, eran

de la misma especie y no me preguntes porque lo se, pero tuve la

sensación que habían sido plantados el mismo día. El otro, era mas

frondoso y parecía tener mas que compartir, los toque a los dos y

finalmente me recosté a la sombra del mayor.


En unos minutos, comencé a escuchar unas quejas…


Siempre igual..

Cada día tengo que aguantar el mismo desprecio…

La gente es muy egoísta, solo buscan su comodidad…

El constante sonido quejumbroso ceso de pronto, cuando se escucho

otro sonido, mas profundo, calmo y relajante.


Era algo así como ..

Eres hermoso, igual que yo, porque venimos de la misma semilla. Si tu

quisieras tendrías a mas gente cobijada bajo tu sombra.

 

Si, pero la culpa es tuya. Si tu no estuvieras ahí, me elegirían a

mi, eso ya lo se.


Mientras no te hagas responsable de ti mismo, encontraras siempre a

quien culpar por tu falta de decisión y por no llegar tan alto como

puedes llegar.

 

Claro, pero de todos modos es tu culpa, tienes raíces mas grandes y

consigues mas agua y nutrientes que yo…

 

Y cambiando el tono, de quejumbroso a ligeramente humilde pregunto

Dime, como lo has hecho?

 

Cuando nuestras semillas viajaban juntas por el aire y caímos juntos

en esta ladera, comprendí que tenía una responsabilidad , para llegar

a sobrevivir debía buscar agua, formar raíces y asentarme. Luego, una

vez conseguido esto, no me conforme con ser responsable y descubrí que

tenia una misión… Crecer y crecer hasta donde da mi potencial. Por

eso, mi tarea diaria es estirar un pocos mas mis raíces, buscar nuevas

aguas, alimentarme mejor… Y así , cuanto la gente agradece mi

esfuerzo sentandose a mi sombra, vuelvo a aprender cada día que estoy

aqui por esa misión, y con renovadas fuerzas y alegría, agradecido,

vuelvo a estirar mis raíces un poco mas allá, mas profundo,

experimentando nuevas aguas que me ayudan a seguir creciendo,,, así lo

hago.

 

Como lo has hecho tu?

Yo cuando caímos aquí, vi que la tierra era fértil, que cada tanto

caía algo de lluvia y eso me proporcionaba alimento. Te veía a ti

esforzarte, estirarte para llegar mas lejos, y te tache de ambicioso.

En cambio, yo me quede recogiendo cómodamente el agua que llegaba a

mis raíces. Como cada tanto llegaba. No necesite esforzarme.

Ahora, ya mis raíces se han endurecido y atrofiado y por mas que lo

intento no crecen como las tuyas.

 

Si dejaras de mirarme, y aprendieras que triunfar es superarse a

uno mismo y no ganar a los demás, creeme, llegarías mas lejos.

 

Una brisa suave y húmeda me despertó. Había dormido plácidamente

hasta que una lluvia de primavera estaba dando su primer aviso..,

 

Pasados unos años, volví a esa pradera, y me asombro ver dos árboles

casi iguales, bellos, con sombra y estupendo aspecto. Al sentarme

apoyado junto al tronco del que era ligeramente pequeño, recordé un

sueno que tuve una vez sobre dos arboles

 

Y al recordar aquel sueño, me dije a mi misma… Que tontería

de sueño!!!

Los arboles siempre crecen hasta el máximo de su potencial, solo los

hombres nos conformamos y acomodamos para luego quejarnos y culpar a

los demás de nuestro destino…

 

Me recosté y volví a echarme la siesta.

 

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

Cuento: El circulo del odio

Un cuento para recordar cuando te encuentras dentro del círculo, y para que recuerdes que tú decides cuando quieres salir de él.

Un importante empresario, estaba enojado y regañó al director de uno de sus negocios. El director llegó a su casa y gritó a su esposa, acusándola de que estaba gastando demasiado porque había un abundante almuerzo.

La señora, gritó a la empleada, que luego de la regañina, rompió un plato y dió una patada al perro porque la hizo tropezar.

El animal salió corriendo y mordió a una señora que pasaba por allí. Cuando ella fue a la farmacia, para hacerse una curación, le gritó al farmacéutico porque le dolió la aplicación de la vacuna. Este hombre, llegó a su casa y le gritó a su  madre, porque la comida no era de su agrado.

La señora, manantial de amor y perdón, le acarició la cabeza mientras le retiraba el plato y le decía:

“Hijo querido, te prometo que mañana haré tu comida favorita. Trabajas mucho, estás cansado y hoy precisas una buena noche de sueño. Voy a cambiar las sábanas de tu cama por otras bien limpias y perfumdadas, para que puedas descansar bien. Mañana te sentirás mejor”

Lo besó y abandonó la habitación, dejándolo solo con sus pensamientos. En ese momento, se interrumpió el círculo del odio, al chocar con la paciencia, la aceptación, la dulzura, el perdón y el amor.  

Porque tú siempre puedes decidir terminar una discusión, porque no importa el tamaño de la ofensa, hace más daño continuar la pelea. Somos nosotros quien podemos dar el primer paso, para que el círculo del odio se apague, para que la llama de la ira se extinga. Aceptando que el otro puede tener un mal día y que su actitud no es algo personal contra nosotros. 

 En el taller online de Inteligencia Emocional para la acción, trabajamos una semana entera en la correcta gestión de la ira. Tu cambias tu actitud y el mundo cambia a tu alrededor. 

Si quieres aprender Inteligencia Emocional, consúltame.

En nuestras relaciones personales muchisimas veces no somos conscientes de seguir alimentando el círculo del odio. Cuando escuchamos al otro desde nuestra necesidad de que nos comprenda y no actúe con ira, sentimos dolor y eso sigue alimentando nuestra necesidad de defendernos, de atacar, o de expresar esa ira con otras personas. En cambio si buscamos comprender por qué se siente así, si escuchamos sus palabras para comprender qué nos están diciendo de ellos mismos, en lugar de personalizar su ataque, podremos calmarnos, actuar con inteligencia emocional, con empatía y así evitar que el círculo del odio siga creciendo y nos tenga a los dos dentro.

No importa lo que hagan los demás. Si tu cambias, ellos cambiarán para adaptarse. Si tu actúas con serenidad, día tras día, pronto verás los resultados.

Recuerda, dos no discuten si uno no quiere. Puede que la persona con la que estás discutiendo internamente tampoco quiera discutir, pero no sabe como controlar sus emociones, no sabe como gestionar su frustración, su ansiedad, su rabia… aún así, tu puedes ayudar a que la situación no se convierta en un conflicto si permaneces en calma, si te alejas de sus expresiones de ira y no las asumes como un ataque personal hacia ti.

Piensa: Lo que los demás hacen o dicen nos habla de ellos. Busca entender ese lenguaje que no se te está expresando con palabras. Con paciencia y dándole y dándote el tiempo necesario, mejoraran ambos en comunicación efectiva, en comunicación emocional. Recuerda, el primer paso  para comunicarse es comprender. Si personalizamos, no estamos comprendiendo al otro.

Tanto en el taller de Comunicación Asertiva, como en el taller de Inteligencia Emocional podemos trabajar estos aspectos tan importantes para ser más felices con las personas que más queremos. Mejorar nuestra inteligencia emocional y nuestra asertividad tiene como beneficio ser personas mucho más felices. Si realmente quieres dejar de quejarte de los demás y ser más feliz, ya lo sabes. Asume tu parte de responsabilidad, aprende, mejora. Los demás lo harán a su ritmo.

 

Viki Morandeira

 

Cuento: El Poder de tus Acciones

A veces, subestimamos la importancia de nuestras acciones con los demás. Una palabra a alguien que sufre, un abrazo a un ser querido, una llamada o un mensaje le alegran la vida a quienes más queremos. Y muchas veces, también tocamos las vidas de quienes apenas conocemos…. les dejo este precioso cuento.

EL PODER DE TUS ACCIONES

Un día, cuando era estudiante de secundaria, vi a un compañero de mi clase caminando de regreso a su casa. Se llamaba Kyle. Iba cargando todos sus libros y pensé: “¿Por que se estará llevando a su casa todos los libros el viernes? Debe ser uno de esos que solo estudia y no se divierte. Yo ya tenía planes para todo el fin de semana. Fiestas y un partido de fútbol con mis amigos el sábado por la tarde, así que me encogí de hombros y seguí mi camino.

Mientras caminaba, vi a un montón de chicos corriendo hacia él. Cuando lo alcanzaron le tiraron todos sus libros y le hicieron una zancadilla que lo tiró al suelo. Vi que sus gafas volaron y cayeron al suelo como a tres metros de él. Miró hacia arriba y pude ver una tremenda tristeza en sus ojos. Mi corazón se estremeció, así que corrí hacia él mientras gateaba buscando sus gafas. Vi lágrimas en sus ojos.

Le acerqué a sus manos sus gafas y le dije, “esos chicos son unos tarados, no deberían hacer esto”. Me miró y me dijo:
“¡gracias!”. Había una gran sonrisa en su cara; una de esas sonrisas que mostraban verdadera gratitud.

Le ayudé con sus libros. Vivía cerca de mi casa. Le pregunté por qué no lo había visto antes y me contó que se acababa de cambiar de una escuela privada. Yo nunca había conocido a alguien que fuera a una escuela privada.
Caminamos hasta casa. Le ayudé con sus libros; parecía un buen chico. Le pregunté si quería jugar al fútbol el sábado conmigo y mis amigos, y aceptó. Estuvimos juntos todo el fin de semana. Mientras más conocía a Kyle, mejor nos caía, tanto a mí como a mis amigos. Llegó el lunes por la mañana y ahí estaba Kyle con aquella enorme pila de libros de nuevo. Me paré y le dije:
“Hola, vas a sacar buenos músculos si cargas todos esos libros todos los días”. Se rió y me dio la mitad para que le ayudara.

Durante los siguientes cuatro años nos convertimos en los mejores amigos. Cuando ya estábamos por terminar la secundaria, Kyle decidió ir a la Universidad de Georgetown y yo a la de Duke.  Sabía que siempre seríamos amigos, que la distancia no sería un problema. Él estudiaría medicina y yo administración, con una beca de fútbol.

Llegó el gran día de la Graduación. Él preparó el discurso.
Yo estaba feliz de no ser el que tenía que hablar. Kyle se veía realmente bien. Era uno de esas personas que se había encontrado a sí mismo durante la secundaria, había mejorado en todos los aspectos, se veía bien con sus gafas. Tenía más citas con chicas que yo y todas lo adoraban. ¡Caramba! Algunas veces hasta me sentía celoso… Hoy era uno de esos días. Pude ver que él estaba nervioso por el discurso, así que le di una palmadita en la espalda y le dije:
“Vas a estar genial, amigo”. Me miró con una de esas miradas (realmente de agradecimiento) y me sonrió:

“Gracias”, me dijo. Limpió su garganta y comenzó su discurso:

“La Graduación es un buen momento para dar gracias a todos aquéllos que nos han ayudado a través de estos años difíciles: tus padres, tus maestros, tus hermanos, quizá algún entrenador… pero principalmente a tus amigos. Yo estoy aquí para decirles que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podemos dar y recibir y, a este propósito, les voy a contar una historia”.
Yo miraba a mi amigo incrédulo cuando comenzó a contar la historia del primer día que nos conocimos. Aquel fin de semana él tenía planeado suicidarse. Habló de cómo limpió su armario y por qué llevaba todos sus libros con él: para que su madre no tuviera que ir después a recogerlos a la escuela. Me miraba fijamente y me sonreía.

“Afortunadamente fui salvado. Mi amigo me salvó de hacer algo irremediable”.
Yo escuchaba con asombro como este apuesto y popular chico contaba a todos ese momento de debilidad. Sus padres también me miraban y me sonreían con esa misma sonrisa de gratitud. En ese momento me di cuenta de lo profundo de sus palabras:
“Nunca subestimes el poder de tus acciones: con un pequeño gesto, puedes cambiar la vida de otra persona, para bien o para mal. Dios nos pone a cada uno frente a la vida de otros para impactarlos de alguna manera”.
“Los amigos son ángeles que nos llevan en sus brazos cuando nuestras alas tienen problemas para recordar como volar“
No lo olvides nunca …

Hay personas que se dedican a iluminar las vidas de otros con su alegría, y su cariño, y eso a veces vale mucho.

Y lo mejor de todo, es que poder iluminar la vida de otros es algo tan gratificante, algo tan increíblemente enriquecedor que quienes trabajamos para iluminar vidas, nos sentimos realmente agradecidos por poder dedicarnos al coaching.

Viki Morandeia

Tu Coach Personal

Cuento: El poder de las formas

La comunicación interpersonal

Las palabras que decimos, pueden transmitir un mensaje. Pero el 70% de la información que recibimos en una conversación, corresponde al lenguaje corporal, al tono de voz, a los gestos de nuestro interlocutor, a las emociones que siente esa persona en ese momento y desde las cuales nos está hablando.

No solo comunican las palabras, sino que comunican mucho menos que ese otro tipo de lenguaje, que es el que ahora mismo nos perdemos a diario… enganchados en SMS y Whatsapps…

Los emoticones, las caritas con diferentes gestos, son un intento digital de transmitir este lenguaje corporal en nuestros mensajes de texto. Pero aún así, muchas veces puede haber malos entendidos a causa de un simple mensaje.

Tenemos con el whatsapp un serio problema. (bueno, lo tienen quienes usan este tipo de mensajerías instantáneas… y es una fuente de frustración y enfado muy habitual)   El whatssap, sabemos que llega de forma inmediata. Incluso, podemos saber si ha sido leído o no. Tambien nos informa en que momentos se ha conectado esa persona…. Toda esta información, no hace más que ser motivos para sentirnos mal si esperamos que la otra persona responda de manera inmediata.

Nuestra mente dice… ¿si lo ha leído porque no me responde?¿si se ha vuelto a conectar, porque no responde?

No podemos dejar nuestras emociones, y nuestras relaciones personales, en manos de una aplicación de móvil!!! Me gustaría compartir con ustedes un relato, que si bien nos habla de una carta, explica muy bien lo que puede ocurrir cuando solo nos ceñimos a las palabras y no disponemos del lenguaje corporal, gestual y del tono con el que es expresado un mensaje.

 

El poder de las formas

Un joven que se quedó sin dinero durante su viaje de vacaciones, mandó un telegrama a su padre:

‘Papá, mándame más dinero’.

Cuando el padre abrió el telegrama, se puso furioso. Llamó a su esposa y lo leyó en voz alta, en un tono cortante e imperativo:

¡Papá, mándame más dinero!’. Y protestó contra la insolencia de su hijo.

La madre, que quería protegerlo, tomó el telegrama y dijo:

– No lo dice así, querido. Escucha cómo suena.

Y leyó la frase en un tono cariñoso, respetuoso y suplicante.

– Ah, bueno…- respondió el marido -. Si me lo pide de esta manera, de acuerdo.

Le mandaré el dinero.

Muchas  veces, es mas importante como se dicen las cosas, que las cosas que se dicen.

 

Un mismo mensaje, puede ser recibido por los demas de una manera totalmente diferente a lo que uno realmente queria decir. Una queja, creemos que puede servir para que el otro cambie de actitud, pero generalmente, conseguiremos que se defienda, en lugar de comprender nuestra necesidad. Dale mejor forma a tu comunicacion y conseguiras mejores relaciones personales.

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

www.facebook.com/viki.morandeira

 

Cuento: La taza de te

Este cuento nos ayuda a entender nuestros sentimientos y a no personalizar el dolor que podemos sentir cuando alguien con su taza llena no es capaz de comprender que pensemos de manera diferente, o que tengamos creencias, conocimientos, opiniones o verdades que no son iguales a las de ellos. Yo en el pasado era como el profesor. Y sin querer, la manera en que llevaba mi taza llena a todos lados, iba haciendo daño a los demás. Necesité vaciar mi taza y eso no solo me hizo más feliz a mi, sino y lo que es más importante, a las personas con quienes comparto mi vida.

En el taller de Comunicación Asertiva, estaba trabajando el tema de las quejas con una cliente, cuando surgió este frase:

• No puedo soportar que obvien mis comentarios cuando intervengo en el diálogo de la cena, y hagan como si no lo hubieran escuchado

Pude imaginar el dolor de esta persona al no sentirse escuchada, al sentirse menospreciada por su propia familia. Pude comprender una vez más el dolor que yo misma había producido por llevar mi taza llena. Sin duda, su familia no puede escucharle porque llevan sus tazas llenas.

Porque seguramente piensan muy diferente, son muy LÓGICOS y ella ya ha dejado de serlo, porque seguramente ella ha encontrado mundos diferentes, que le apasionan, donde ha aprendido y encontrado espacios maravillosos, llenos de paz y de gente hermosa. Pero ellos aún tienen su taza llena y no cabe nada nuevo en su interior. Para ellos no existen otras realidades que las que ya creen reales. Pueden incluso tomar por tontas a las personas que no tienen su misma lógica, su misma verdad y por eso no le dan importancia a las palabras, a los comentarios de mi cliente. No es su intención lastimarla, ni menospreciarla, pero es el resultado que se obtiene al personalizar sus conductas.

¿Cómo evitar sentirnos mal cuando alguien no entiende nuestro punto de vista?

NO intentes evangelizarlos, no intentes que comprendan. Porque no pueden. Todo lo que ganas es que te vean a ti como una persona ingenua, como alguien que se cree cualquier cosa, como alguien que no es inteligente. Porque algunas personas, cuando son demasiado “lógicas”, cuando “su verdad” es la única posible, menosprecian cualquier otra idea. Cualquier otra posibilidad, cualquier otra cultura, cualquier otra verdad. NO INTENTES QUE TE ENTIENDAN. NO ESTAN PREPARADOS PARA HACERLO.

Y aquí les dejo una reflexión cortita… este hermoso cuento.

Posibilidades

Tienes suerte, cuanto menos sabes de algo, mas posibilidades tienes de aprender.

Una taza de te

Un sabio japones, conocido por la sabiduria de sus doctrinas, recibio la visita de un profesor universitario que habia ido a verlo, para preguntarle sobre su pensamiento.
El profesor universitario tenia fama de ser creido y orgulloso, no prestando nunca atencion a las sugerencias de los demas, creyendose siempre en posesion de la verdad.

El sabio quiso enseñarle algo.Para ello, comenzo por servirle una taza de te. Comenzo echando el te poco a poco. Hasta que la taza se lleno.

El sabio, aparentando no percatarse que la taza estaba ya llena, siguio echando te y mas te, hasta que la taza reboso y el liquido comenzo a manchar el mantel.

El anciano manteina su expresion serena y sonriente.

El profesor de universidad, miro desbordarse el te, tan estupefacto, que no lograba explicarse una distraccion tan contraria a las normas de la buena urbanidad; pero, a un cierto punto, no pudo contenerse y dijo al anciano sabio:

¡Esta llena! ¡Ya no cabe mas!

El sabio, imperturbable y sin inmutarse, le dijo:

Tu tambien estas lleno, de tu cultura, de tus opiniones y conjeturas eruditas y completas, igual que le ocurre a esta taza.

¿Como puedo hablarte de la sabiduria, que solo es comprensible a los animos sencillos, abiertos, si antes no vacias tu taza?

El profesor comprendio la leccion y desde aquel dia se esforzo en escuchar las opiniones de los demas sin despreciar ninguna de ellas.

Cuento japones.

Si lo deseas, puedes escucharla aqui.

Viki Morandeira

Tu Coach Personal

Cuento: El Circulo del 99

Con este cuento quiero ayudarte a descubrir que no necesitas entrar al Círculo del 99, porque terminarás como el del cuento. Para que juntos aprendemos a disfrutar de las cosas pequeñas, de los momentos pequeños, de la grandeza de esos minutos de inmensa felicidad.

Gracias por estar ahí, al otro lado de la pantalla.

Gracias por leerme y si he conseguido que un solo día haya sido para tí mejor gracias a mis palabras, me siento enormemente feliz!!!

La vida tiene una duración determinada, puede parecer larga o corta…. lo importante es evitarnos el sufrimiento innecesario que nuestra propia mente ociosa nos va inoculando!!!!

Ahora, A leer que es un cuento muy bonito!!!!

Si lo prefieres, puedes escucharlo aqui, sino, continúa hacia abajo y lo lees.

Había una vez un rey muy triste que tenía un sirviente, que como todo sirviente de rey triste, era muy feliz. Todas las mañanas llegaba a traer el desayuno y despertaba al rey cantando y tarareando alegres canciones de juglares.

Una sonrisa se dibujaba en su distendida cara y su actitud para con la vida era siempre serena y alegre. Un día el rey lo mandó a llamar. –

Paje- le dijo- ¿cuál es el secreto?

-¿Qué secreto, Majestad?

-¿Cuál es el secreto de tu alegría?

– No hay ningún secreto, Alteza.

– No me mientas, paje. He mandado a cortar cabezas por ofensas menores que una mentira.

– No le miento, Alteza, no guardo ningún secreto.

-¿Por qué estás siempre alegre y feliz? ¿Eh? ¿Por qué?

– Majestad, no tengo razones para estar triste. Su Alteza me honra permitiéndome atenderlo. Tengo mi esposa y mis hijos viviendo en la casa que la Corte nos ha asignado, somos vestidos y alimentados y además su Alteza me premia de vez en cuando con algunas monedas para darnos algunos gustos, ¿cómo no he de estar feliz?

– Si no me dices ya mismo el secreto, te haré decapitar -dijo el rey. Nadie puede ser feliz por esas razones que has dado.

– Pero, Majestad, no hay secreto. Nada me gustaría más que complacerlo, pero no hay nada que yo este ocultando…

-¡Vete, vete antes de que llame al verdugo!

El sirviente sonrió, hizo una reverencia y salió de la habitación. El rey estaba como loco. No conseguía explicarse como el paje estaba feliz viviendo de prestado, usando ropa usada y alimentándose de las sobras de los cortesanos. Cuando se calmó, llamó al más sabio de sus asesores y le contó su conversación de la mañana.

-¿Por qué él es feliz?

– Ah, Majestad, lo que sucede es que el está fuera del círculo.

-¿Fuera del círculo?

– Así es.

-¿Y eso es lo que lo hace feliz?

– No Majestad, eso es lo que no lo hace infeliz.

-A ver si entiendo, estar en el círculo te hace infeliz.

– Así es.

-¿Y cómo salió?

-¡Nunca entró!

-¿Qué círculo es ese?

– El círculo del 99.

– Verdaderamente, no te entiendo nada.

– La única manera para que entendieras, sería mostrártelo en los hechos.

-¿Cómo?

– Haciendo entrar a tu paje en el círculo.

– Eso, obliguémoslo a entrar.

– No, Alteza, nadie puede obligar a nadie a entrar en el círculo.

– Entonces habrá que engañarlo.

– No hace falta, Su Majestad. Si le damos la oportunidad, el entrará solito, solito.

-¿Pero el no se dará cuenta de que eso es su infelicidad?

– Sí se dará cuenta.

– Entonces no entrará.

– No lo podrá evitar.

-¿Dices que él se dará cuenta de la infelicidad que le causará entrar en ese ridículo círculo, y de todos modos entrará en el y no podrá salir?

– Tal cual. Majestad, ¿estás dispuesto a perder un excelente sirviente para poder entender la estructura del círculo?

– Sí

– Bien, esta noche le pasaré a buscar. Debe tener preparada una bolsa de cuero con 99 monedas de oro, ni una más ni una menos. ¡99!

-¿Qué más? ¿Llevo los guardias por si acaso?

– Nada más que la bolsa de cuero. Majestad, hasta la noche.

– Hasta la noche.

Así fue. Esa noche, el sabio pasó a buscar al rey. Juntos se escurrieron hasta los patios del palacio y se ocultaron junto a la casa del paje. Allí esperaron el alba. Cuando dentro de la casa se encendió la primera vela, el hombre sabio agarró la bolsa y le pinchó un papel que decía: “Este tesoro es tuyo. Es el premio por ser un buen hombre. Disfrútalo y no cuentes a nadie como lo encontraste.” Luego ató la bolsa con el papel en la puerta del sirviente, golpeo y volvió a esconderse.

Cuando el paje salió, el sabio y el rey espiaban desde atrás de unas plantas lo que sucedía. El sirviente vio la bolsa, leyó el papel, agitó la bolsa y al escuchar el sonido metálico se estremeció, apretó la bolsa contra el pecho, miró hacia todos lados de la puerta, y se arrimaron a la ventana para ver la escena.

El sirviente había tirado todo lo que había sobre la mesa y dejado solo la vela. Se había sentado y había vaciado el contenido en la mesa. Sus ojos no podían creer lo que veían. ¡Era una montaña de monedas de oro!

Él, que nunca había tocado una de estas monedas, tenía hoy una montaña de ellas para él. El paje las tocaba y amontonaba, las acariciaba y hacia brillar la luz de a vela sobre ellas. Las juntaba y desparramaba, hacía pilas de monedas. Así, jugando y jugando empezó a hacer pilas de 10 monedas. Una pila de diez, dos pilas de diez, tres pilas, cuatro, cinco, seis…y mientras sumaba 10, 20, 30, 40, 50, 60…. hasta que formó la última pila: 9 monedas !!!

Su mirada recorrió la mesa primero, buscando una moneda más. Luego el piso y finalmente la bolsa. “No puede ser”, pensó. Puso la última pila al lado de las otras y confirmó que era más baja.

¡Me robaron -gritó- me robaron, malditos!! Una vez más buscó en la mesa, en el piso, en la bolsa, en sus ropas, vació sus bolsillos, corrió los muebles, pero no encontró lo que buscaba. Sobre la mesa, como burlándose de él, una montañita resplandeciente le recordaba que había 99 monedas de oro “sólo 99″. “99 monedas, es mucho dinero”, pensó. Pero me falta una moneda. Noventa y nueve no es un número completo -pensaba- cien es un número completo pero noventa y nueve, no.

El rey y su asesor miraban por la ventana. La cara del paje ya no era la misma, estaba con el ceño fruncido y los rasgos tiesos, los ojos se habían vuelto pequeños y arrugados y la boca mostraba un horrible gesto, por el que se asomaban los dientes. El sirviente guardó las monedas en la bolsa y mirando para todos lados para ver si alguien de la casa lo veía, escondió la bolsa entre la leña. Luego tomó papel y pluma y se sentó a hacer cálculos.

¿Cuánto tiempo tendría que ahorrar el sirviente para comprar su moneda número cien? Todo el tiempo hablaba solo, en voz alta. Estaba dispuesto a trabajar duro hasta conseguirla. Después quizás no necesitara trabajar más. Con cien monedas de oro, un hombre puede dejar de trabajar. Con cien monedas de oro un hombre es rico. Con cien monedas se puede vivir tranquilo.

Sacó el cálculo. Si trabajaba y ahorraba su salario y algún dinero extra que recibía, en once o doce años juntaría lo necesario. “Doce años es mucho tiempo”, pensó. Quizás pudiera pedirle a su esposa que buscara trabajo en el pueblo por un tiempo. Y él mismo, después de todo, él terminaba su tarea en palacio a las cinco de la tarde, podría trabajar hasta la noche y recibir alguna paga extra por ello.

Sacó las cuentas: sumando su trabajo en el pueblo y el de su esposa, en siete años reuniría el dinero. ¡Era demasiado tiempo!!! Quizás pudiera llevar al pueblo lo que quedaba de comidas todas las noches y venderlo por unas monedas. De hecho, cuanto menos comieran, más comida habría para vender… Vender… Vender… Estaba haciendo calor. ¿Para qué tanta ropa de invierno? ¿Para qué más de un par de zapatos? Era un sacrificio, pero en cuatro años de sacrificios llegaría a su moneda cien.

El rey y el sabio, volvieron al palacio. El paje había entrado en el círculo del 99…

Durante los siguientes meses, el sirviente siguió sus planes tal como se le ocurrieron aquella noche. Una mañana, el paje entró a la alcoba real golpeando las puertas, refunfuñando de pocas pulgas.

-¿Qué te pasa?- preguntó el rey de buen modo.

– Nada me pasa, nada me pasa.

– Antes, no hace mucho, reías y cantabas todo el tiempo.

– Hago mi trabajo, ¿no? ¿Qué querría su Alteza, que fuera su bufón y su juglar también?

No pasó mucho tiempo antes de que el rey despidiera al sirviente por no mandarlo a decapitar . No era agradable tener un paje que estuviera siempre de tan mal humor.

Autor : anonimo , extraido de internet

¿Eres de esas personas que pasan su vida buscando la felicidad absoluta? ¿Te desvives por buscar la moneda que complete las 100, sin disfrutar las 99 restantes? ¿Crees en la felicidad de los cuentos de Disney? Olvidate de buscar, la felicidad absoluta no existe. No se puede ser absolutamente feliz. Se puede disfrutar de momentos de felicidad, momentos que muchas veces no disfrutamos al creer que la felicidad nos la puede dar el dinero , lo material u otro ser humano, por pensar que nos falta llegar a 100.  

En la vida todos pasamos por enfermedades, muertes de seres queridos, separaciones, problemas empresariales, financieros…. y puede que creamos que la felicidad no existe. Pero piensa: Si la felicidad se compone de momentos , las cosas malas que nos pasan también solo duraran momentos ,momentos que cuanto más tiempo los dejemos anidar en nuestra mente, nos alejaran de disfrutar de la alegría de vivir cada día. Da gracias hoy por tus 99!!!!  

Viki Morandeira
Tu Coach Personal

Cuento: La fábrica de jabón

Este cuento, que no recuerdo de quien es, es un buen ejemplo para saber cómo funciona el coaching. Y no solo el coaching, sino tantas otras cosas de las que creemos que no funcionan (dietas, ejercicios, aprendizajes) y solo es que no lo hemos usado…..

Un coach iba caminando por los pasillos de una empresa que fabricaba jabones cuando se encontró con el gerente.

Mientras hablaban, el gerente dijo:

-“La metodología del coaching no puede ser muy buena, porque todavía hay mucha gente en la empresa que sigue haciendo lo mismo que antes.”

El coach miró por la ventana y vio un niño cerca,  jugando con barro. El niño estaba manchado de barro de pies a cabeza.

El coach le dijo:

-“Su jabón no puede ser muy bueno, porque todavía hay muchos niños sucios en el mundo.”

El gerente respondió:

-“Bueno, solamente limpia cuando una persona lo usa.”

-“¡Exactamente! Igual pasa con el coaching.

Para reflexionar. Todo lo que intento transmitir, solo funcionará si lo usas, si lo pones en práctica…. sino…. seguirás como el niño del cuento… En un proceso de coaching, se consiguen grandes cambios. Internos, que luego, darán paso a esos cambios externos. A veces, el proceso acaba, y aún no se han producido esos cambios. Pero la semilla ha sido plantada.  Hoy, después de casi un año, me ha escrito una clienta, que realizó el taller de Inteligencia Emocional para la Acción, dándome las gracias porque luego de  más de un año de acabo del taller, ahora, se había dado cuenta de muchas de las cosas que habíamos trabajado juntas. Me sentí muy orgullosa de ella, porque no se rindió, no se quejó de que no funcionara. Siguió usando el jabón, hasta que finalmente, consiguió el resultado que buscaba.

Tu también puedes mejorar tu vida, no te rindas. Aplica todo lo que aprendes y verás los cambios y las mejoras en tu día a día.

Viki Morandeira

Tu Coach Personal