No te revuelques en el fango

como superar al tristezaMe siento triste. ¿Hay días en los que piensas eso? Si es así, te invito a seguir leyendo.

La vida tiene altos y bajos, momentos buenos y otros que no lo son tanto. Hay momentos en los que necesitamos saber como superar la tristeza que nos invade, que se hace pasajera de nuestra vida, que nos acompaña allá donde vamos.

¿Cuántas veces en la vida, nos quedamos quejándonos y quejándonos por lo mal que estamos? ¿Recuerdas la última vez que te quejaste de algo? ¿Fue hace tiempo, la semana pasada o fue hoy mismo? ¿Y qué hiciste luego de quejarte, para cambiar aquello que provocó tu queja?

Muchas veces, no somos conscientes que quejarnos es una actividad inútil. Tan inútil como querer juntar agua con un colador. Tan inútil como meterse en un charco de barro y quejarse por haberse ensuciado. Si, así le pasaba a nuestro cerdito del siguiente cuento.

El cerdito, todas las mañanas, se levantaba de su sitio en el cobertizo donde dormía con los otros animales de la granja, y luego de desperezarse un par de veces, se iba, caminando, pesadamente y entre quejas, hasta una charca de lodo que había justo al lado.

Mientras se quejaba, le escuchaba la gallina, que también se levantaba tempranito. Ni bien había cantado el gallo, ¡ya estaba en pie! Y con mucho amor, sacaba a sus pollitos a picotear en la pradera. También la pata, salía toda señorona, con sus patitos detrás. ¡Hoy tocaba nadar en el estanque!

Mientras tanto, el cerdo, revolcándose en su charca de barro, les miraba y se quejaba. Se quejaba y les miraba. Día tras día, la ceremonia matutina era la misma. El cerdo iba a llenarse de barro y a quejarse, la gallina y sus pollitos a buscar lombrices y la pata y sus patitos a chapotear en el agua.

Una tarde, la pata y la gallina, estaba hablando, y al entrar el cerdo, comenzaron a cuchichear. Éste, un poco mosqueado, se dio perfecta cuenta que hablaban de él. (porque como ya sabrás, los cerdos son animales muy inteligentes)

_ ¿Qué es lo yo no puedo escuchar?_ les preguntó.
_Nada dijo la gallina_ que era un poco… gallina.
_Mira cerdo, _ dijo la pata, que era más resuelta que su compañera_ aquí, con la gallina, estamos hablando de ti. Te la pasas el día quejándote. Que si el barro no me gusta, que si el barro me ensucia mucho, que si el barro es un asco, que si el barro se seca y me pica, que si en el barro hay muchas moscas…. ¡Y no se yo cuantas quejas más!
_ ¿Y eso acaso no es verdad?_ respondió el cerdo.
_Si, no estoy diciendo que estar todo el día lleno de barro no sea feo. Lo que comentábamos es que no tienes que estar
ahí si tú no quieres.
_Pero… _ dijo el cerdo… y no pudo decir nada más. Se acordó de la rutina diaria, y recordó ver a la gallina y a la pata, salir del mismo sitio que el. Y se dijo a si mismo. Es cierto, puede ser que esté de barro hasta el cuello…. Pero mañana, en lugar de quejarme, e ir al barro, voy a hacer otra cosa.

Esa noche, todos durmieron tranquilos. De madrugada, el gallo, como un reloj, los despertó con las primeras luces del alba. Y el cerdo, iba a empezar a quejarse, (de echo ya había dicho: El barro es…) Cuando la pata lo mandó callar. El cerdo, sorprendido, recordó la conversación del día anterior.

Cerró la boca, no terminó su frase, y se fue, estirando las patas, hasta el estanque. Allí, se refrescó un poco. Luego, dio un paseo hasta la pradera, y estuvo comiendo violetas silvestres, que estaban buenísimas. Y finalmente, se tumbó a la sombra de un encinar, donde tenía bellotas aquí y allá.

Nuestro amigo cerdo, de vez en cuando, en los días sucesivos, se metió en el barro, pero ya nunca más se quejó.
Porque aprendió que así como el solito se había metido en el lodo, el mismo tenía la capacidad para salir y elegir vivir otra vida.

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El cerdito lleno de barro pertenece al libro  A ti te cuento- Lulu.com Viki Morandeira

¡Mira que listo el Cerdo! ¿Y tú? ¿Te llega ya el barro al cuello? ¿No me digas que sí, y que aún sigues quejándote sin hacer nada? No… ¡te dije que no me lo dijeras! A ver si ahora voy a pensar que eres menos listo que un cerdo.

En la vida, muchas veces tendremos problemas. Pero así mismo como entramos en ellos, podemos elegir salir. Luchar, decidir cambiar, elegir otras opciones, otras praderas y otros estanques en lugar del lodazal. Nadie puede hacerlo por ti. Tu tristeza es tuya. Tus quejas, también lo son. Y es tu responsabilidad cambiar las quejas por acciones para resolver eso que te molesta. Y por supuesto, si crees que solo no puedes, nunca está de más pedir ayuda.

Hay momentos en la vida en los que la resiliencia es vital. Si no has leído mucho sobre qué es la resiliencia, te invito a seguir leyendo los siguientes artículos.

¿Qué es la resiliencia?

¿Cómo incorporar la resiliencia a nuestra vida? 

Los 9 pilares de la resiliencia

Diálogo interior para tener resiliencia

Resiliencia: A un paso de la Felicidad

Y recuerda, pedir ayuda es de sabios. Si la tristeza te invaden, si no puedes levantar cabeza, si te cuesta perdonar y olvidar esas situaciones de tu pasado que te han dolido tanto, no elijas revolcarte en el barro. Elijo retomar las riendas de tu vida, elije la sanación emocional, elije ser una persona resiliente. Podemos hacerlo. El tiempo a veces no cura las heridas, sino limpiarlas, comprenderlas y sanarlas.

Viki Morandeira

Coach Ontológico.

Caracteristicas de la Resiliencia

Cuando la vida nos enfrenta a situaciones duras y a pesar de ello buscamos fuerzas y sacamos recursos de donde ni imaginábamos que los teníresiliencia. amos…. hemos obrado con resiliencia. En los momentos más difíciles de nuestra vida el dolor puede ser por momentos insoportable. La depresión, la desolación, el desear “apagar” nuestra mente para escapar de nuestros problemas puede convertirse en una losa que nos aplasta.

Nadie está exento de tener un revés en la vida, de sufrir un accidente, una enfermedad inesperada, o enfrentarse al dolor de los seres queridos. Durante los momentos de dolor, todo es tan intenso y parece que durará para siempre que olvidamos incluso que ya hemos pasado por duros trances con anterioridad y que luego volvimos a sonreír. Ser resiliente es recordarnos a nosotros mismos que por muy oscuro que esté el cielo…. después de la más grande de las tormentas siempre sale el sol.

Incorporar a nuestra vida la resiliencia es en estos momentos imprescindible y podemos aprender como desarrollar una personalidad resiliente

Características de la resiliencia

  • No te aísles

Ante las dificultades de la vida, algunas personas pueden aislarse, encerrarse en sus problemas para rumiarlos, alimentarlos con ideas cada vez más negativas, llegando a creer que este problema no tiene solución. En nuestra pareja, nuestros amigos o familiares tendremos una oreja, un hombro, una mano… Contar con el apoyo de personas que pueden ayudarnos a ver una salida a nuestro dolor es importante. Siempre podemos pedir ayuda y encontrarla. La persona resiliente busca ayuda, no se aísla.

  • Puedes superarlo

Dejar de etiquetar tu situación como terrible, insuperable, catastrófica es imprescindible para encontrar la manera de superarlo. Aunque no podamos cambiar algunos de los momentos vividos, aunque no podamos volver al pasado, siempre podemos buscar una salida si nos esforzamos en que nuestra actitud sea positiva. La persona resiliente es optimista frente a su futuro.

  • Los cambios son una constante

Los cambios producen ansiedad, miedo. Estamos acostumbrados a una manera de vivir, a una persona, a un trabajo, y esa manera de vivir se ha convertido en un todo del que no podemos separarnos. Los cambios, crisis, pérdidas, despidos, son situaciones que se escapan de nuestro control y cuanto menos nos resistamos a estos cambios antes podremos aceptarlos y emprender el ascenso. Si dejamos de darle nuestro tiempo a lo que no podemos cambiar podemos utilizarlo en profundizar en todo lo que SI podemos mejorar. La persona resiliente acepta las situaciones que le tocan vivir en lugar de resistirse a ello.

  • Pasos de bebé.

Una vez que la vida nos ha sacudido, es importante no permanecer paralizados. El dolor puede pesar mucho y nos resulta difícil movernos, pero fijarnos pequeñas metas, dar pasos de bebé es la manera de incorporar la resiliencia a nuestra vida para lograr que a pesar de nuestros problemas, salgamos fortalecidos. No te quedes en el lugar de la víctima, muévete hacia el lugar del protagonista. Cada uno de nosotros es el protagonista de su vida. La característica de la persona resiliente de dar pequeños pasos le ayuda a salir de la situación de dolor y desamparo con mayor facilidad. Tener miedo no evita que mueras

  • Los problemas no desaparecerán.

Por mucho que intentemos mirar hacia otro lado, aquello que nos resulta incómodo, doloroso, no desaparecerá. Meter la cabeza bajo tierra tampoco funciona. Evitar enfrentar los problemas puede ser incluso peor. Enfrentarlos con decisión, antes que las cosas empeoren nos ayudará a sentirnos en posesión del control de nuestras vidas. Una persona resiliente asume su responsabilidad de resolver las situaciones que le han tocado vivir y de mantener una estabilidad emocional a pesar del dolor vivido.

  • Crece en la adversidad.

Aquella frase que seguramente oímos de pequeños, es en un momento adverso, una motivación para levantarnos y luchar. Lo que no te mata te hace más fuerte. Y precisamente enfrentando a las situaciones que te generan frustración, incomodidad, desconsuelo, encontrarás dentro de ti esa fortaleza que hará que te demuestres a ti mismo lo fuerte que puedes llegar a ser. Esta es una de las características más importantes de la resiliencia, poder crecer en la adversidad.

Hay dos tipos de dolor, el que te lastima y el que te cambia.

Una persona resiliente no se queda en el lugar de víctima, no acepta que el doler le lastime, abraza el dolor que produce cambios importantes en su interior y lo usa para crecer.

  • Olvídate del “no puedo”

La resiliencia es algo que podemos aprender, que se puede incorporar a cualquier edad, y para ello es necesario asumir que nadie puede hacer este aprendizaje por nosotros, así como la única persona capaz de superar lo que nos tocó vivir somos nosotros mismos. Deja de repetirte en tu mente que esto es terrible, que no puedes lograrlo, que no podrás salir adelante. Confía en ti. Seguramente has superado otras situaciones y otros retos con anterioridad. Mira hacia atrás y recuerda que SI PUDISTE, SIGUES PUDIENDO. Así que borra de tu mente el “no puedo“, en su lugar, prueba decirte: “aun no he dado el paso adecuado”. Esto te ayuda a ver más posibilidades. La persona resiliente asume que puede recuperar la felicidad, la estabilidad, la paz, a pesar de lo vivido en el pasado.

  • El catastrofismo no sirve

Por muy grande que sea tu dolor hoy, intenta separarte de él, tomar distancia y mirar “el cuadro” desde una perspectiva diferente. Todo pasa, los momentos felices pasan, los momentos amargos pasan, los momentos aburridos pasan, la vida sigue pasando y esto también pasará.

La persona resiliente ve las cosas como son y no peor de lo que son.

  • Céntrate en lo que aún está por llegar

Y no en lo que no tienes, has perdido o ya no está. Nuestra vida es como una película y en la inmensa mayoría de las películas (y de las vidas) siempre hay un final feliz. ¿Recuerdas los partidos de fútbol por el resultado que llevaban a mitad del encuentro? NO. Los partidos son recordados por el resultado final. Por eso, tu vida tiene esa misma secuencia. Las cosas no cuentan por cómo son ahora, sino por cómo terminan. Tu actitud positiva y enfocarte en todo lo que puedes hacer y en todo lo que aún llegará a tu vida es el combustible que te pondrá en marcha. La personalidad resiliente se caracteriza por poner su atención, su foco en un futuro hacia el que mira con optimismo, en lugar de quedarse anclada en el pasado.

  • Jamás te olvides de ti.

A veces, lo que nos hace sufrir no son nuestros propios problemas sino los que viven las personas que amamos. Un hijo, nuestra pareja, una hermana… NO es fácil evitar el sufrimiento cuando aquellos que nos importan están pasándolo mal. Sin embargo es necesario cuidar de ti. Preocuparte por tu salud. Si los problemas de los demás te están pasando factura, si enfermas y no sabes porqué…. quizás necesites tomar distancia por algunos momentos de las situaciones difíciles propias y ajenas, para recordarte a ti mismo que TU SALUD ES LO PRIMERO. Cuando mi esposo y yo atravesamos una durísima crisis matrimonial que a punto estuvo de separarnos, las palabras de mis abuelas retumbaban en mis oídos. No hay que hacerse mala sangre….. Enfermamos de dolor. Enfermamos cuando nos dejamos hundir, aplastar por las situaciones adversas. Enfermamos justo cuando más saludables necesitamos estar para poder luchar con todas nuestras fuerzas.

Busca que ser una persona resiliente. Trabaja para incluso salir fortalecido después de los retos que la vida te llame a enfrentar.

 

Viki Morandeira

Coach Ontológico

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