Cuento: El vendedor de “hot dogs”.

cuando soplan vientos de cambio unos construyen muros, Otros molinos

El miedo y una visión pesimista pueden hacer que nuestra realidad cambie. Cuando tenemos miedo, cuando creemos que la situación es mala, que podemos evitar correr riesgos, nos replegamos, tomamos decisiones para protegernos. Dudamos y perdemos la confianza en el momento en el que nos fiamos de opiniones en lugar de guiarnos por realidades.

A veces, nosotros no tenemos motivos reales, comprobados, para tomar esas decisiones, y sin embargo, hacemos cambios y decidimos consiguiendo un perjuicio para nosotros mismos. Con la idea de proteger o mantener una determinada situación, por miedo a la posibilidad de que la realidad empeore, a veces, nuestras decisiones, pueden encaminarnos a que aquel resultado negativo que imaginábamos finalmente sí se haga realidad.

¿Te parece si lo “hablamos” con un cuento? Este cuento, según donde lo he visto publicado, varía y el género que ofrecía el vendedor era diferente. En algunos blogs el dueño del puestito callejero vendía albóndigas de pan, en otro, con pan, en otro blog, vendía empanadas. No he podido encontrar el que yo leí por primera vez, en cuyo relato  vendía salchichas, pero intentaré reescribirlo.

Cuento: El vendedor de Hot Dogs

Junto a una carretera, con gran afluencia de público, por ser paso obligado para muchos destinos diferente, había un vendedor que tenía un puesto de comida. Desde hacía años, cada día, atendía este puesto, donde ofrecía los mejores hot-dogs de la ciudad. Le iba tan bien que con lo que ganaba en ese humilde puesto callejero, había podido enviar a su hijo a la universidad, a la gran ciudad.

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El vendedor de hot dogs siempre se había preocupado en ofrecer la mejor calidad. Había investigado mucho hasta dar con las salchichas y el pan apropiados. Y una vez que los encontró, siempre había acudido a la misma fábrica. Los transeúntes compraban sus bocadillos tanto para desayunar, como en la hora del almuerzo o ya al atardecer, antes de volver a sus casas. Su negocio prosperaba y estaba feliz por haber podido enviar a su hijo a una de las mejores universidades del país.

Un buen día, el muchacho acabó sus estudios y de la ciudad, regresó a su pueblo para ver a su familia. Recién llegado, conversando con su padre, le dijo:

-Papá, ¿no escuchas la radio, ni la tv, ni lees los periódicos?

A lo que el padre respondió que no, que entre ir a hacer las compras, mantener limpio su puesto ambulante y trabajar desde la mañana a la noche vendiendo hot dogs, pocas ganas le quedaban al llegar a casa para ver noticias. Y su hijo continuó diciendo:

-Estamos sufriendo una grave crisis, papá! Una de las peores, la situación es realmente mala, te aseguro que peor no se podría estar!!

El padre, escuchó las palabras de su hijo y pensó:- Mi hijo ha estudiado en la universidad, una de las mejores del país, y lee los diarios, ve televisión y está al tanto de las noticias. De seguro sabe mejor que yo lo que está pasando.

El muchacho, luego de unos días, volvió a la ciudad, donde buscó y encontró trabajo en una gran empresa. Mientras, su padre en el pueblo, pensando en la gran crisis que se avecinaba, comenzó a buscar salchichas más económicas, cambió de panadero y empezó a comprar un pan que era más barato, a fin de prepararse para la crisis.

Sus clientes habituales pronto notaron la diferencia, sus hot dogs ya no eran los mejores de la ciudad, y así, poco a poco, fue perdiendo paulatinamente su clientela. Las ventas fueros disminuyendo día a día.

Pasados unos meses, su hijo regresó un fin de semana para visitar a la familia, y le sorprendió ver a su padre en casa, en lugar de encontrarlo en su puesto de trabajo. Cuando preguntó a su papá que había sucedido con un negocio próspero de dos décadas, su padre le respondió.

-Tenias razón hijo.  Verdaderamente estábamos sufriendo una gran crisis y yo no  lo sabía.

El miedo puede hacer que tomemos decisiones que pueden afectar a nuestros proyectos, nuestros negocios. NO siempre las opiniones de los que se supone más instruidos serán apropiadas para todos. Confía en ti. NO dejes que otros te contagien su miedo.

La calidad, un trabajo bien hecho, son la diferencia entre un proyecto que soporta una crisis y otro que no.  Se fiel a tus principios, las crisis van y vienen, llegan y se van, pero tu prestigio, tu credibilidad, tu éxito, pueden verse afectados por tomar decisiones basadas en el miedo y no en la confianza en ti y en tu proyecto.

Este cuento tiene una moraleja, y es la de mantener el optimismo, no fijarnos solo en el corto plazo, sino analizar la situación a largo plazo, tomar decisiones pensando en todas las posibilidades, no en una sola. Y que es mejor que la gente te busque por tu calidad y no por tu precio, siempre habrá alguien que esté más necesitado y trabaje o venda más barato que tú.

Viki Morandeira

Coaching Ontológico

Fotos: Morguefile

 

Cuento: El viajero Sediento

 

 

 

En la vida, nos encontramos con personas sedientas…. personas a quienes solo les interesa su sed. Si te reconoces en este relato, recopilado por Ramiro Calle, en su libro 101 Cuentos Clásicos de la India, no te culpes ni te autocritíques.

 

El ver nuestros defectos es el primer paso para cambiar. Nadie puede reparar un neumático pinchado hasta que se da cuenta que está pinchado, ¿Verdad? Nosotros, somos algo parecido. No podemos “repararnos” hasta que no notamos el fallo. Un neumático pinchado hace que un coche se desvíe ligeramente hacia un lado, ¿alguna vez te ha pasado? Pues en tu vida, si notas que te estás desviando….. mira hacia adentro y puede que sepas de donde viene el problema!

 

 

Lentamente, el sol se había ido ocultando y la noche había caído por completo. Por la inmensa planicie de la India se deslizaba un tren como una descomunal serpiente quejumbrosa.

 

Varios hombres compartían un departamento y, como quedaban muchas horas para llegar al destino, decidieron apagar la luz y ponerse a dormir. El tren proseguía su marcha. Transcurrieron los minutos y los viajeros empezaron a conciliar el sueño. Llevaban ya un buen número de horas de viaje y estaban muy cansados. De repente, empezó a escucharse una voz que decía:

 

–¡Ay, qué sed tengo! ¡Ay, qué sed tengo!

 

Así una y otra vez, insistente y monótonamente. Era uno de los viajeros que no cesaba de quejarse de su sed, impidiendo dormir al resto de sus compañeros. Ya resultaba tan molesta y repetitiva su queja, que uno de los viajeros se levantó, salió del departamento, fue al lavabo y le trajo un vaso de agua. El hombre sediento bebió con avidez el agua. Todos se echaron de nuevo. Otra vez se apagó la luz. Los viajeros, reconfortados, se dispusieron a dormir. Transcurrieron unos minutos. Y, de repente, la misma voz de antes comenzó a decir:

 

–¡Ay, qué sed tenía, pero qué sed tenía!

 

Este mismo cuento, lo conozco en su versión árabe. Donde no van en un tren, sino en una carabana de mercaderes a lomos de sus camellos. La tradición oral es algo fantástico, que no debe perderse.

 

*El Maestro dice: La mente siempre tiene problemas. Cuando no tiene problemas reales, fabrica problemas imaginarios y ficticios, teniendo incluso que buscar soluciones imaginarias y ficticias.

Si te reconoces como el viajero sediento, estupendo!! El primer paso para mejorar en algo es reconocer que hay algo que podemos mejorar. Quejarse no suele ser beneficioso, ocuparse de eso que nos incomoda, si. Y si te ha tocado en este viaje algún compañero como el viajero sediento, quizás sea bueno que aprendas a evitar que su negatividad drene tu energía y te deje sin fuerzas… Las personas tóxicas no saben que lo son. Pero sí tú si lo has notado, seguir sin hacer nada puede ser también negativo para ti.

Viki Morandeira

Tu Coach Personal