Cuento: El buscador de Jorge Bucay

En este momento la gran mayoría de las personas están inmersas en una búsqueda: Como ser Feliz. En la búsqueda de la felicidad podemos cometer varios errores. A veces, podemos creer que nos falta algo para poder ser felices, podemos pensar que cuando lleguemos a tal punto lograremos la ansiada felicidad. Las personas sufren y se hunden cuando las situaciones de sus vidas no son perfectas…. incluso, ahora, con todo el tiempo que se pasa en interne, algunas personas sufren cuando ven que en las redes sociales los demás parecen ser más felices que ellos….

Es imposible ser feliz siempre si centramos nuestra búsqueda fuera de nosotros, en posesiones materiales o posiciones sociales. Quizás, para disfrutar de la felicidad solo sea necesario dejar de buscarla y aprender a encontrarla dentro nuestro, atesorando esos momentos mágicos y sintiéndonos afortunados por haberlos vivido, en lugar de sentirnos desafortunados porque ya han pasado.

yo quiero felicidad

Les dejo este cuento de Jorge Bucay, El buscador.

Esta es la historia de un hombre al que yo definiría como un buscador…

Un buscador es alguien que busca, no necesariamente alguien que encuentra.

Tampoco es alguien que, necesariamente, sabe qué es lo que está buscando, es simplemente alguien para quien su vida es una búsqueda.

Un día, el buscador sintió que debía ir hacia la ciudad de Kammir. El había aprendido a hacer caso riguroso a estas sensaciones que venían de un lugar desconocido de sí mismo, así que dejó todo y partió.

Después de dos días de marcha por los polvorientos caminos divisó, a lo lejos, Kammir. Un poco antes de llegar al pueblo, una colina, a la derecha del sendero, le llamó mucho la atención. Estaba tapizada de un verde maravilloso y había un montón de árboles, pájaros y flores encantadoras; la rodeaba por completo una especie de valla pequeña de madera lustrada.

… Una portezuela de bronce invitaba a entrar.

De pronto, sintió que olvidaba el pueblo y sucumbió ante la tentación de descansar por un momento en ese lugar.

El buscador traspasó el portal y empezó a caminar lentamente entre las piedras blancas que estaban distribuidas como al azar, entre los árboles.

Dejó que sus ojos se posaran como mariposas en cada detalle de este paraíso multicolor.

Sus ojos eran los de un buscador, y quizás por eso descubrió, sobre una de las piedras, aquella inscripción:

Abdul Tareg, vivió 8 años, 6 meses, 2 semanas y 3 días.

Se sobrecogió un poco al darse cuenta que esa piedra no era simplemente una piedra, era una lápida. Sintió pena al pensar que un niño de tan corta edad estaba enterrado en ese lugar.

Mirando a su alrededor el hombre se dio cuenta que la piedra de al lado también tenía una inscripción. Se acercó a leerla, decía:

Yamir Kalib, vivió 5 años, 8 meses y 3 semanas.

El buscador se sintió terriblemente conmocionado.

Este hermoso lugar era un cementerio y cada piedra, una tumba.

Una por una, empezó a leer las lápidas.

Todas tenían inscripciones similares, un nombre y el tiempo de vida exacto del muerto.

Pero lo que lo conectó con el espanto, fue comprobar que el que más tiempo había vivido sobrepasaba apenas los 11 años…

Embargado por un dolor terrible se sentó y se puso a llorar.

El cuidador del cementerio, pasaba por ahí y se acercó.

Lo miró llorar por un rato, en silencio y luego le preguntó si lloraba por algún familiar.

– No, ningún familiar – dijo el buscador – ¿qué pasa con este pueblo?, ¿qué cosa tan terrible hay en esta ciudad?. ¿por qué tantos niños muertos enterrados en este lugar?, ¿cuál es la horrible maldición que pesa sobre esta gente, que los ha obligado a construir un cementerio de niños?.

El anciano se sonrió y dijo:

– Puede Ud. serenarse. No hay tal maldición. Lo que pasa es que aquí tenemos una vieja costumbre. Le contaré…

Cuando un joven cumple 15 años sus padres le regalan una libreta, como ésta que tengo aquí, colgada al cuello.

Y es tradición entre nosotros que a partir de allí, cada vez que uno disfruta intensamente de algo, abra la libreta y anota en ella:

a la izquierda, qué fue lo disfrutado…

a la derecha, cuánto tiempo duró el gozo.

Conoció a su novia, y se enamoró de ella. ¿Cuánto tiempo duró esa pasión enorme y el placer de conocerla?, ¿una semana?, ¿dos?, ¿tres semanas y media? …

Y después … la emoción del primer beso, el placer maravilloso del primer beso, ¿cuánto duró?, ¿el minuto y medio del beso?, ¿dos días?, ¿una semana? …

  • ¿Y el embarazo o el nacimiento de su primer hijo … ?
  • ¿Y el casamiento de los amigos … ?
  • ¿Y el viaje más deseado … ?
  • ¿Y el encuentro con el hermano que vuelve de un país lejano … ?
  • ¿Cuánto tiempo duró el disfrutar de estas situaciones?…. ¿horas?, ¿días? …

Así vamos anotando en la libreta cada momento que disfrutamos….

Cuando alguien muere, es nuestra costumbre, abrir su libreta y sumar el tiempo de lo disfrutado, para escribirlo sobre su lápida, porque ESE es, para nosotros, el único y verdadero tiempo VIVIDO .

Si te sientes triste, sumido en un estado de infelicidad, mira hacia atrás, toma una libreta, y suma todo el tiempo que has sido feliz. No te olvides de dar las gracias!!! Todo pasa, y este momento duro también pasará.

Viki Morandeira

Coach Ontológico

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