Obligados a ser felices

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¡¡Que tal!! ¡¡Tanto tiempo!!
Cuéntame … ¿Qué es de tu vida,?

¿Te has parado a pensar las diferentes respuestas que das a esta misma pregunta?

¿A cuántas personas puedes abrirle tu corazón y decirle DE VERDAD qué es de tu vida….?

A veces, ocultamos una parte de la realidad para no preocupar al otro.
Otras veces, ocultamos esa parte de “nuestra” realidad de la cual nos avergonzarnos.
En ocasiones ocultamos esa parte de nuestra vida que creemos que no sera bien vista por los demás o que nos llevará a escuchar su opinión, su solución a nuestros problemas, cuando no lo hemos pedido.
Otras veces solo contamos lo bueno, porque si contamos que no nos va bien en algún área de nuestra vida creemos que nos van a etiquetar como perdedores, como fracasados…

¿Cómo decir que el día de los enamorados no hemos hecho nada y que igualmente hemos sido muy felices, cuando todo el mundo se la pasa compartiendo en facebook fotos de cenas, brindis, flores, bombones y regalos de todo tipo?
Aunque tampoco podemos pasarnos de felices!! A la hora de compartir nuestra felicidad incluso nos da miedo decirlo abierta y sinceramente. Tenemos miedo que al mostrar que somos felices, exitosos y que disfrutamos de una buena vida se nos tache de engreídos, arrogantes…

¡¡¡Según quien pregunta tenemos una respuesta!!!

Y no. ¡No es porque seamos mentirosos!

Si lo estamos pasando mal y no lo decimos, justificamos ese ocultamiento diciéndonos que somos personas optimistas. Que no hay que quedarse con lo malo. O que con esa persona no tenemos tanta confianza como para dar demasiada información.

Por lo general, las personas optimistas, son las que más se autocensuran cuando tienen una mala racha. No se sienten a gusto hablando de algo doloroso o negativo en sus vidas, porque creen que decir que tienen un problema es quejarse. Y aunque no lo quieran confesar, las personas que siempre se quejan y que solo hablan de sus problemas les quitan las energías, a modo de vampiros emocionales y no quieren ser vistos como estas personas.

¿Buscamos un punto intermedio?

No seas tan autosuficiente. Si no estás bien, decirlo no es quejarte. Si hoy tienes un problema, confiarlo a tu mejor amigo, a tu hermana, a tu pareja, no te convierte en un quejica. Por decir que hoy la vida te supera, no te conviertes en una víctima permanente de todo lo malo que pueda ocurrir en el universo. Si hoy necesitas decir, Basta, por hoy no puedo más, eso no te convierte en alguien que se rinde!! Escucha a tu cuerpo. Si te pide relajarte, escúchalo!!!

Las personas optimistas, las personas positivas, también sufrimos, también tenemos días malos, también pasamos malas rachas, también podemos quedarnos sin pareja, sin trabajo o cortos de dinero para llegar a fin de mes.

Pero en esta sociedad de culto al éxito, al logro, a la riqueza y a la fama, las personas felices y optimistas, cuando tienen una mala racha, se encierran, se ocultan incluso de si mismas, sin escuchar ni aceptar que a veces es necesario pedir ayuda.

Cuando eres demasiado fuerte, cuando puedes con un problema y luego con otro, y con otro, sin apoyarte en nadie, sin molestar a nadie, sin pedir jamás una mano, un empujoncito, te estás negando a ti mismo la condición de ser humano.

Si, escúchame. Te levantas por la mañana, poniendo buena cara, saludando a todo el mundo con tu mejor sonrisa. Si te preguntan cómo estás, tú siempre estás bien. Total…. ¿para qué preocupar a nadie si tú puedes solucionar esto? Y sigues el día, cumpliendo con todas tus obligaciones, con las prioridades de los demás, a veces, dejándote a ti para el último momento… y si no hay tiempo… pues ya te ocuparás de ti mañana, u otro día, cuando tengas tiempo…

A veces, vas por la vida con la capa de superhéroe puesta. Corriendo, casi volando, de un lado para el otro, para llegar a tiempo al trabajo, al colegio, a la compra, al banco, a las extraescolares de los niños….  Y sigues, conduciendo por tu vida en quinta, como si fueras un fórmula uno, que va a fondo por una recta….

Y a veces, estas personas tan fuertes, que siempre sonríen, que siempre ayudan a los demás a tener mejor ánimo, que van resolviendo problemas todo el día, sin darse un segundo para respirar…. a veces, se quiebran.

Cuando nos obligamos a hacer todo perfectamente, cuando nos obligamos a que todo en nuestra vida sea perfecto, cuando decimos que si a todo, aunque materialmente no nos queden horas para hacerlo, nuestra mente llega a agotarse, a sobrecargarse de tal manera que sin querer nos vamos amargando la vida.

Una persona feliz, optimista, alegre, cuando se ve sobrecargada, empieza a agriar su carácter  y no es consciente que en casa, donde puede quitarse la capa de superhéroe,  no sonríe, no está feliz, ha perdido el brillo de su mirada. Y a veces, esas personas enérgicas, dinámicas, que a pesar de serlo, no llegan a todo porque se han marcado demasiadas prioridades, empiezan a presionar a los que les rodean para ir más rápido.

Es algo peligrosamente habitual, en nosotras las mujeres, el asumir el trabajo de la casa, el trabajo fuera de la casa, los niños, el colegio, la ropa, la comida, la familia, las miles de actividades que tenemos semana a semana… que nos van sobrecargando. Y como somos humanas y no superwomen, tanta presión nos pasa factura, nos sobrepasan las responsabilidades y presionamos a nuestros hijos para que se coman rápido la comida, para que se vistan rápido, para que se laven los dientes rápido y se acuesten rápido porque nosotras ya estamos agotadas  y no podemos más con nuestro cuerpo!!! Y en casa, con todo lo que queda por hacer, vamos montadas en el fórmula uno, con la capa puesta, y nuestro esposo que también está cansado de todo el día trabajando, nos mira y nos dice: Ven, siéntate un ratito a descansar!!

Y ¿sabes? Parece que nos hubiera tirado ácido en lugar de haber mostrado empatía y decirnos que necesitamos descansar!! Cuando vamos con la cabeza a 1000 por hora y nuestra pareja nos dice, siéntate, en lugar de decir: Si, tienes razón, me encanta estar al lado tuyo, sentada, mientras me haces mimos…. lo que le decimos es: Tú no me ayudas, tú podrías lavar los platos. Tú podrías acostar a los niños. Tú podrías hacer algo en lugar de mirar TV!!!

Lamentablemente en estos casos, no nos damos cuenta que nuestro problema no es nuestra pareja que no colabora, sino nosotras que vamos a una velocidad incluso dañina para nuestra relación, para nuestra familia, sin ser conscientes. Perdemos la sonrisa y la felicidad… incluso, podemos llegar a perder nuestra pareja… 

Los otros no son los responsables de nuestra felicidad. Tú y solo tú eres el responsable de tu vida, tanto si estás sintiéndote feliz como si vas abrumado por los problemas. Elige caminar feliz, elige que tu actitud durante este caminar sea la felicidad. Elige hacer menos. Elige dejar los platos sin lavar y siéntate en el sofá a jugar con tus hijos.

Cuando nos damos cuenta que ocultamos nuestras emociones negativas, o que pasamos de ser una persona optimista y feliz a una persona quemada y abrumada por la vida, es hora de pararnos a reflexionar. Es hora de mirar a nuestro alrededor porque probablemente las personas que más cerca están de nosotros están conviviendo con nuestro mal humor, con nuestra frustración, con nuestra desilusión. Probablemente, esa infelicidad que no compartimos en el facebook, ni con los amigos o familiares lejanos, si la están viviendo de primera mano las personas con quienes tenemos las relaciones personales más importantes de nuestra vida.

El primer paso para recuperar la felicidad es bajarnos del fórmula uno, reducir nuestras obligaciones, pero sobre todo, asumir que si nuestras relaciones personales, principalmente la de pareja, no están en su mejor momento, recuperar esa relación ha de ser nuestro objetivo principal. Tener buenas relaciones personales mejora nuestra vida.  Y no me lo estoy inventando yo. En este enlace puedes leer como un estudio científico hecho en la Universidad de Hardvard durante los últimos 75 años ha comprobado cuál es la clave de la felicidad.

http://miguelmier.com/2016/01/04/cual-es-la-clave-de-la-felicidad-75-anos-de-estudio-en-harvard-nos-dan-la-respuesta/

La próxima vez que te des cuenta que a pesar de no estar plenamente feliz, vas diciendo que lo eres, párate, reflexiona, busca analizar en qué ámbitos de tu vida necesitas pedir ayuda, comprueba cómo es tu relación de pareja, tu relación con tus hijos, con tus padres y familiares cercanos. Pero sobre todo, comprueba si estás buscando la felicidad fuera de tu mismo…. Si para ser feliz todo tiene que ser hecho y a la perfección…. lamento decirte que por ahí no vas a llegar nunca a la felicidad.

Retomar las Riendas de nuestra vida es una inversión en nuestro futuro, en el futuro de nuestra relación de pareja, en el futuro de nuestros hijos. Recuperar la paz, el balance, y encontrar dentro de nuestro ser la fuente inagotable de felicidad es algo que podemos hacer. Es algo que tú puedes hacer. NO cuando logres todas tus metas. No cuando todo sea perfecto a tu alrededor… Es algo que puedes poner en práctica desde ahora, retomando las riendas de tu vida, para hacerte un master de la felicidad personal!!

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